Unidas Podemos: del ‘Abrazo de Sol’ al ‘Pacto de los botellines’

Esther López Barceló *

Esther_Lopez_BarceloYa tenemos pacto. Por fin, después de una legislatura fallida y tras un claro cambio de posicionamiento por parte de Podemos respecto a los comicios del 20D, existe un pacto de las fuerzas del cambio y/o de la izquierda de este país. El preacuerdo se firmó la tarde del 9 de mayo con un abrazo en la Puerta del Sol. Ha habido ya algunos abrazos míticos en la historia política de nuestro país y estoy segura de que eso no se le escapaba a ninguno de los equipos de comunicación que planificaron la escenificación del acuerdo: desde el Abrazo de Vergara entre Espartero y Maroto -que puso fin a la guerra carlista en 1839- hasta el frustrado pacto de «El Abrazo» entre Sánchez y Rivera -llamado así porque se produjo ante el cuadro del mismo nombre de Juan Genovés, icono de la Transición que fue utilizado como cartel de la Junta Democrática en favor de la amnistía y cuya escultura rinde homenaje en la Plaza de Antón Martín a los abogados laboralistas de Atocha. Alberto y Pablo, sin embargo, eligieron la Puerta del Sol, escenario del 15M que hoy cumple 5 años y sin cuya existencia no podría entenderse el panorama político actual. La materialización del preacuerdo se pudo seguir en directo a través de aplicaciones de móvil y redes sociales -algo inédito- desde dos puntos de vista: el de Podemos y el de IU. Los seguidores de Podemos vieron a Pablo Iglesias caminando por Sol, mientras los militantes de IU observamos a Alberto Garzón comentar la situación económica y social del país mirando fijamente a cámara aproximándose al centro de la plaza. El abrazo de ambos llegó inmediatamente después retransmitido desde dos perspectivas que, ahora sí, mostraban la misma imagen. Por primera vez, activistas y seguidores de ambas fuerzas políticas veíamos a los dos referentes de las fuerzas transformadoras del estado a través del mismo prisma. Nos reconocimos las unas a las otras. Y lo hicimos, seguramente, mucho más tarde de lo que la gente, la mayoría social, las clases populares nos había reconocido ya como elementos necesariamente complementarios para construir un nuevo país.

Personalmente, viví ese momento desde un taxi que me llevaba a la Sala Mirador, un pequeño y coqueto teatro de Lavapiés -regentado por Cristina Rotta– donde Izquierda Unida y Podemos habían convocado una rueda de prensa para presentar formalmente «el abrazo de Sol». Cuando llegué a la calle Doctor Fourquet ya había mucha prensa esperando en el patio del teatro y mi compañero Eduardo Garzón me llamó para decirme que estaban ambos equipos esperando a que se hiciera la hora en una cafetería de Tirso de Molina. Me acerqué allí y pude comprobar signos de cansancio, estrés, alegría y nervios por lo que había costado tantos días resolver y por lo que estaba por venir. El camino al teatro estuvo jaleado de gritos de «¡Sí se puede!» desde los balcones, saludos de viandantes que se acercaban a Pablo y Alberto e incluso un arcoiris en el cielo que nos daba la bienvenida a Lavapiés, el barrio más popular y representativo de Madrid, para simbolizar ese «los nada de hoy todo han de ser». La llegada a la Sala Mirador y la rueda de prensa dieron paso al descanso y la celebración en el bar en el que habitualmente se encuentra la izquierda madrileña. Diríamos que la «transversalidad» empezó en «la Funda» de Argumosa. Hasta la medianoche pensábamos que el «Abrazo de Sol» iba a ser la imagen icónica que quedara para la historia. Sin embargo, el diario El Mundo -en pleno proceso de ERE masivo y de fuerte contestación sindical de sus trabajadores- en su portada, bautizaba el preacuerdo como ‘El pacto de los botellines’, mostrando una foto de Pablo y Alberto con una cerveza en la mano tras la rueda de prensa, un corto espacio de tiempo de distensión con los propios periodistas y compañeros que quedó inmortalizado para la posteridad. Alberto enseguida mostró su buen humor y su empatía hacia los trabajadores de El Mundo, sabedor de que pocas veces son los redactores quienes eligen los titulares y, a través de un tuit, explicó que en la imagen estaba brindando por el éxito de la huelga de los periodistas de Unidad Editorial. Un gesto que dice mucho de lo que está por venir, tanto por la actitud de Garzón como por el intento de denigrar la nueva coalición de izquierdas desde su nacimiento.

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Es sintomático que los grandes medios de comunicación, propiedad de corporaciones empresariales que defienden sus propios intereses, vean con recelo la acumulación de fuerzas de izquierdas que supone «el abrazo de Sol». Es el inicio de una contracampaña que está preparándose desde todos los ámbitos del poder económico pasando incluso por el judicial, como hemos podido conocer en el caso de Vicky Rosell. Vamos hacia una campaña polarizada entre Partido Popular y Podemos-IU, junto a sus respectivas confluencias gallega, catalana y «a la valenciana». Una campaña en la que Partido Socialista y Ciudadanos intentarán desmarcarse desesperadamente de su fracasado «Abrazo», que ningún medio rebautizó a pesar de pervertir el simbolismo del cuadro de Genovés para un objetivo completamente opuesto al del pintor ante su obra. Una campaña en la que la caverna rugirá ferozmente en contra de una coalición electoral que está en condiciones objetivas de situarse, como mínimo, como segunda fuerza y con opciones claras de gobernar. La derecha y los grandes propietarios del país son conscientes de que el acuerdo programático de Podemos e IU es suficiente para hacerles perder los privilegios que han ido acumulando, sobre todo, durante los años de la crisis.

Es sintomático el disgusto por parte de los grupos reaccionarios, pero también lo es la alegría de referentes de la lucha social y popular de otros países que han felicitado el acuerdo, como Camila Vallejo o Yannis Varoufakis. Ahora mismo el foco político de la izquierda internacional está observándonos porque hacen falta experiencias positivas de ruptura con el régimen. Con esta suma se multiplicarán votos pero también la magnitud de los fallos que se puedan cometer. Por eso quiero dejar constancia de un error originario que denota una clara falta de audacia y de transgresión, elementos imprescindibles en un proyecto de ruptura. «Unidos Podemos» podría haber sido «Unidas Podemos», pero un discutible argumento comunicativo desbancó la opción que visibilizaba la apuesta por la ruptura, también, con el régimen patriarcal. Una oportunidad perdida para atrevernos a ser lo que decimos, que espero sea la última, porque las personas «Unidas Podemos» y si no nos convocáis a todas no podremos ganar.

(*) Esther López Barceló es historiadora y exdiputada de Esquerra Unida en el parlamento valenciano.