El indecente Sánchez

sanchez_indecente_rajoy_efe
Pedro Sánchez, en rueda de prensa tras comunicarle al Rey su falta de apoyos para formar gobierno. / Mariscal (Efe)

En un giro acrobático espectacular, ese doble salto mortal lateral con tirabuzón ventral, solo a la altura de los mejores saltinbanquis políticos de la historia, Pedro Sánchez ha dicho que se arrepiente de haber llamado “indecente” a Mariano Rajoy en el cara a cara televisivo que tuvo lugar durante la pasada campaña electoral. Y lo ha hecho no en la intimidad de la bodeguilla de Felipe González, sino a pecho descubierto, ante cámaras y micrófonos, sin un atisbo de rubor o bochorno, sin anunciar inmediatamente después su retirada de la política y su ingreso en una orden tibetana de monjes de clausura. “Creo que ese día que equivoqué”, sentenció el socialista en una reflexión con la que daba por inaugurada su estrategia en la nueva campaña electoral.

Publicidad

Que Pedro Sánchez retire su definición del hombre que lidera lo que la Guardia Civil considera “una organización para delinquir”, indecente, solo tiene una justificación: se quiere reservar el término en exclusiva para sí mismo. El político de izquierdas que pactó a bombo y platillo, carpeta de piel de becerro y pluma Mont Blanc, con un partido al que había calificado como "las nuevas generaciones del Partido Popular", ahora agacha ligeramente la mirada, aprieta el ojete y pide una nueva oportunidad. ¿De izquierdas? Yo soy de lo haga falta.

Pedro Sánchez nunca quiso pactar con Podemos, quizá porque nunca le dejaron sus jefes, y para asegurarse de ello pensó que lo mejor era firmar un acuerdo con Ciudadanos, la excusa perfecta. Pedro Sánchez no quiere a nadie a su izquierda, que en realidad es el centro pelado, y por eso ve a Pablo Iglesias como la mayor amenaza posible. “Hay muchos votantes de Podemos que le han descubierto ahora para mal”, dijo el mismo día que retiró el “indecente” a Rajoy. El día que dijo "basta ya del "y tú más"" al tiempo que intentaba enmerdar a la izquierda con ideas tan brillantes como "Ha ganado Monedero, el ala dura" o "Iglesias insultaba a Izquierda Unida" o "Iglesias no representa a Podemos".

Pedro Sánchez dice ser humilde, muy humilde, y tiene toda la razón: solo es un enreda, un aprendiz de Maquiavelo buscándose un hueco entre la soberbia de González, la red set de Bono y la ambición de Susana Díaz. Lástima: en ese triángulo cavernario, a medio camino entre la izquierda champagne y el socialismo rebujito, la decencia no tiene cabida.