Asociaciones de la prensa

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Pablo Iglesias durante la presentación de 'En defensa del populismo' de Carlos Fernández Liria, el pasado jueves, donde criticó duramente a la prensa. / Javier Lizón (Efe)

Las asociaciones de la prensa existen por una razón muy importante, fundamental, yo diría que vital. ¿El seguro médico? No, eso era antes. Las asociaciones de la prensa tienen que existir porque defienden el periodismo sobre todas las cosas. Y el periodismo es lo más sagrado. Por eso han saltado como hienas cuando Pablo Iglesias ha “atacado” a un periodista de El Mundo. Normal.

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Siempre han actuado con la misma contundencia ante “ataques” al periodismo. Cuando Mariano Rajoy ofreció su legendaria rueda de prensa a través de una pantalla de plasma, las protestas de las asociaciones de la presa españolas se escucharon hasta en la cima del Everest. Cuando se pusieron de moda las ruedas de prensa sin preguntas, las asociaciones de la prensa estuvieron a punto de asaltar las sedes de los partidos. Cuando se producen los ERE salvajes en los grandes medios, esos que acarrean despidos de redactores sin tocar los sueldos de los jefazos, las asociaciones de la prensa no solo han puesto el grito en el cielo, sino que en ocasiones incluso "impelen" a sus responsables a retirarlos.

Su lucha por el periodismo se remonta a tiempos inmemoriales. Recuerdo que cuando Pedro J. estaba enfrascado en plena labor informativa sobre los atentados del 11-M, nuevo periodismo, las asociaciones de la prensa exigieron de manera tajante explicaciones sobre la cassette de la Mondragón, el desodorante para pies de ácido bórico, los “moritos” de Lavapiés o la Guerra Civil que contó Trashorras desde la portada de El Mundo. Y por si le queda alguna duda, le recordaré que, en un alarde de decencia, honradez y compromiso, las asociaciones de la prensa se han cansado de presionar de manera inmisericorde a las televisiones públicas para que dejen de manipular.

Las asociaciones de la prensa se merecen todo nuestro respeto, no puede ser de otra manera. Y lo tienen porque, como piensan muchos profesionales de la información, si hay algo sagrado en este mundo, es el periodismo. Es decir, que es intocable, una garantía de democracia. Tienen mucha razón: basta con escuchar cómo algunos predicadores radiofónicos han hecho del insulto un arte, cómo muchos tertulianos han convertido la infamia en una mina de oro, o cómo muchos periódicos mienten cada día en sus portadas con total impunidad. O cómo la Conferencia Episcopal invierte más dinero en propaganda, perdón, en periodismo (13TV), que en caridad (Cáritas).

Sin periodismo la democracia sería de peor calidad, es evidente. Le voy a poner un ejemplo, para que usted me entienda, utilizando precisamente a Pablo Iglesias y a El Mundo, los culpables de este follón. Abra los ojos: sin periodismo los ciudadanos no sabríamos que “Los presos de ETA quieren a Podemos en el Gobierno”. Lo contó a todo trapo la portada del diario de Unidad Editorial el 15 de mayo del pasado año. Y hubiese sido una pena que esa información no hubiese llegado a los ciudadanos, bendito periodismo, porque a la hora de votar en la últimas elecciones resultó fundamental conocer que un etarra, anónimo por supuesto, dijo lo siguiente: “Estos son como nosotros, pero españoles. ¡A ver si toda la peña vota al Coletas!”

El periodismo es democracia. Porque es libre y necesario. Porque es quien vigila al poder, porque es independiente, y sobre todo, porque ha sido capaz de limpiar sus redacciones de parásitos analógicos y reciclarse con habilidad: donde antes había investigación ahora hay filtración. ¡Viva el periodismo moderno! ¡Vivan las asociaciones de la prensa!