La descomposición, para bien o para mal

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Hugo Martínez Abarca *

Hugo-Martínez-AbarcaSemana antes del 20-D. Por ley está prohibida la publicación de encuestas y eso nunca ha sido tan relevante como en un proceso tan volátil. Las últimas publicadas empiezan a dibujar una tímida remontada de Podemos que sólo alcanza a disputar la tercera posición con Ciudadanos a sensible distancia del PSOE. Sin embargo, en todos los partidos se tienen estudios más contundentes: Podemos está subiendo mucho hasta igualar y adelantar al PSOE. El Periódico de Andorra publica encuestas hasta la misma jornada de reflexión y efectivamente aparece Podemos superando a cierta velocidad al PSOE justo antes de las elecciones. Un micrófono pilla la penúltima insensatez de Rajoy, explicando a Merkel y Cameron que efectivamente Podemos puede quedar segundo (para estupefacción de la canciller) e incluso algún chat interno del PP difunde que Podemos va segundo. Sin embargo, sólo la gente muy informada es consciente de que existe la posibilidad de que Podemos adelante al PSOE, lo cual es un freno para ese adelantamiento, pues algún votante quedara pensando en el 'voto útil' en función de la foto fija que conozcan.

18 de diciembre. Albert Rivera hace un movimiento en el último día de la campaña que nadie entiende más que como un suicidio (y que, además, hoy vemos que era una de sus mentiras): anuncia que Ciudadanos facilitará con su abstención la investidura del partido más votado entre PP y PSOE, que hará lo posible para que gobierne el partido más votado porque lo contrario sería un 'pacto de perdedores'. Dadas las encuestas es obvio que 'el partido más votado' va a ser el PP, por minoritario que sea. Así pues, quien tuviera pensado votar a Ciudadanos pero prefiera que gobierne el PSOE al PP de Rajoy tiene un par de días para reconsiderar su voto y darlo directamente al PSOE.

Lo que parecía un suicidio incomprensible posiblemente haya sido el último gran movimiento racional de los partidos del poder de estos meses. No se ha publicado ningún estudio sobre el impacto que tuvo en las elecciones este último movimiento de Rivera, pero lo cierto es que el PSOE superó por los pelos a Podemos y que Ciudadanos obtuvo un resultado mucho más pobre del esperado, tanto que sus diputados son insuficientes para que Rajoy gobierne. Piense el lector cuán diferentes habrían sido los movimientos postelectorales y sobre todo el mapa político del país si el puñado de votos que puso al PSOE por delante de Podemos hubiera colocado a Podemos como segundo partido más votado por detrás del PP.

Desde entonces, Albert Rivera ha girado aquel compromiso: en todas sus declaraciones deja claro que su prioridad ya no es que gobierne el más votado (ha llegado a un acuerdo con el PSOE) sino cualquier acuerdo que excluya a Podemos y a los partidos nacionalistas: no deja de ser cómico que reitere su equivalencia con Suárez y la Transición quien se opone por encima de todo a entenderse con quienes no son sus inmediatos vecinos ideológicos.

Quizás la mejor forma de entender lo que está pasando no sean las declaraciones contradictorias sobre qué pone en el acuerdo PSOE-Ciudadanos, sino los movimientos de los grandes banqueros y constructores. Recordaremos al presidente del Banco Sabadell reclamando un 'Podemos de derechas' cuando Ciudadanos todavía era sólo la versión catalana de UPyD; hemos recordado estos días que la propuesta laboral alcanzada por el PSOE y Ciudadanos es idéntica a una propuesta lanzada por el BBVA hace un año y medio; y Villar Mir (el hombre que financiaba por demasiadas vías al PP) ha pedido que se pongan de acuerdo PP, PSOE y Ciudadanos en cualquier fórmula de gobierno siempre que excluya a Podemos.

Si la política fuera puramente racional, la semana del 20 al 27 de diciembre ya se habría alcanzado un acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos. El PSOE lleva demasiado tiempo obedeciendo a los poderosos que no se presentan a elecciones, y PP y Ciudadanos nacieron para ello. Pero en política influyen muchos factores. Es evidente que facilitaría un gobierno de gran coalición que Rajoy se fuera. Como el PP es un partido en que impera la Ley del Silencio, no podemos saber qué lo impide, pero seguramente haya una mezcla de orgullo personal, de su asombrosa capacidad para permanecer inmóvil durante un terremoto y de miedo a destapar una caja de Pandora, la de una rápida sucesión que no fuera pacífica en absoluto y abriera la guerra civil interna en el PP. En el PSOE es evidente cómo la presión para tumbar a Pedro Sánchez le obligó a huir hacia adelante aunque haya sido para alcanzar un acuerdo similar al que le exigían Susana Díaz y las comilonas del Corcuerato con el añadido de ser un acuerdo estéril al que le faltan cuarenta y cinco escaños para ser un acuerdo de gobierno. PP y PSOE están cruzados de tantas contradicciones que no funcionan con la lógica que estos años les ha sido intrínseca.

Las cosas funcionan más o menos racionalmente en periodos de normalidad, pero no es lo que estamos viviendo. Desde al menos el 15M es evidente que estamos en una crisis de régimen y ello se manifiesta en el colapso de sus principales piezas: el bipartidismo no funciona y ello no es sólo porque sume muy pocos votos sino, sobre todo, porque ambos partidos están cada uno en un colapso que les impide funcionar como siempre hicieron.

Si seguimos pensando que los partidos tienen capacidad de actuar racionalmente, lo previsible sería que el PP tumbe la investidura de Pedro Sánchez esta semana con el objetivo de tenerlo más débil para negociar incluso su propia investidura, pero en una situación de fragilidad tal que sería su juguete indisimulable. Pero tal es un supuesto demasiado aventurado: no descartemos que en una nueva huida de la guerra interna, dirigentes del PSOE hagan lo imprevisto y busquen, tras el fracaso de la investidura, un gobierno con Podemos, IU y Compromís, aunque sus políticas supusieran un cambio de verdad, aunque ello acarreara la desaparición del PSOE que conocemos, el de mayo de 2010 y el artículo 135.

Veremos mucho teatro esta semana. En el teatro los actores pueden recitar el guion sin demasiadas interferencias. Pero tras las segunda votación, veremos el grado de descomposición de los partidos de orden que nos pueda llevar a escenarios imprevisibles. Para bien o para mal.

(*) Hugo Martínez Abarca. Miembro de Convocatoria por Madrid y diputado autonómico de Podemos. Es autor del blog Quien mucho abarca.
1 Comment
  1. Cristóbal Pasadas says

    «Piense el lector cuán diferentes habrían sido los movimientos postelectorales y sobre todo el mapa político del país» si el montón de votos de UP/IU y de otras fuerzas, gracias a una razonable y respetuosa confluencia con Podemos en todo el estado, hubiera servido para poner a esa confluencia por delante del PSOE como segundo partido más votado por detrás del PP. Ese escenario mejor no abarcarlo, ¿verdad?.

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