Resucitar Alianza Popular

Alberto_Garre
Imagen de archivo del histórico dirigente del PP murciano Alberto Garre. / Efe

La retirada de Mariano Rajoy era, hasta hace solo unos días, un "clamor silencioso". El término lo acuñó Albert Garre, histórico líder del PP murciano que con esa frase se convirtió en el primer dirigente popular en reclamar la salida del actual presidente del Gobierno en funciones. Ha pasado una semana desde entonces, y el "clamor silencioso" se ha convertido en un clamor como dios manda, es decir, un clamor a voces: cuentan que por los pasillos de Génova hay gente que, con los dedos pulgar e índice pinzándose la nariz para imitar la voz de Aznar, susurra a voz en grito "Mariano vete ya". 

Muerto el perro se acabó la rabia, piensan quienes quieren ver en la salida de Rajoy la única manera de que el Partido Popular inicie un proceso de reconversión. Me temo que no es tan fácil... Maroto, Casado, Cifuentes y compañía, la sangre nueva del partido, quienes se supone deberían purgarlo y rejuvenecerlo, han permanecido demasiado tiempo en contacto con los afectados por el virus de la corrupción: su clamor ha sido silencioso y su omisión, cómplice. Están contaminados.

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El Partido Popular no es una serpiente que muere cuando le cortas la cabeza. Es una hidra insaciable, un monstruo podrido de cien testas, un auténtico asco de partido mafioso. No lo digo yo, lo dice la Guardia Civil, que ha calificado al PP valenciano nada menos que de "organización criminal".

¿Se puede regenerar una "organización criminal"? No se yo si el esfuerzo merece la pena. Pudiera parecer más práctico tomar otro tipo de medidas, que en principio pudieran parecer radicales, pero que son un simple recurso de ingeniería nostálgica, de higiene democrática. Como resucitar Alianza Popular, una marca consolidada y con prestigio, por poner un ejemplo de entelequia política y limitarse a hacer mudanza del material de oficina. La sede de la calle Génova no sirve para un partido limpio: con los cimientos de cemento aluminoso y las paredes cubiertas de amianto el lugar sería más seguro, y recomendable, que el nido de víboras en que se ha convertido. El personal tampoco es reciclable. Me temo que cuando la deshonestidad está tan extendida sucede como con el mal de la lengua azul: hay que sacrificar a toda la ganadería.