Al desnudo y con el corazón: los motivos de la Revolución Democrática

Tasio Oliver*

tasio_oliver-crop(Me pidieron una carta invitando al voto; me ha salido una declaración. Pero no quiero censurarla, no debo discriminarla. Es larga y siento la extensión, pero honesta y sincera y os pido atención.)

Hemos visto y comprobado a qué supersónica velocidad envejece la nueva política. A poco que te descuidas acaba apareciéndose con el rostro de la lógica de poder, correlación de fuerzas, exclusión de las minorías, desprecio de las opiniones ajenas y liderazgo populista rodeado de palmeros/as.

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Y, sin embargo, no cejamos, seguimos empeñados/as en ir más allá de las evidencias y reivindicar las buenas nuevas que trajeron, por ejemplo, movimientos como el 15M. A nosotros/as no nos molesta la participación, es más, creemos que cuanta más mejor; no nos molesta la pluralidad, creemos que es una manifestación natural de sociedades complejas; creemos que es mejor convencer que vencer y mucho mejor compartir que excluir. Ese legado nos llevó muy lejos en este país y nos parece que abrió puertas que no se han cerrado pero que siguen siendo caminos inexplorados.

En la modesta contribución que esta organización, Izquierda Abierta, ha podido hacer a la política en España, consta que hicimos unas primarias para elegir el candidato/a que presentaríamos a la candidatura compartida de IU en las Europeas de 2014. Tuve el honor de ser elegido en ese proceso frente a compañeros/as que ni siquiera eran militantes de Izquierda Abierta o de IU.

Esa situación se saldó con una doble decepción: la elección de una candidatura por parte de IU en clave mayoría-minoría y el uso de la mayoría para imponer un modo de recuento que excluía a la pluralidad de IU. Aquella mayoría impidió los espacios de confluencia de la izquierda política y social en torno a SUMA; impidió realizar primarias dentro de Izquierda Unida; blindó puestos en las listas, a Paloma López y Javier Couso (no es una crítica a estos compañeros/as ni mucho menos, sino al proceso en sí); y esa mayoría concurrió unida en una lista oficialista tras Willy Meyer (con Marina Albiol de número 2) a la que nos enfrentamos con una propuesta plural de independientes, comunistas críticos, la CUT e IzAb. Conseguimos el 25% de apoyo del Consejo Federal (1/4), a pesar de lo cual, con aquellos blindajes de por medio, nos relegaron al 9º lugar (tras la inclusión de las coaliciones, con las que sí estábamos de acuerdo). La mayoría, curioso, la componían el sector del Coordinador de entonces, Cayo Lara, y el de uno de los aspirantes de hoy, Alberto Garzón. Discrepamos de aquel proceder y lo expresamos. Ésta es mi historia y no me hago cargo, excepto para aprender de ello, del error de procederes parecidos en épocas anteriores: porque nuestra apuesta es a futuro y proactiva, nos compromete a cambiar estos modos y nos reforzará colectivamente.

Aquello me sirvió para aprender. Era evidente que IU, uno y otro sector, no habían aprendido las lecciones, o no se habían atrevido a cumplirlas, que el proceso de movilización más intenso de las últimas décadas había servido en bandeja de plata a todas las izquierdas del Estado: los modos, los procedimientos, el ejercicio del poder, debían cambiar. Lo segundo que aprendí es que el ejercicio del poder se demuestra con decisiones, en votaciones, estableciendo herramientas y asumiendo riesgos concretos y que no por ser nuevo, más joven o hablar distinto, el poder emergente tiene que ser mejor ejercido y más democrático que el viejo poder de la enquistada política. Lo llevo defendiendo desde siempre, pero desde aquél momento, con mucho más ahínco.

Es el diferente ejercicio del poder el que lo hará mejor, no su maquillaje o la simple proclama sobre la bondad de su novedad.

Políticamente, hemos creído hacer lo que nos tocaba, insisto, con humildad: ofrecer análisis, propuestas, ideas de trabajo, compromiso; una buena cantidad de veces hemos tenido razón en nuestros análisis, otras, como todos/as, nos hemos equivocado, pero, a pesar de los aciertos o de la pertinencia y validez de las propuestas, algunos parece que nacimos en el lado oscuro de IU y o bien no fueron aceptadas en tiempo y forma tales propuestas o bien aquellos/as que las defendimos fuimos convenientemente apartados.

