La autocrítica y su prestigio

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Jorge Alemán *

Jorge-AlemanSiempre me interesó la idea sartreana de la "mala fe", esa actitud que intenta encubrir las consecuencias de una decisión justificándose en "circunstancias" externas u obstáculos que surgen de la propia realidad. Para Sartre estamos en la "mala fe" cuando nos justificamos en nuestra elección alegando la presión de las circunstancias.

En cierta forma, hay una idea más elaborada de esta cuestión en la lectura lacaniana del "alma bella" de Hegel: la pretensión que implica denunciar el desorden del mundo sin reconocer la propia implicación en lo que se denuncia. Lacan, menos conciencialista y humanista que Sartre, llega a ver en esta posición una dimensión estructural y constitutiva a la que siempre tendemos. Por ello su exigencia ética tan difícil de sostener: aceptar las consecuencias de la elección de nuestro deseo sin ampararnos en excusas y en justificaciones.

Pero en el Neoliberalismo actual, y esto ya se ejerce desde los medios desde hace mucho, existe una deformación perversa de este asunto: un poder financiero-corporativo destruye con todos sus dispositivos a su alcance una posibilidad transformadora de lo político y en cuanto se denuncia  dicha operación surge de inmediato la idea de qué se está capturado en una versión conspirativa y paranoica, que incluso atenta contra la libertad de prensa democrática. Esto se ha convertido  en una matriz, con variantes distintas, del argumentario típico del poder de las derechas. De este modo, cualquier acto de resistencia al poder corporativo es el intento de no asumir la propia responsabilidad.

En otros términos, la orden es la siguiente: te matamos, te intentamos destruir de todas las formas posibles y además debes ser responsable y aceptar como un ejercicio de libertad cívica tu propia destrucción ya que, de lo contrario, sólo estás buscando culpables. En suma, se trata de un procedimiento a través del cual la propia víctima debe aceptar su castigo como una consecuencia lógica de la situación y las fuerzas que la dominan.Por ello, porque la coartada se repite una y otra vez, en los tiempos que corren, hay que ser muy prudente con el prestigio ya instalado de la palabra "autocrítica".

No hay autocrítica que finalmente no sea un tiempo del proceso interno de elaboración de la Crítica. Y la Crítica siempre intenta establecer el límite de la coyuntura en la que estamos involucrados. En la Crítica pensamos contra nosotros mismos para ampliar nuestro horizonte y juzgar el alcance del límite de nuestra intervención. La demanda de autocrítica sólo apela al reparto de las culpabilidades.

Por ello, la apelación al prestigio de la autocrítica, tan aplaudida por cierta tradición progresista, muchas veces encubre la agenda del Otro del poder neoliberal, que se toma todo el tiempo  para  que se dimita frente al propio deseo.

(*) Jorge Alemán es psicoanalista y escritor.

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