La Izquierda Unida que es necesaria (y posible)

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José Antonio García Rubio *

Jose_Antonio_García RubioNo hay un problema de siglas en IU. Es una cuestión de proyecto. Por eso gran parte de la militancia de IU y muchos de sus cuadros se ponen en guardia cuando se habla de cambiar las siglas, aun a riesgo de que se les llame identitarios para descalificarlos. Es el truco de marketing político que se usó hace unos meses, y ya no cuela por mucho que se intente.

Es una cuestión de proyecto político.

En algunos papeles y en ciertas declaraciones puede leerse que Izquierda Unida está superada. ¿Por quién o por qué? Silencio.

Para empezar a resolver el problema hay que comenzar por repensar la realidad, para mejor interpretarla y transformarla. Análisis concreto de la realidad concreta. Después vendrá lo de repensar la izquierda, porque si no es así, estamos en el mero idealismo.

Y la realidad es que IU ha sido (y sigue siendo) la única fuerza política parlamentaria que calificó la crisis como una crisis global del capitalismo, lo que le permitió desarrollar una alternativa también global, multifacética y con un fundamento de clase. IU ha estado en la protesta y en la propuesta; en todas las movilizaciones obreras y sociales y en la lucha en el Parlamento y en los Ayuntamientos. Nuestras alternativas para un nuevo modelo productivo, ampliamente consensuadas con el movimiento obrero y otros sujetos sociales, hacían posible una política de alianzas sobre bases sólidas para transitar las avenidas de un nuevo proyecto de país. Los resultados electorales respondieron favorablemente. Las perspectivas de las encuestas eran muy altas hasta comienzos de 2014. Los resultados de las europeas (mayo de 2014) multiplican por tres en votos y diputados los resultados anteriores, y eso de forma compatible con los resultados exitosos de Podemos. A partir de ahí bajamos en la media de las encuestas a un ritmo aproximado de 1,5 puntos cada dos meses.

Lo que ha cambiado de la realidad

¿Qué ha cambiado en la realidad desde las europeas hasta ahora? En la realidad social y económica poca cosa: se consolida la política de austeridad el PP, con un modelo que genera trabajadores pobres y crecimiento sin empleo. En la alternativa a esa situación, las propuestas de IU siguen siendo válidas y podrían conservar su texto en las iniciativas para la nueva legislatura.

En la realidad política, y más concretamente en el sistema de representación institucional, sí ha habido cambios. Han surgido dos nuevas fuerzas y algunas cadenas de TV se han constituido en plataformas de gestión de la representación ciudadana. Vista la teletienda, vamos a la teledemocracia con muy graves consecuencias para el futuro.

En lo que nos concierne de forma más cercana, Izquierda Unida ha obtenido uno de sus peores resultados en elecciones generales, cierto. Deberíamos hacer un análisis pormenorizado para lo que no es necesario auto fustigarnos, sino encontrar las claves de nuestros errores. Explicarnos y explicarlas.

Uno de ellos, desde mi punto de vista, -y así lo he mantenido en los órganos de dirección- es que el equipo de dirección de la campaña electoral no tenía Plan B ante la negativa de Podemos para llegar a un acuerdo estatal serio y diferente a su propuesta de “empotramiento” de algún dirigente en sus candidaturas. Nos quedamos como los conejos por la noche en las carreteras de mi tierra, desorientados y paralizados, cuando llega un coche con los faros encendidos.

Por otro lado, ha habido una auténtica deconstrucción de la marca 'Izquierda Unida', que ya había empezado antes del surgimiento de Podemos, y que puede seguirse a través delas hemerotecas de todo el país, hasta, como punto más significativo, el célebre “lo peor que le puede pasar a Podemos es parecerse a Izquierda Unida”, en pleno período preelectoral. Es cierto que hubo conflictos y responsabilidades individuales (que no justifican castigos colectivos, impropios de una fuerza democrática), pero se resolvieron siempre de manera sistemática en clave de “deconstrucción de la marca”. SICAV hubo en todas partes y tarjetas “black” también, pero nunca se resolvió en esa clave.

La consigna “ahora o nunca” ha sido una ensoñación sólo útil para la batalla interna, la propuesta de proceso constituyente (sin proyecto constituyente) se ve relegada a lo que puedan hacer dos diputados, y hasta nuestra concepción histórica del Estado federal y solidario está siendo vampirizada por otros. En el fondo ha habido dos grandes errores: confundir la fase, creer que los sectores populares estaban a la ofensiva, cuando lo real era una etapa de resistencia, e ignorar que para una fuerza alternativa al sistema no puede haber avance electoral sin movilización social.