Conste que este relato no pretende ser una crítica expresa a ninguno de estos compañeros/as, ni mucho menos, porque muchas veces otros/as muchos/as nos hemos equivocado también y debemos asumir errores, sino más bien una enmienda a la totalidad de la manera de proceder en este pasado inmediato, de Izquierda Unida, y al mismo tiempo una reivindicación expresa a la experiencia, propuestas y aportaciones propias y concretas que hemos puesto sobre la mesa algunos compañeros/as determinados: saco pecho en su nombre pero también en el nombre propio de los integrantes de nuestra candidatura, ‘Revolución Democrática’, porque es justo, merecen respeto y además es necesario reconocer los aciertos, al mismo nivel o más, que asumir los errores (y que otros ni se atreven a enumerar).

Del mismo modo, también defendimos desde hace un año un modelo de confluencia igualitario, que respetara nuestra federalidad, imagen y trayectoria, en torno a un Frente Amplio; otros, muchos/as ya fuera de IU, muy cercanos a Alberto Garzón, defendían que era contraproducente significar la dignidad de IU en los acuerdos o fortalecer la proyección social de nuestra fuerza para no tensar posiciones con PODEMOS. Las negociaciones y encuentros se producían en la más absoluta opacidad. Al mismo tiempo y públicamente nos tildaban de pitufos gruñones o de nostálgicos de puños en alto y prensiles banderas rojas. Discrepamos y lo expresamos.

Por último, gente muy cercana a esos compañeros/as que hoy ofertan una operación de renovación, y de igual forma fuera de IU en estos momentos, propusieron apenas en julio del año pasado y en nuestros Consejos Federales, la necesidad de erigir, con poderes absolutos y dados los tiempos excepcionales, a un “dictador democrático” que nos comande en tiempos de cambio y zozobra y que no esté maniatado a procesos farragosos. La idea de un «dictador benigno» en una organización democrática y de izquierdas me parece tan tenebrosa y fuera de lugar que solo se puede explicar en el contexto de la pérdida de rumbo, de ideas y de perspectivas colectivas, de Izquierda Unida. Discrepamos y lo expresamos.

A mí y a otros muchos/as, tras casi 10 años militando en IU, la mayor parte de ellos como independiente y ser concejal de la oposición sufriendo los modos y formas de mayorías absolutas de ejercicio aplastante, todos estos detalles, mensajes, ideas, me parecían y me parecen extremadamente peligrosos además de sospechosamente trasnochados. Impropios en cualquier caso de nuestra tradición amplia, diversa, dialogante y, aunque discrepante y contrastada, siempre constructiva, impropios de nuestra riqueza y de una izquierda que aspire a ganar.

Desde aquella ocasión en las Europeas descubrí que a pesar de la buena voluntad o predisposición que pudiese aportar (mucha o poca, en su justa medida), cargaba con una cruz invisible de antiguos reproches, enfrentamientos internos o luchas de poder, que me inutilizaban, impedían y vetaban de manera preceptiva, independientemente de mi valía (soy un ejemplo, entiéndaseme que me refiero al colectivo), porque compañeros/as que ni habían cruzado palabra conmigo por lo visto ya tenían sobre mí miles de -istas absolutamente apropiados (y expresados con vehemencia): llamazarista; anticomunista; socialista… Otra curiosidad, porque el PSOE, que no tiene nada de socialista, en su poco democrático ejercicio de poder municipal, creía que me insultaba llamándome “comunista”: yo recogía con orgullo el adjetivo y se lo devolvía precisamente puño en alto y apelando a la tradición de lucha y compromiso de un partido que, sin yo militar, sí que me representaba y con el compartía objetivos y camino de lucha.

Pues bien, ni llamazarista, ni anticomunista, ni neocarrillista, ni anguitista, ahora bien, ni garzoner, ni antillamazarista, ni antianguitista… Para mí todo esto es, sencillamente, intolerable dentro de una sociedad u organización democráticas y la IU por la que trabajaré permitirá que cada militante, independientemente de su pertenencia a partido alguno,  o sensibilidad, pueda optar con garantías a que sus valores e ideas prosperen, lleguen, participen y ellos mismos como actores, puedan estar, ser, participar al fin y al cabo.

