Efectos expansivos de la bomba del PSOE

Jesús López-Medel *

Jesús López-MedelUna bomba tiene unos efectos que van más allá de donde está situado el artefacto. Una explosión tiene una onda expansiva que puede ser grande y unos radiación y consecuencias que llegan a otras zonas. Igual que un suicido por medios especialmente destructivos hace que se extiendan y expandan  los restos  y vísceras.

La autodestrucción por bomba expansiva que han generado los socialistas ha producido el efecto esencialmente deseado: evitar que en una semana el defenestrado Pedro Sánchez pudiese llegar a un pacto de gobierno con fuerzas progresistas de izquierda y una variada tipología de nacionalismos. Evitaron ellos, como partido que forma parte del sistema, que este pudiese quedar afectado por la irrupción de unos muchachos peligrosos cuyo pecado de sanear la podredumbre preocupaba mucho a los más instalados y poderosos.

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Lo han conseguido a base de un daño letal. Y durará durante lustros, inhabilitando largamente al Partido Socialista para poder ser alternativa. Se irán difuminando aún más y, con su nula credibilidad, su valor pasará a ser marginal. No hay más que ver los efectos del abrazo de la gran coalición en Alemania donde el apareamiento entre los dos principales partidos, aunque allí pactaron previamente los objetivos, está hundiendo cada vez más a los socialdemócratas germanos. El abrazo del oso.

Pero aún más tremendo es que aquí ese apoyo ha sido a cambio de nada. ¿Han pactado algo PP y PSOE? ¿Han dialogado? ¿Sacan alguna ventaja o compromiso de que el partido mayoritario apoye alguna iniciativa con dimensión social? Pues no. Nada de nada. Un gran aplauso a los chapuceros golpistas de Ferraz. Quedarán atados de pies y manos. ¡Y eso, gratis!

Pero decía, hay otras consecuencias expansivas en las que quiero centrarme. Se trata de los efectos que va a provocar en el poder territorial más allá de Madrid, el gobierno Central y las Cortes Generales. Sobre todo en los que alentaron el golpe en ese partido tan medieval a base de reinos de taifas. Una cosa es un partido federal y otra el ser un partido feudal.

Me refiero a lo que supone que en todas las Comunidades Autónomas que gobierna el PSOE (salvo Andalucía), lo hace porque Podemos les sostiene parlamentariamente. Y lo más curioso es que han sido los dirigentes de esas Comunidades Autónomas, alentados por la sultana, los que más batallaron para laminar a Pedro Sánchez en su intento en marcha (aunque no público) de intentar un gobierno con otras fuerzas y desalojar al PP.

Cierto es que esa aplicación de partido más votado en ese segmento hizo que Podemos y sus confluencias tengan alcaldías importantes: Madrid, Barcelona, Cadiz, etc. Pero son varias las Comunidades Autónomas (con mucho más poder y capacidad económica que los Ayuntamientos) en las que gobierna el PSOE gracias al apoyo de Podemos o su coaligado. Y es muy llamativo que varios de esos presidentes autonómicos que lo son por lo expuesto, hayan sido muy activos en evitar a toda costa un acuerdo con el mismo partido que les da soporte a ellos en sus territorios.

Hasta ahora Podemos sólo ha lanzado algún mensaje en Castilla la Mancha pero no ha reaccionado rompiendo lazos. Es inteligente esa actitud, pero sucederá que con el tiempo reciban algún castigo en alguna votación aislada para que recuerden esa dependencia. Además, veremos los resultados en unas elecciones autonómicas y locales para las que quedan dos años y medio y qué efectos tendrá la alianza en Madrid con la derecha y la desmovilización de una militancia muy decepcionada.

Así como con esa decisión del PSOE de apoyar o posibilitar (es lo mismo) que siga el PP y Rajoy les va a eliminar por lustros su llegada al poder central, las consecuencias expansivas pueden ser muy amplias y llevar consigo la pérdida de poder en la gran mayoría de territorios como Comunidades Autónomas en las que hoy gobierna y preside. Eso será el anticipo del gran réquiem en las generales.

(*) Jesús López-Medel es abogado del Estado.