El Papa y el señor Hyde

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El Papa Francisco, a su llegada a la Plaza de San Pedro en el Vaticano ayer miércoles, antes de empezar la Audiencia General.
El Papa Francisco, a su llegada a la Plaza de San Pedro en el Vaticano, ayer, miércoles, antes de empezar la Audiencia General. / Maurizio Brambatti (Efe)

El Papa Francisco llegó dispuesto a cambiar la Iglesia. Eso nos dijeron. Y eso quiso transmitir el argentino, todo sonrisa y modernidad, todo compromiso y diálogo, todo solidaridad y amor. Hace sólo unos días pudimos verle junto a los más necesitados del momento. ¿Los 14 millones de africanos que sufren hambre en África con motivo de la peor sequía desde 2005? No, los refugiados retenidos en Lesbos. Como “signo de acogida” se llevó a doce de ellos a Roma, dejando una maravillosa fotografía para la historia gráfica de la bondad. 

El Papa Francisco en su papel de doctor Jekyll es una bendición. Ahí tienen la reciente exhortación apostólica sobre la familia, Amoris Laetitia (La alegría del amor), en la que abre la Iglesia a quienes viven en “situaciones familiares irregulares”. Pero la cosa va más allá. Francisco se viene arriba y titula “La dimensión erótica del amor” un capítulo dedicado a “la vida sexual del matrimonio”. Escrito de oídas, pero con toda la buena intención del mundo, el santo padre confiesa que “Dios mismo creó la sexualidad, que es un regalo maravilloso para sus criaturas”. Y en el colmo de la modernidad y el libertinaje rechaza que la Iglesia tolere el valor del sexo “sólo por la necesidad misma de procrear”.

¡Sos flash, chabón! Un Papa para el siglo XXI, humilde y realista, destinado a cambiar el curso del cristianismo, a modernizar su Iglesia, a limpiar las mentes apolilladas de sus dirigentes. Eso sí, siempre que el cambio, el proceso de rejuvenecimiento, no se convierta en una mariconada. Porque entonces surge el señor Hyde. Françoise Hollande, presidente francés, ha retirado su propuesta de nombrar a Laurent Stefanini embajador ante un Vaticano que, con su silencio de 15 meses, ha dejado muy claro que no quiere diplomáticos gays. “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?”, se preguntaba Francisco en 2013. Y más recientemente, en la famosa exhortación apostólica sobre la familia, iba aún más lejos: “toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar todo signo de discriminación”.

Las dos caras del Papa. Aquella que considera el erotismo un don de Dios y cree que la sexualidad es una elección personal, frente a la xenófoba que prefiere a los gays fuera del Vaticano. Las contradicciones normales de la religión. Quizá las palabras del representante del Señor en la tierra resulten inaccesibles para los vulgares pecadores. Lástima.

2 Comments
  1. Mecacholo says

    La imagen lo es todo.

  2. Juanjo says

    un hechicero es un hechicero. ¿Y a qué personas con un mínimo de racionalidad y de sentido crítico y humano, por más que de vez en cuando pueda sonar la flauta, le puede interesa las estupideces que le de por soltar.
    ..
    Lo grave es que cada día parece haber más irracionales y supersticiosos por nuestros pagos e incluso en no pocos líderes socialistas. Y alguno (o alguna) hasta llega a lendakari y tal vez hasta presidente

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