En este tiempo algunas alusiones a determinados espacios, posiciones y compañeros/as, absolutamente insultantes para mí, han sido continuas y muy desagradables: han ido desde ser una “minoría insignificante“ y no representar a nadie (¿puede decirse tamaña barbaridad de una minoría que es parte del propio espacio político?), hasta las sentencias sumarísimas sobre ser muletas del PSOE o la izquierda del régimen (cualquier militante andaluz conoce nuestra animadversión a sus modos y desde el primer año de co-gobierno con el PSOE en Andalucía algunos fuimos claramente críticos con él, mientras que las otras dos candidaturas a coordinar IU están apoyadas por exconsejeros o directores generales de la Junta, legítimamente) pasando finalmente porque éramos “boicoteadores” del pacto por pedir simplemente una votación concreta del acuerdo.

Estos compañeros/as, que no se cortan lo más mínimo a la hora de expresar estas poco integradoras y muy duras conclusiones, en cambio nos reprochan continuamente que opinemos sobre procesos, procedimientos o diferencias de corte político (no se me ocurriría a mi tildar de mayoría insustancial a ningún sector, ni quisiera pasar por el trance de expulsar de ningún órgano a los representantes de uno de nuestros partidos, como les ocurrió a Montserrat Dominguez y Esperanza Martínez, o llamar zapador a ningún compañero que simplemente discrepe de las formas concretas de cualquier línea o estrategia política que emprendamos en general).

Las diferencias se exponen, se debaten, se tratan y, finalmente, se definen y los que pretendemos coordinar al colectivo somos representantes y garantes de exactamente toda su diversa riqueza y no de una parte.

He pegado carteles de Willy Meyer (dos ocasiones), Gaspar Llamazares y Cayo Lara (una ocasión), Diego Valderas (otras dos ocasiones), Antonio Maíllo (una) y Alberto Garzón (dos ocasiones en pocas semanas), además de una cantidad de candidatos provinciales equiparable al del resto de convocatorias. Como toda mi asamblea de base, a la que tanto le debo y a la que respeto con veneración, de cara al 26J y junto a los ‘compas’ de PODEMOS, volveremos a hacerlo.

Tengo claro que aquellos/as que tenemos un criterio propio, aunque sea con argumentos políticos y con serenidad, diferente al de la mayoría, en los modelos de IU que se nos proponen por otras opciones, tendremos poca o ninguna posibilidad en el futuro de ser parte de los llamados a representar a Izquierda Unida más allá de nuestros espacios locales (por mucha razón que tengan nuestros posicionamientos o propuestas, o por mucho que valgan nuestros/as representantes: el estigma nos acompañará). Nunca habrá carteles nuestros/as que otros tengan que pegar: pero ni falta que hace, porque el valor de nuestra esencia es la valentía de expresar nuestros principios. Como nadie, desde siempre y hasta el final.

Si algunos no hubiésemos pedido primarias abiertas desde hace dos años ahora mismo no las habría; si algunos no hubiéramos pedido mayor transparencia y una negociación digna con PODEMOS, la coalición hubiera sido en peores circunstancias (y conste que me parece bastante mejorable, aunque necesaria); y si no hubiésemos pedido reiteradas veces refrendar los acuerdos concretos, no hubiéramos podido ratificar ni siquiera las preguntas sobre el pacto.

El coste es el estigma, pero es un orgullo levantar esas voces, aunque me entristece y por eso también lucharé porque creemos dinámicas que controlen el ejercicio del poder, lo repartan, lo fiscalicen, lo hagan colaborativo y horizontal: lo hagan transparente y amable. Lo que intenta la ‘Revolución Democrática’ es precisamente eso, sin más: garantizar un ejercicio democrático, plural e integrador del poder, máxima que desde el 15M de hace un lustro ningún sujeto político ha cumplido y que es una exigencia de las sociedades democráticas y civilizadas de hoy día.

En un contexto social de crisis del modelo político del 78, necesitamos dosis adicionales de audacia, rebeldía y coraje para confrontarnos con los poderes que harán todo lo posible para que nada se mueva. A tiempos de radicalidad social y democrática le corresponden unas valentía y radicalidad internas igual de exigentes: asumir y dar ejemplo a partir de propuestas internas de organización y representación que rompan también con los clásicos sistemas de representación y organización políticas; proclamar una ruptura social en lo externo y ser un simple reformista en lo interno es un error, además de una flagrante contradicción.

