Con los ojos cerrados

Rita_Barberá
Rita Barberá, móvil en mano, en el Senado, el pasado 29 de marzo, durante una sesión en la que se debatió sobre el aforamiento de diputados y senadores. / Luca Piergiovanni (Efe)

Los señores políticos no están cómodos con la presencia de fotógrafos. No, no se refieren a las campañas electorales, ni muchísimo menos: ahí sí quieren que haya fotógrafos, y cuantos más mejor. Los ciudadanos deben verles abrazar ancianos y besar niños. No quieren reporteros gráficos mientras están desarrollando su trabajo. Toda esta paranoia comenzó en 2011, cuando El Mundo publicó un mensaje privado de Pérez Rubalcaba capturado por la cámara de un reportero gráfico en el Congreso de los Diputados. Y continúa ahora, con otro mensaje privado publicado en portada por La Razón, en el que Rita Barberá suplica perdón por sus actos desde su butaca en el Senado. Entre uno y otra, recuerden las imágenes de la lenguaraz Celia Villalobos y sus partidas de Candy Crush durante la intervención del presidente del Gobierno en el Congreso. 

Los señores políticos no quieren cámaras a su alrededor. Exigen trabajar con libertad, piden que se protejan sus derechos constitucionales: “No pueden estar pendientes de si les miran o no les miran”, ha dicho el vicepresidente del Senado, Pedro Sanz. No quieren formar parte del Gran Hermano en que se está convirtiendo el mundo. Ni siquiera de su versión para élites con coche oficial, gin tonics a tres euros y posibilidad de acogerse a un aforamiento: Gran Hermano VIP. Quieren discreción y sombras mientras nos hablan de transparencia.

Publicidad

Las cámaras, los fotógrafos, no tienen la culpa de nada. O sí. La Ley Mordaza sanciona “el uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales”… de policías. Grabar o fotografiar a un policía, pese a que según Amnistía Internacional “esas imágenes en ocasiones han ayudado a difundir información sobre el uso excesivo de la fuerza por la policía”, podrá ser multado con hasta 30.000 euros.

¿Multarán algún día a los fotógrafos que pillan a los políticos trapicheando, jugando con el ordenador o simplemente tocándose la barriga? Es posible. Porque las cámaras de vigilancia donde tienen que estar es en las calles, en cada esquina, vigilando a los ciudadanos rebeldes, capaces incluso de manifestarse contra su propio Gobierno. A estas alturas ya deberíamos saber que en los políticos podemos confiar con los ojos cerrados.