Con todo lo dicho queda clara la necesidad de rehacer el proyecto político de unidad de la izquierda alternativa. Insisto, no es una cuestión de siglas, pero las siglas tienen su importancia. He oído muy poca oposición a la utilización de UP-IU y en lo que me concierne, he hecho campaña activa; me he encargado de los argumentarios en la Comisión Electoral, y con otros responsables - la mayor parte de ellos, desvinculados de IU - hemos hecho actos de apoyo en la campaña y pagado a escote de nuestro bolsillo los gastos que ha generado su organización.

Pero en el tema de las siglas, habrá que tener en cuenta dos cosas, que son evidentes, excepto para quienes proyectan otro camino. Tras las siglas IU hay 30 años de historia, aunque sea con errores - también con aciertos -, el esfuerzo de miles de compañeros y compañeras - algunos de ellos a costa de su vida profesional -, la vinculación de miles de cargos públicos y el respaldo de bastantes centenares de miles de votantes. Yo no me atrevería a cambiarlas sin su acuerdo, en un referéndum, por ejemplo. Desde el punto de vista técnico, todos los expertos saben que no es una buena idea el cambio de marca. Muchos argumentos habría que dar para convencer a un experto en marketing de lo contrario.

Rehacer IU

Por tanto, ¿cómo rehacer el proyecto de IU? No para recuperar un tiempo que no volverá, sino para situarlo a la altura de las necesidades de los trabajadores y la mayoría social de hoy y de mañana.
En primer lugar, tiene que ser un proyecto unitario. Pero de unidad en serio con quienes quieren unirse, y de ello hay ejemplos rigurosos y otros muy débiles. Para hacernos creíbles, la unidad debe gestionarse sin interferencias con la lucha interna. Y la unidad tiene aspectos electorales y otros que no lo son.

El Bloque Político y Social, que decimos querer construir, no tiene sólo una expresión electoral, ni esta es la más importante. Cuando alguien se plantea nuestros picos de sierra en votos u otros reducen la lucha política a obtener mejores resultados electorales (por cierto, ya hubo quienes con la teoría de la casa común usaron la misma argumentación; ahora no sería la casa común de la izquierda sino el cielo común de la ni izquierda ni derecha), hay que insistir en que la izquierda alternativa no podrá tener buenos resultados electorales si no es en un contexto de fuerte movilización social.

Por tanto, esa posición unitaria tiene que ver con una política de proximidad al movimiento obrero y los movimientos sociales que cuestionan el modelo actual (feminismo, ecologismo, laicismo, etc.) y a otras organizaciones profesionales y asociativas. A muchas de ellas les será difícil pedir el voto para una lista electoral, pero les será posible apoyar un programa de gobierno transformador y de progreso. Ese programa de gobierno puede ser el resultado de un acuerdo unitario de mínimos entre fuerzas políticas diferentes, que se base en el respeto recíproco. El embrión está en Cataluña y Galicia –añadiendo los acuerdos programáticos, políticos y organizativos necesarios – y hay experiencia en el respeto mutuo que no es nueva: se puede mirar en el Frente Popular en España o en la Unidad Popular en Chile. Podemos llamarle Programa de Gobierno de Unidad Popular.

También esa posición unitaria debe ser creíble en el interno de la organización. ¿Cómo se puede decir que se quiere sumar porque nos hace más fuertes y, al mismo tiempo, debilitar uno de los sumandos? Cualquier sociedad se hace más fuerte cuanto más fuertes son los socios que la integran, y no al revés. La confluencia de ríos caudalosos produce el Amazonas, si un rio se seca, malo. Algún pontífice de la unidad tendrá que explicar por qué hay que debilitarse para lograrla.

