Dylan, eternamente incómodo

Bob Dylan, ajeno a la concesión del premio Nobel de Literatura, continua con sus compromisos musicales. Imagen de los conciertos que actualmente está dando por EEUU. / Bob Dylan (Facebook)
Bob Dylan, ajeno a la concesión del premio Nobel de Literatura, continua con sus compromisos musicales. Imagen de los conciertos que actualmente está dando por EEUU. / Bob Dylan (Facebook)

He disfrutado mucho estos días con el Nobel de literatura concedido a Bob Dylan. Por un lado, porque el cantautor de Duluth, Minnesota, forma parte de mi vida a nivel no solo musical, también emocional, intelectual y por supuesto literario. Dylan es mi poeta. Dylan es mi juventud, la banda sonora de mis años de formación, de una vida que ha evolucionado en paralelo a su sonido. Del folk al rock, de la sencillez acústica a la complejidad eléctrica, de la inocencia y la rebeldía al escepticismo y la rabia. Concediéndole el Nobel la academia sueca está dándole las gracias, en mi nombre y el de otros muchos, al poeta caótico, al cantautor con banda, al alumno de Woody Guthrie y Leadbelly, al maestro de Springsteen y Waits, al eterno vagabundo, al avinagrado maestro, al merodeador y al profeta, al líder de un grupo embarcado en una gira interminable. Gracias por tantas grandes canciones, por enchufar la Strato, por no dejar de subirse a un escenario, por repartir tanta felicidad durante tantos años.

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También he disfrutado mucho estos días, no lo negaré, con las miserias de mediocres, resentidos y manipuladores. Cincuenta y tres años después de escribir “The Times They are a-Changin”, Bob Dylan sigue irritando a los intransigentes, descolocando a los conservadores, escupiendo a la cara del poder y sus cómplices. “Con Bob Dylan se entra al trapo del mundo de hoy, cuyos mimbres son la frivolidad, la superficialidad, la espectacularidad, el infantilismo y, por supuesto, el relativismo”, escribía en El Mundo Sánchez Dragó, en una columna titulada “Escupitajo a la literatura”. Mi eyaculador interior favorito remata su brillante pieza con una sutileza: los miembros del jurado del Nobel que ha dado el premio a Dylan son “una pandilla de dinosaurios borrachos”. Auténticos piropos, si los comparamos con los vertidos en el mismo diario por Jiménez Losantos: “el Gordo de las Letras de este año, una mamarrachada… Le han dado el Nobel de Literatura por demagogia y corrupción política”. cutzhpixeaaygcc

Pero quizá con quien más me he divertido ha sido con La Razón y su titular de portada: “Bob Dylan ¿Nobel de literatura?”. El diario que solo unas horas después dedicaba el mismo espacio a la grandeza del premio literario menos literario y más cutre y tramposo imaginable, “Un Planeta redondo”, dudaba de los méritos de Bob Dylan. Con dos cojones.

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La Academia Sueca ha renunciado a comunicarle directamente a Dylan que ha sido distinguido con el Nobel de Literatura, después de cuatro días intentando ponerse en contacto con él sin éxito. Es imposible no querer a este tío. A sus 75 años, huraño y roñoso, agarrotado en escena y melancólico en la vida, enredado aún en los blues de Memphis, cantando por Sinatra con su maravillosa rinorrea… Dylan sigue incomodando. Lo cual significa que sigue vivo y en plena forma. Y que aún es necesario. Su gran lección sigue vigente: “No critiquéis lo que no podéis comprender”.