Las cloacas de Fernández y sus amigos

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Miguel_Sánchez_OstizLa borrasca que tenía armada el ministro Fernández Díaz por cuenta de las indecentes conversaciones mantenidas con un magistrado encargado de corrupción en las que se armaban campañas de desprestigio contra políticos del enemigo, catalanes o no, basadas en hechos falsos, lleva camino de desinflarse de mala manera. Ni hay dimisiones ni ceses ni se le van a exigir responsabilidades a nadie, como no sea al magistrado De Alfonso por revelación de secretos, si las informaciones que le señalan dan el resultado apetecido para el gobierno. Todo muy honorable. Es posible que aparezca algún pagano, pero de hacerlo será entre la clase de tropa y, de armarse, la comisión de investigación que pide el PSOE dará en donde siempre, en el chirrión. No hace falta ser adivinador del porvenir. Me pregunto a dónde ha ido a parar entre tanto la credibilidad del magistrado como tal, salvo que ésta se sostenga de manera sectaria.

Al exculpar de manera rotunda al ministro Fernández Díaz, la Fiscalía del Tribunal Supremo avala que en España los gobernantes pueden hacer lo que les venga en gana. Tradición por tanto. ¿Que hay leyes? Demasiadas, pero aquellas que sirven para defender los derechos de los ciudadanos son papel mojado cuando se trata de llevarlas a la práctica o de exigir del gobernante actuaciones conforme a derecho, que se ven abocadas a nada. Cunde el hablarán los tribunales como un cínico sinónimo del ya caduco ad calendas grecas por todos admitido con una mueca de impotencia o de burla negra.

¿Es legítimo urdir desde los servicios públicos campañas de desprestigio basadas en la mentira? Legítimo no debe ser pero habitual sí, como lo es la mentira como constante argumentación política y como programa. Si cínico es presentarse como víctima cuando has sido atrapado en una actuación que en cualquier otro país hubiese sido considerada de inmediato delictiva y que es cuando menos indecorosa, peor es buscar y encontrar un amparo legal, institucional y mediático para los hechos cometidos. Sin apoyo mediático, los abusos gubernamentales no hubiesen alcanzado las proporciones que han alcanzado, ni la política autoritaria del Partido Popular hubiera calado de la manera que lo ha hecho en buena parte de la sociedad española. Sin apoyo mediático el gobierno del PP no estaría consiguiendo desplazar la responsabilidad de la conducta impropia del ministro, avalando que el crimen de Estado quede amparado por el secreto. La podre gubernamental está alcanzado grados poco conciliables con un régimen democrático y sí con uno policiaco desde cuya cúpula se acaba de instar a los ciudadanos a la delación con el fin de ampliar el estado de sospecha. Más bajo no se puede caer... no, no es cierto, por pura lógica las infamias se van a seguir encadenando si sigue el PP en el poder.

Sin apoyo mediático, por omisión o apoyo expreso, el saqueo de las pensiones de alcance no del todo conocido y consecuencias sin embargo bien previsibles no habría encontrado este estado de indiferencia social, como si no fuera relevante o como si ni siquiera existiera peligro social alguno, una ligera molestia. El conformismo ciudadano es inducido, un venticello, como el de la calumnia en El Barbero de Sevilla. El Gobierno no explica lo que sucede con el fondo de pensiones ni tampoco con el rescate de la banca, pero eso entra dentro de la lógica aplastante si de un régimen autoritario se trata, en el que con mucho parlamento de por medio, los gobernantes no se sienten obligados a dar explicaciones de nada. ¿Por qué las van a dar si el juego político sucio es la norma? Sería un contrasentido. Aquí, sinsentidos muchos, pero no de esa clase. Cuando un personaje como Fernández Díaz tiene un acta de diputado y vida pública activa, todo es posible. Habrá que considerarlo ya un personaje de la galería de nuestra negra historia política, alguien a estudiar si no en su ciencia política, sí en su patología.

Un país en el que los servicios públicos sostenidos por el conjunto de la ciudadanía, los policiales entre ellos, pueden ser utilizados de una de manera sectaria con intención de causar daños personales resulta inquietante, porque si con unos políticos hacen lo que han hecho –casos Pablo Iglesias y CDC– mete miedo lo que pueden hacer, alentando encima la delación, con los ciudadanos que no tienen nombre y sí esa existencia precaria de la mayoría. Los abusos están servidos, la indefensión e inseguridad jurídicas también, que de eso se trata, de debilitar a la ciudadanía.

(*) Miguel Sánchez-Ostiz es escritor y autor del blog Vivir de buena gana. Su última obra publicada es El Botín (Pamiela, 2015).
1 Comment
  1. Kaleidoscope says

    Pues si, asi és, estoy totalmente de acuerdo con su exposición… Pero recuerde que recientemente casi 8 millones de conciudadanos votantes han concluído que todo eso NO les preocupa y que TODO está correcto.
    P.D.: De la verguenza de los medios de (des)información fundamentalmente endeudados y deficitarios, podríamos y deberíamos hablar largo y tendido, pero mientras no se corten las vías de financiación públicas (de tod@s) vía publicidad institucional seguiremos en debates tan «importantes» como el fútbol, el ciclismo, los chascarrillos varios y cortinas de humo en general.

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