Otro desafío es gestionar bien el pluralismo interno. No lo hemos sabido hacer y creo que ahí está la causa de algunos de nuestros problemas. Habrá que resolverlo estatutariamente y políticamente, y seguramente contribuirá a ello que sin menoscabo de la libertad de cada militante, los partidos y las corrientes sean consultados ante cada decisión importante para que faciliten al colectivo una visión consensuada o, en su defecto, univoca por cada parte.
El funcionamiento ha de ser participativo. No ha habido época que yo recuerde en IU con menos trabajo colectivo que los últimos meses desde las elecciones europeas. Se ha instaurado un modelo de funcionamiento propio del Partido Demócrata estadounidense que tiene poco que ver con nuestra cultura y con los derechos de la afiliación. En este sentido no debe haber ninguna información oculta para la militancia (que, de todas maneras, resulta filtrada finalmente a los medios), ésta debe contribuir cotidianamente a la elaboración política (lo que seguramente daría más vida a las asambleas de base) y debe pronunciarse expresamente, incluido el referéndum, ante cada decisión trascendental. En esta etapa de Asamblea, las decisiones finales deben ser ratificadas en referéndum.
Finalmente, lo crucial. El fundamento de las alternativas de IU ha de seguir siendo la contradicción capital/trabajo que es el palo de pajar de cualquier proyecto alternativo construido con criterio de clase. Eso no quiere decir que el pajar se construya con un solo palo. Puede expresarse con algo muy concreto: ciertamente, hay que paliar las consecuencias negativas de la crisis sobre muchas personas y hay que redistribuir más justamente el excedente social, mediante una adecuada política fiscal y de servicios públicos, pero eso no será posible sin entrar en el núcleo de la explotación, es decir en las relaciones de producción. Esto es lo que puede aportar IU.

El liderazgo

Y con esos rasgos, hay todo el espacio político del mundo. Nadie lo ocupa ni tiene voluntad de ocuparlo. Más bien de abandonarlo.

A mí no me preocupan excesivamente aquéllos que se han ido a Podemos o planean irse. Son respetables en sus ideas (aunque menos en sus métodos) y en el camino nos encontraremos más o menos. Sí me inquieta el sustrato ideológico y político de los documentos aprobados por el Ejecutivo del PCE: puedo estar equivocado, pero no definir los rasgos esenciales de esa supuesta nueva fuerza ni el papel que el propio Partido piensa jugar en ella significa un Podemos B, mientras tanto…

Precisamente eso es lo que no tiene espacio político por la sencilla razón de que ya está ocupado.

Termino subrayando que no será posible rehacer IU sin un nuevo equipo de dirección profundamente renovado, donde sean muchos más los responsables con menos de dos mandatos en órganos de dirección que quienes llevan más de 15 o 20 años (la verdadera “vieja guardia”).

Un liderazgo acorde con los objetivos antes planteados. Liderazgo colectivo para recuperar esa dimensión tan importante del trabajo. Liderazgo plural y responsable; sencillamente, que responde. Liderazgo en el que pueda sentirse representada la inmensa mayoría de IU, sin dejar a nadie atrás que no quiera quedarse, que restañe las heridas internas producidas. Liderazgo con una posición proactiva y no hostil con los sindicatos de clase que, no se olvide, obtienen bastantes millones de votos en este país, y en el caso de CCOO han ganado las elecciones sindicales. Sin ellos, el Bloque Político y Social es sólo retórica. Liderazgo que gestione con criterio político, y no el de los fontaneros, la pluralidad y la federalidad. Finalmente, un liderazgo individual en el que no tienen por qué coincidir la responsabilidad parlamentaria con la dirección política. Esa experiencia no dio mal resultado.

Para rehacer IU y fortalecerla con el objetivo de que sea un sumando que sume más y, por tanto, multiplique a partir de la confianza y la ilusión, hay alternativa política y hay equipos. Lo único malo que podría pasar es que se pareciera a Podemos.

(*) José Antonio García Rubio es secretario ejecutivo de Economía y Empleo de IU.

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4 Comments
  1. Rosa Mendez Sanchez says

    Completamente de acuerdo con el final ! Respetando a los compañeros de Podemos,no me gustaría para nada ,que IU se pareciera a ellos! Si a la izquierda transformadora,si al la confrontación capital trabajo !

  2. Ventura says

    Completamente de acuerdo con el tema de una dirección completamente renovada.

  3. PARMENIDES says

    He leído en este artículo un discurso desfasado con la situación actual de las clases populares en España. Un discurso de clase a la vieja usanza en un país donde la clase obrera está completamente desdibujada en su potencial revolucionario. Hoy en día seguir manteniendo a la clase obrera como el «sujeto revolucionario» es estar anclado en un pasado que no volverá. Hay que saber construir nuevas alianzas desde una hegemonía cultural y política no tanto partidaria o de siglas. Hoy en día esa visión nueva que puede hacernos albergar alguna esperanza la representa Podemos. Ni IU ni el PCE. Seguir aferrados a una historia como un salvoconducto de futuro es condenarnos a todos a un melancólico ostracismo mientras los verdaderos poderes financieros, militares,eclesiasticos, etc. siguen imponiendo su ley. Me ha resultado muy inquietante lo de: «…SICAV hubo en todas partes y tarjetas “black” también, pero nunca se resolvió en esa clave».

  4. Antonio Arnau Carrillo says

    N.P.I.

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