Hegemonía para ganar la Ilustración: un marxismo de actualidad

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Daniel G. Corral *

El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en
ese claroscuro surgen los monstruos
”. Antonio Gramsci.

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Cubierta del libro de Fernández Liria.

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Los ciudadanos españoles hemos vivido treinta años de relativa monotonía y tranquilidad política. Cuando no era el PP quien garantizaba que nada pasaba ya, era tarea del PSOE; y en este rutinario periodo político algunos teóricos del entorno intelectual y militante de la izquierda se ocuparon de hacer sus deberes reflexionando sobre qué debe decir y hacer la izquierda. La última consecuencia de esta tarea viene de la mano del filósofo Carlos Fernández Liria dando la batalla por la ideas con su último libro El marxismo hoy. La herencia de Gramsci y Althusser.

El objeto de Fernández Liria es señalar qué elementos del pensamiento marxista -y marxiano- quedaron obsoletos y cuáles son de máxima actualidad. El autor insiste, poniendo en jaque a la tradición marxista, en la tesis que ya había defendido en otros lugares con uñas y dientes: conjugar el marxismo con el proyecto político de la Ilustración. Nos encontramos ante una situación política en la que nuevas organizaciones políticas de izquierda han dado una patada al tablero revolucionando la estabilidad política de años atrás. Este es el caso de Podemos en España o de Syriza en Grecia. Sin duda estas formaciones conectan todavía, de alguna manera, con el marxismo, a través de la figura intelectual de Gramsci. Pues bien, este libro se inscribe en un empeño gramsciano: el de librar la batalla por las ideas allí donde se tienen todas las de perder. El “marxista de las superestructuras” nos enseñó que la lucha política es ante todo una lucha ideológica, una pelea por las ideas, y en la lucha de clases para poder conseguir revertir la situación hay que conquistar ante todo la 'hegemonía', sobre todo cuando parece que los espacios de deliberación son los platós de televisión y los programas de tertulia política.

Hacer política es asumir riesgos. Ir a un plató de La Sexta Noche y que te identifiquen como tertuliano mimetizado en el circo es asumir un riesgo, o dedicar todo tu esfuerzo intelectual a escribir libros de divulgación filosófica-política y no escribir tratados incomprensibles, excepto para una minoría académica, es asumir un riesgo. Eso es hacer política. Puede que sea bajar al barro, moverse en el terreno fangoso de los gritos, el ruido, pero es tarea nuestra la de salir de las sombras de la caverna, sobre todo para no regalarle al enemigo conceptos fundamentales como 'democracia', 'imperio de la Ley' o 'Estado de Derecho'. Y para conquistar la hegemonía de la que habla Gramsci, la clave está en hacer pasar los intereses de una determinada clase social por los intereses de toda la ciudadanía en su conjunto, dando así el paso a ocupar el espacio de la clase social dominante: todo el asunto está en crear la ficción de una voluntad general, paso que requiere salir de la endogamia y sectarismo que tanto nos ha caracterizado. Podemos ha dado buena cuenta de esto logrando situarse en el centro de atención de eso que hemos llamado 'sentido común'. Por ello, señala Fernández Liria que lo importante para la lucha política por parte de las clases oprimidas, en primera instancia, es la de romper la hegemonía ideológica de la clase dominante.