Haber apostado por frentes amplios y primarias antes de que naciera PODEMOS (y no lo hicieron otros/as) a algunos nos avala; apoyar listas abiertas, coportavocías o separación de poderes en lo interno, que acaben con las mesas de camilla y con la política de bloques en el interno (y no lo hicieron otros/as) a algunas nos avala; apelar al diálogo y el encuentro como medidas para gestionar las diferencias (y no azuzar los desencuentros y tomar decisiones drásticas y frentistas, que es lo que hicieron otros/as, con situaciones muy dramáticas como la desfederación de Madrid o el proceso de primarias de Unidad Popular en Sevilla),  también a algunos/as nos avala. Tenemos un modelo y es un modelo de éxito.

Yo llevo cerca de 10 años militando en IU, la mayor parte de ellos como independiente. Mi vínculo con Izquierda Abierta comienza hace cuatro años precisamente por aquellas premisas que empezamos a defender y aún hoy siguen vigentes: frente amplio de izquierdas; democracia participada y transparencia en el funcionamiento de nuestras organizaciones; una apelación constante al entendimiento, fraternidad y generosidad entre las izquierdas; y la reivindicación de una izquierda solvente y ganadora, ni subsidiaria del PSOE ni de ningún otro espacio político (hoy existe PODEMOS). Como ‘Compromis’ demuestra que es posible en Valencia o ‘MES’ en Baleares (y otros muchos ejemplos), es lo que aspiramos a conseguir, desde nuestra posición minoritaria pero propositiva, en IU.

No obstante, no soy Gaspar Llamazares ni Teresa Aranguren y no comparto la totalidad de sus opiniones, como es sano que ellos/as no compartan la totalidad de las mías, pero defenderé siempre el derecho que tengan y denunciaré la indignidad en el ataque que sufran, de expresar esas ideas, de disentir, de enriquecernos opinando, fomentando la discrepancia constructiva y dialogante: tal y como intento hacer en el ejercicio de la Alcaldía.

 Esa necesaria pluralidad, que es la de la sociedad de hoy en día, esa unidad diversa, esa complementariedad colaborativa y no competitiva que algunos defienden hoy en el acuerdo de PODEMOS, es exactamente la aspiración que algunos llevamos teniendo con respecto a IU desde hace años; trabajaré por ello también.

 Y por el derecho de cada militante a disentir sobre los procesos que crea oportuno, con las garantías democráticas suficientes con respecto a su posición y salvaguarda. A veces he disentido no sólo con respecto a IU, sino también con respecto a IzAb: he dejado constancia, expresando mis motivos, siempre políticos y siempre enunciados con el mayor de los respetos posible, de determinados posicionamientos en los que la conciencia y el debate profundo han permitido la diversidad de opiniones en IzAb. Por ejemplo, voté contra el plan de ajuste de IU porque el fracaso de la línea política de ‘Unidad Popular’, sin críticas por sus defensores, terminarían pagándolo los trabajadores/as y territorios de IU, que habían tenido poca o ninguna capacidad de influencia en esa mortecina estrategia. Existen más ocasiones. Lo importante es que en el espacio que defendemos esa discrepancia se valora, se mima y si el tiempo le da la razón, en lugar de apartársenos, se nos anima.

Votos particulares, pequeñas muestras de que el valor de la conciencia, de los principios, de los modelos que defendemos, serena pero firmemente, pueden ser expresados y, a pesar de mostrar cierta discrepancia, deben ser respetados en el seno de organizaciones plurales y que no quieran uniformarse. Hoy, aquellos/as de IzAb que siguen en IU y, a pesar del desafecto y desilusión que todos estos trasiegos nos han causado, también saben reconocer esa valentía a la hora de perseguir unos principios, de mantener unas convicciones esencialmente democráticas y pretendidamente ganadoras.

Por ello la candidatura #RevoluciónDemocrática es plural, con miembros de muchos de los partidos y territorios que conforman IU; por eso mantenemos el firme compromiso común de defender el espacio de la pluralidad y luchar por las garantías democráticas dentro de IU; y por eso, independientemente del tamaño, estamos más interesados en la calidad de las propuestas que vayan a engrosar ese espacio de garantías contra la uniformidad, el pensamiento único y el hiperliderazgo que corremos el riesgo de sufrir.

Por eso, en última instancia, y apelando al corazón de la esforzada base de Izquierda Unida, necesitamos tu ayuda y te pedimos tu apoyo. 😉

(*) Tasio Oliver es candidato a la coordinación general de Izquierda Unida por Izquierda Abierta.