“Por eso voté al PP” (o nuestra tarea tras el 26J)

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Hugo Martínez Abarca *

Hugo-Martínez-AbarcaAnda circulando por la red un vídeo con una de esas entrevistas a "ciudadanos anónimos" en la que una señora cuenta varias cosas.  En primer lugar que a ella, que también es pobre, le escandaliza que desahucien a una persona de 80 años por haber avalado la hipoteca de su hijo; en segundo lugar, que "de política no sé nada pero sólo sé que vienen a embolsajarse [parece que se refiere a meterse en el bolso propio lo que es de todos] y embolsajarse y embolsajarse.... ¡y a pagar el pobre!"; y en tercer lugar que "por eso voté al PP, porque más vale malo conocido que bueno por conocer y lo celebré y aplaudí y todo".

Como era previsible el efecto del vídeo es generar la lógica risa. Esta señora no tiene ni idea, pensamos de primeras: si votas al PP, no digas que defiendes a los pobres y a los desahuciados frente a los que están en política para robar y que pague el pobre.

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Quién no se ha reído en algún momento cruelmente de gente así. Quién no ha dicho eso de "ser más tonto que un obrero de derechas" y se ha sentido confortable con portadas de revistas satíricas que tienen vetado hacer escarnio de reyes pero se permiten llamar gilipollas a los votantes del PP y del PSOE a toda portada: algo sin duda legítimo en una sátira, tentador en la barra de un bar y suicida para quien quiera comprender qué pasa.

Por supuesto quienes tomamos a nuestro pueblo como mayor de edad, consideramos a nuestros compatriotas responsables de sus decisiones. Ser demócrata no quiere decir que el pueblo siempre lleve razón sino que el pueblo es el único legitimado para que sus decisiones recaigan sobre lo colectivo. Esas decisiones pueden ser erróneas o acertadas: tan erróneas o acertadas, al menos, como cuando es una élite la que toma decisiones sobre todo un pueblo pero esta vez sin legitimidad. El pueblo no es el que más acierta, sino el que más ordena. Por eso quienes pensamos que el pueblo debe mandar y que lo acertado por nuestra parte, como pueblo, sería que adoptáramos otro tipo de decisiones lo que tenemos que hacer no es mirar con arrogancia y desdén a esa parte de nuestro pueblo que no toma esas decisiones sino intentar entender qué mecanismos están operando para que solo una minoría (¡una minoría mucho mayor de la que habríamos soñado hace poquísimo tiempo!) apueste por cambios democráticos que conduzcan a mayor libertad, igualdad y derechos humanos para sí. Y una vez entendidos esos mecanismos, combatirlos para facilitar decisiones más racionales y, por tanto, libres de nuestro pueblo, es decir, para buscar más democracia.

Estos días se escucha una suave crítica a Pablo Iglesias por decir que intuye que buena parte de la pérdida de voto de Unidos Podemos ha sido porque a gente a la que gustábamos como voto protesta le ha dado miedo apoyarnos cuando el voto podía colocarnos en el gobierno, hacer del cambio retórico un (intento de) cambio político real. Se critica que “Pablo Iglesias evita la autocrítica”.

Sólo quien no haya leído y escuchado la transparente hipótesis de trabajo con la que funciona Podemos puede pensar que eso no es una dura constatación de no haber cubierto los objetivos pese a que fríamente los cinco millones de votos y 71 diputados sea un resultado maravillosamente histórico en este país. No habría ese resultado histórico si el objetivo de Podemos hubiera sido estar muy satisfecho de llevar razón y darse golpes de pecho exhibiendo tanta luz y coherencia en vez de soltar los enganches ideológicos del poder en el pueblo, romper inercias de automutilación y sustituirlas por nuevas gramáticas y estructuras políticas que fuesen eficaces en intentar que lo que pensamos que es razonable parezca razonable a nuestro pueblo. Esto último, por cierto, debería ser el empeño de todo ciudadano demócrata.

El objetivo era ganar estas elecciones, esta prórroga. No era una locura: había datos para pensar que era posible y dimos esa batalla que poco antes habría sido impensable. Si fracasar es frustrarse una pretensión, hemos fracasado en nuestra pretensión de que nuestro pueblo diese el paso en una proporción suficiente hacia el bloque de cambio representado por Unidos Podemos. Quien piense que no hay autocrítica en el “hemos dado miedo” no ha entendido nada de lo que hemos hecho y vamos a seguir haciendo para intentar que una mayoría social se identifique con el proyecto de cambio que, pensamos, le beneficia y que siga pensando que dan menos miedo estos falsos moderados que tanto les han quitado. Si damos miedo es porque algo no nos ha funcionado como intentamos más allá de los instrumentos del poder con los que ya contábamos.

Parece haber consenso en que se cierra el ciclo de frenesí electoral de estos años (excepto para los gallegos y vascos, pobrecitos míos). Quizás estemos pecando de exceso de confianza en los partidos turnistas y su capacidad de formar, esta vez sí, gobierno. Pero asumamos como, al menos, muy probable que, por fin, va a haber un poco de tiempo para pararse a hablar, pensar, tejer y hacer.

Tendremos que convenir que es poco menos que imposible construir un pueblo en dos años como los que dejamos atrás en los que no hay más que procesos electorales crecientemente históricos. Ha habido tiempo de construir un gran relato pero ni siquiera ha habido uno sólo sostenido en el tiempo debido a las cambiantes condiciones políticas y sociales en unos años muy dignos de ser estudiados. En ningún caso ha habido condiciones para construir un pueblo con un relato de país distinto. Eso lleva tiempo y se construye con pausa.