Pero ¿cuál debe ser, en última instancia el proyecto político de Podemos o el de cualquier partido que conecte, de la manera que sea, con el marxismo? Fernández Liria considera que hay una idea a la que no se puede renunciar, y es la de una república en la que los ciudadanos se doten a sí mismos de legislación, una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales, una comunidad de ciudadanos. Ningún proyecto político de izquierdas tiene el derecho a renunciar al proyecto político de la Ilustración. No puede ser que la izquierda le regale a la derecha la idea del Estado moderno. La tradición marxista, en efecto, ha venido despreciando la idea de República cosmopolita so pretexto de que es un invento 'burgués'. ¿Hay que dejar la idea de democracia, de separación de poderes, de imperio de la ley a personajes de la derecha liberal como Esperanza Aguirre? ¿Qué defendemos si no es todo esto? ¿Qué nos queda? ¿Una comunidad de camaradas? ¿Algo así como un 'hombre nuevo' en lugar de ciudadanos y ciudadanas dotándose de leyes a sí mismos?  Los marxistas debemos darnos cuenta de que el problema no es el Estado Moderno, sino el capitalismo; tampoco lo es la invención 'burguesa' del sistema parlamentario sino el hecho de que no son sistemas parlamentarios, solo fachadas, donde se refrendan políticas económicas decididas en algún despacho de Bruselas. Y como ya hemos visto que ha sucedido en Grecia, si el Parlamento griego no aprueba las medidas económicas de la Troika se le da un golpe de Estado financiero. Los intereses económicos corrigiendo los 'errores' de la democracia. El problema no es la democracia representativa, el problema es que no representa a nadie.

Esto es lo que debe decir, no solo Podemos, sino todo aquel que se llame a sí mismo de izquierdas. En la izquierda debemos librar una fulgurante batalla por los conceptos que nuestra tradición le ha regalado a la derecha liberal, debemos conquistar la hegemonía del significado de Estado de Derecho, democracia, Parlamento, separación de poderes, soberanía, etc., haciendo ver que el sistema económico de la Troika y de los grandes poderes financieros no casa con el significado político del Estado de Derecho. Capitalismo y democracia, en definitiva, son dos palabras incompatibles.

(*) Daniel G. Corral es investigador en filosofía y activista político.
1 Comment
  1. Juanjo says

    conjugar el marxismo con el proyecto político de la Ilustración. Eso es.
    …Y aunque cueste lo indecible superar el «terrorismo» propagandístico, interesado y embustero, de las multinacionales y las gentes (o lo que sean) de la calañana de la Aguirre, el Rajoy y sus secuaces, hay que mantener vivas las ganas, las proclamas, la ilusión y la esperanza.
    … Y reconocer que si la revolución burguesa, tuvo que superar constantes zancadillas, propagandas mentirosas, la condena de los hechiceros de Roma y sus obispones y demás gentes extravaagantes y de dudoso vivir; así como «retroceder», «fracasar» o echar marcha atrás para volver a tirar para adelante, hasta lograr imponer su fuerza, su humanidad y su razón, ¿con qué moral podrá exigirse al marxismo (el socialismo marxista) dar en el clavo a la primera?.

    .. Lo que pasa es que en la actualidad, la propaganda, el lavado de cerebro sistemático y continuado y la presión cultural y económica, unida a la estupidez institucionalizada, defendida a machamartillo por la inmensa mayoría de los media e, incluso por no pocos partidos políticos sedicentes de Izquierda, el PSOE, p. e., que están tirando en dirección opuesta, el PROGRESO es más dificultoso
    .. pero frente unos y otros, hay que recuperar la calle, pero sobre todo, la crítica, la naturalidad, la mentalidad, la fuerza de la verdad y el empuje: El género humano (y sobre todo los europeos) deben intentar una vez más, y cuantas sean necesarias, anteponer a las personas (a todas las personas) por delante del capital y la cruel astucia de la ley de la oferta y la demanda.
    ..
    Por todo ello no logro entender esas maniobras de algunos sectores del PC. y otras izquierdas recreándose en esos arcanos de la España de las autonomías y mucho menos su disposición a entenderse con los nacionalismos, y menos aún con el nacionalismo vasco (Jaun-Goikua Eta Lagi-zaŕa (Dios y Leyes Viejas), nacido de los mismos polvos y en la misma camada que resto de los siniestros nacionalismos que acribillaron a media humanidad en el siglo pasado. Nacionalismo vasco que, incluso hace menos de una semana nos exigía a los maketos que no los contamináramos, porque ellos «son diferentes»

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