Luis y sus secretos

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Miguel_Sánchez_OstizDe cuando Mariano Rajoy le envió a Bárcenas los gloriosos mensaje del "Luis sé fuerte" y del "aguanta" y del "hacemos lo que podemos", a ahora, ha pasado mucho tiempo, aunque sea el mismo. ¿Dónde está Luis? Pues la verdad es que en este jolgorio de picotas, encuestas, declaraciones, amañes, no es fácil saber dónde está en realidad el antiguo tesorero del PP, ya señalado como "Luis el Cabrón" y recipiendario de jugosas partidas del arrebuche pepero: el que reparte se queda con la mejor parte. Sus apariciones son discretas, cada vez más, como si se escurriera de las primeras planas. De acusador ha pasado a acusado, sí, pero en acusación tumultuaria, en la que él, con su equipaje de verdades y secretos explosivos, se pierde. ¿Dónde están esos explosivos secretos? A buen recaudo, por lo visto, tal vez vendidos o pignorados de manera pintoresca, tal vez necesite asegurarse el futuro con un "bonito plan de pensiones", que dicen los timadores profesionales, por si los jueces le dejan sin blanca, que en su caso y en el de sus iguales, es mucho dejar. No sería raro porque en España hay desde hace tiempo secretos en venta y testigos venales si llega el caso, o ausencia de estos por lo mismo. Nadie ha visto ni oído nada, hasta que previo pago se demuestra lo contrario, y viceversa. La información de las trastiendas era un negocio. Perote se la vendía a Conde, que compraba, y como él, muchos, en medios de comunicación y sobre todo fuera de ellos.

Bárcenas, el que iba a tirar de la manta y a hacer temblar el régimen y el sistema con él, tal vez se haya dado cuenta de que no merece la pena tirar de la dichosa manta porque por mucho que se tire, no pasa nada, y hasta es posible que no queden ya sino jirones, harapos: a nadie le importa y a pocos de verdad interesa, que se confirme la financiación ilegal del Partido Popular a lo largo de 20 años (según declaraciones de Bárcenas), no desde luego a quienes con sus votos lo mantienen donde está. ¿Y si se probara, qué? Pues nada o poca cosa, es decir, como hasta ahora. Las sucesivas votaciones lo absuelven todo. Con las urnas de por medio y su aplauso, la estricta justicia sobra. Porque lo más grave no son en mi opinión los delitos que sirven de acusación en los macrojuicios de la corrupción, sino la estrecha relación de los delitos que sostienen los sumarios con el aparato político del partido en el Gobierno, asunto este que se trata de desligar sosteniendo que el Gobierno y su partido son una cosa, y los golfos apandadores otra... Los bad boys, ¿recuerdan?, con su burricie y sus antifaces. Pero esto no es Disney, aunque los depauperados tíos Gilitos ya sabemos quienes son; esto está lastrando la vida social española para décadas, proponiendo un modelo social turbio, equívoco, de desigualdad ante la ley, de mucha vida económica soterrada. Hasta es de poca altura intelectual comentarlo porque hoy los pensamiento finos van por otro lado, es decir, por ninguno que sea ni remotamente conflictivo.

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Con todo, Bárcenas aparece como referencia casi obligada en las declaraciones judiciales de "los golfos apandadores" que se sientan en el banquillo no sabemos por cuanto tiempo; hay que buscar mucho en la barahúnda de personajes y personajillos que ocupan la cenagosa escena nacional para encontrarlo en un primer plano hecho picota y púlpito a la vez. Había empezado a empalidecer antes incluso de que retirara su acusación privada en el caso de la destrucción de los discos duros del PP. Como testigo de cargo en la corrupción constitutiva del Partido Popular, Bárcenas y sus secretos tienen una importancia capital, pero lo cierto es que, una vez excarcelado, ha ido desapareciendo en un boscoso segundo plano y perdiendo el sólido protagonismo que tuvo. Una retirada misteriosa la suya, siendo sin duda el primer afectado y quien más interés podría tener en que alguien pagara por haber hecho desaparecer las pruebas fehacientes de la trapisonda de la que él era acusador, disfrazado de jinete justiciero. Qué cosa más curiosa. No creo que sea porque carezca de medios para sostener de manera eficaz su acusación con ayuda de una buena dirección letrada o porque no vea verdadero fin práctico a ese proceso, que si no tiene enfoque político da en nada. Y es que aquí los enfoques políticos no dependen tanto de los hechos como de quién es el acusado o a quién se lleva a la picota, porque de lo que se trata es de que siempre haya alguien en la picota nacional para recibir las pellas del populacho (en la pintura clásica) y de la ciudadanía airada en este guiñol siniestro de nuestro presente, mientras que en el fondo del cuadro y lejos del vocerío airado y su barullo, de las chacotas y maldiciones, se mueven los hilos de la verdadera historia. ¿Y Luis, dónde está Luis, que en la picota estuvo? Me temo que escurriéndose por el fondo de ese cuadro, con rumbo a no sé dónde, pasando por el fuese y no hubo nada.

(*) Miguel Sánchez-Ostiz es escritor y autor del blog Vivir de buena gana.

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