Titiriteros

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Imagen de la función ‘La Bruja y Don Cristóbal’. / titeresdesdeabajo.blogspot.com.es

Me gustan mucho los títeres. Seguramente porque tengo amigos titiriteros. Artistas de títeres clásicos, de los de toda la vida, de guante y cachiporra, de Cristobalito y la bruja, de estacazo va y estacazo viene. Tipos al margen de muchas de las miserias diarias, de horarios y rutinas, que viajan en una furgoneta, montan su escenario en diez minutos, tocan la dulzaina para avisar al personal, hacen su espectáculo entre la gente, recogen y se marchan como han venido. Dejan atrás entretenimiento y diversión.

He visto muchos espectáculos de títeres. Unos mejores y otros peores. Bueno, mejor diría que unos me han gustado más y otros menos. Ya sabe usted cómo son estas cosas del arte: lo que a mí me parece una maravilla, tan inteligente como tronchante, a usted le parece una mierda como el sombrero de un picador, aburrida y absolutamente infumable.

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Pero cuidado, porque hoy no estamos hablando de darse la vuelta y marcharse de un espectáculo de títeres. Ni siquiera de abuchearles, o de tirarles un selección de hortalizas ecológicas. Estamos hablando de que han metido en la cárcel a unos titiriteros. Soto del Real. Me gustaría recordarle que nos encontramos en el año 2016, y en una democracia europea supuestamente avanzada.

Seguro que usted ya conoce la polémica: “La función infantil «La bruja y Don Cristóbal», interpretada por la compañía Títeres desde Abajo, resultó todo lo contrario a una fiesta carnavalesca. Fue una apología del terrorismo y de la violencia. Las decenas de padres que presenciaban la obra, con niños de entre 5 y 8 años en su mayoría, se escandalizaron apenas comenzó la representación”, informaba ABC. Y no le falta razón al diario dirigido sabiamente por Bieito Rubido: Hay que ser muy merluzo para hacer un espectáculo de títeres para niños (¿Teatro popular?) en el que se ahorque a un juez o se asesine una monja, o se exhiba en escena una pancarta donde ponga ‘Gora Alka-ETA’. Y como aquí lo que se trata es de echar porquería sobre el Ayuntamiento de Manuela Carmena, le diré que hay que ser muy torpe para contratar un espectáculo de títeres para niños en el que se ahorque a un juez o se mate a una monja. Y se exhiba una pancarta que diga ‘Gora Alka-ETA’ Aunque todo fuese, imagino, en tono irónico-satírico.

Me pongo en el peor de los casos: el espectáculo de títeres es una basura, sin gracia alguna, con momentos incluso desagradables, absolutamente inadecuado no solo para niños, sino para cualquier persona con dos dedos de frente o una sensibilidad mínima… De ahí a meter en prisión sin fianza a los titiriteros acusándoles de ‘enaltecimiento del terrorismo y la violencia’ hay un mundo.

¿Sabe qué considero yo apología de la violencia y auténtico terrorismo? No les diré que desahuciar a una familia con niños pequeños, o cortarles la luz y la calefacción en pleno invierno, porque me acusarán de demagogo. Pero sí que me lo parecen las palabras de un miembro del Gobierno de España, nada menos que su portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, acusando al tercer partido político de este país (el segundo, según el último CIS) de golpista. Si hacer unos títeres de dudoso gusto es apología de la violencia, no me cabe duda de que la frase de Hernando es terrorismo de Estado.

De momento solo los titiriteros han entrado en chirona. Y no ha sido por robar o tener una caja B con dinero negro, por estafar o blanquear capitales, por financiación ilegal o malversación de fondos públicos, por ser una asociación mafiosa o una organización criminal, por recibir comisiones ilegales o sobornos, por cohecho o por amañar concursos, por prevaricación o por tráfico de influencias, por falsedad documental o por… No. Están en la cárcel por un espectáculo teatral. En España, en el año 2016.

P.D.

Y ahí tienen al comedido Albert Rivera, ese prudente político de centro que se ofrece como bisagra entre derechas e izquierdas, apoyando la petición del fiscal de cárcel para los titiriteros: «La apología del terrorismo y encima con menores es muy grave», advierte en Twitter. La nueva política que nos espera.