Cuando escuchamos, con distintas palabras pero con contenidos muy parecidos que lo que toca es pasar de ser partisanos a ejército regular o que el Podemos que ganará un gobierno tiene muy poco que ver con el Podemos maquinaria electoral que hemos conocido, probablemente no debamos pensar sólo en el Podemos “partido institución” sino en la tarea de construcción de pueblo que ahora, por fin, tenemos condiciones de poner en marcha de acuerdo a una hipótesis política profundamente compartida por muchos matices que surjan.

Esa construcción de pueblo no pasa sólo por la imprescindible estructuración del partido como organización que sustente la titánica tarea que hay por delante y garantice su perdurabilidad en el tiempo. Eso es fundamental pero no es suficiente. Construir pueblo necesita mucho más que una estructura de partido: necesita espacios de construcción de identidad que van desde la cultura y los medios de comunicación hasta los bares y los espacios de ocio, necesita referencias en los centros de trabajo y en los sindicatos, tejido empresarial, universitario, intelectual, construcción de memoria de España emancipadora, diversa, ilustrada… Necesitamos construcción de país.

El reto de construir pueblo implica luchar por una nueva cultura que no busque que la señora de ese vídeo se levante un día diciendo “es verdad, llevo toda la vida siendo gilipollas” sino que, simplemente, los parámetros que le llevaban a tomar decisiones políticas (parámetros que suelen estar mucho más en lo cultural, religioso o nacionalmente asociado a “la derecha” que en los valores morales de ésta y por supuesto que en tomas de decisión lógico-racionales y por eso la retórica izquierda-derecha resulta funcional al poder) ya no operen como ataduras del poder para conseguir un pueblo encadenado. Es imprescidible difuminar la gramática política que cristaliza en el 15M. Y lo tenemos que hacer con el tino y las flexibilidades suficientes para que ello no suponga una tensión con los cinco millones de ciudadanos que ya han optado por el cambio: esa es una joya cuya preservación es prioritaria y en absoluto incompatible con esa construcción de pueblo, todo lo contrario.

Para eso, por fin, hay tiempo. Y las condiciones de partida, el reparto de cartas tras este ciclo electoral, son tremendamente favorables: cinco millones de votantes, 71 diputados nacionales, muchos diputados autonómicos por toda España, los gobiernos municipales más importantes. Tenemos unos cuadros dirigentes cuya capacidad, coraje y unidad han conseguido cosas inimaginables hace poco. Y sobre todo miles de militantes que buscan horas debajo de las piedras para un proyecto de país en el que creen: esas horas por fin no serán sólo para campaña electoral. La tarea que se abre es una responsabilidad histórica quizás mayor que la que se ha logrado desarrollar hasta ahora y exige toda nuestra generosidad mirando hacia afuera, hacia arriba y hacia mañana.

(*) Hugo Martínez Abarca es diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid y autor del blog Quien mucho abarca.
7 Comments
  1. rml2016 says

    En realidad estás diciendo que configuremos los nuevos «engaños», los nuevos mitos y arquetipos para tener a la población tan equivocada como lo está ahora con el PP, en eso se resume la construcción de país por lo que entiendo. O es así o simplemente no llamas por su nombre a la falta de criterio.

  2. Ivdiaz says

    Muy buen artículo Hugo.
    Llevo tiempo pensando que a Podemos le toca comenzar a crear estructuras que permitan ayudar al pueblo incluso fuera de las instituciones.
    En el medio rural es más fácil que la teoría del miedo cunda y para evitarlo lo más sencillo sería ayudar a los que lo necesitan facilitando su desarrollo con esa cercanía se «crearía pueblo» sin miedo y preparado para afrontar el cambio anhelado

  3. Pepe Grilo says

    De verdad, que detrás de un proyecto apasionante cómo veo sin embargo un discurso vacuo, nebuloso y nada convincente. Hasta sospechoso, si me apuras. Esa es mi sensación.

  4. juanjo says

    sí, sí. Pero con vídeo o sin video así fue.

    es tristísimo; pero date una vuelta anónima por los bares de los barrios obreros y de las clases medias, y podrá ver que POdemos originó confusión y miedo e hizo que muchos votantes se inclinaran por los corruptos y ladrones

  5. guss says

    Completamente de acuerdo.
    Nos falta reconocer también el buen resultado, de la campaña de los castas contra Unidos Podemos. Creó que en esta ocasión no lo homentado, y creo han hehco mucho daño con sus ataques, para no perder el cortijo, y las mordidas

  6. Pink Flower says

    A mi me gustaría que en algún momento dejaran de considerar tontos a los que no les votan a Ustedes y tontos+ignorantes a los que votan al PP. Al final va a ser que la gente si escarmienta en cabeza ajena y mira a los países donde se ha implantado el modelo que propone Podemos (UP).los resultados son los que son y ahí están para ver. Por otra parte como dice algún otro comentario, da la sensación de que el Señor Iglesias salía con unos principios pero que si no gustaban lo suficiente sacaba otros. Y para terminar he de decir que la gente más «visible» en el día a día prestigia o desprestigia al partido que representa Y, señores, al menos los que yo conozco un poquito y/o tengo referencia dan aún más miedo que los del PP/PSOE. Para reflexionar.

  7. Plavi says

    Claro, lo que la señora no va entender es la dinamica !Izquierda-derecha» Lo que va a entender es …» nuevas gramáticas y estructuras políticas que fuesen eficaces en intentar que lo que pensamos que es razonable parezca razonable a nuestro pueblo»

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