La política

Barberá muere
Rita Barberá en la tribuna de invitados del Congreso de los Diputados, el pasado jueves, durante la apertura solemne de la XII Legislatura. / Chema Moya (Efe)

"La política española nunca ha sido nada alto ni
nada noble". Pío BarojaEl árbol de la ciencia.

Hace sólo unos días se pudo ver a Rita Barberá moviéndose como pollo sin cabeza por los alrededores del Congreso de los Diputados. Era la mañana en que se inauguraba la Legislatura política y la exalcaldesa valenciana buscaba entre los señores diputados de su partido un gesto de cariño, una sonrisa amiga, una muestra de solidaridad. Nada. Barberá parecía desorientada. Era invisible. Sus compañeros en el Partido Popular la habían abandonado a su suerte: esquivaban su presencia y evitaban saludarla. No querían salir en la foto con la política imputada por blanqueo de dinero.

Publicidad

“¡Margui, Margui!”, dijo Barberá levantando la voz ante las cámaras de televisión. Llamaba la atención de un José Manuel García-Margallo que no pudo evitar el saludo. Un par de besos y cada uno por su lado. ¡Qué soledad tan sola la del político investigado!

Pues resulta que entonces va Rita Barberá y la palma. Aún no ha levantado el juez el cadáver y los mismos compañeros del PP que horas antes la condenaron al ostracismo, que la negaron una y tres veces, “que la trataron como un perro” (Pilar Cernuda en Antena 3), se ponen de pie en el Congreso en emotivo homenaje. Homenaje a la política que, no lo olviden, se burló de las víctimas del metro de Valencia desde el balcón del Ayuntamiento. Homenaje al que no se sumó Podemos. “Negar un minuto de silencio es una deshumanización fuera de lugar”, afirmó el socialista Barreda. No sabemos qué hizo el popular Maroto, puesto que en su día dijo que Barberá no había actuado “ni con dignidad ni con ejemplaridad”.

“Me siento enormemente apenado”, aseguró un Mariano Rajoy que confesó haber hablado con Barberá justo antes de su declaración ante el Supremo. “Se ha ido una gran persona, con sus aciertos y errores”, dice José Manuel Barreiro, portavoz del PP en el Senado. Y así la plana mayor popular al completo, los mismos que la habían esquivado horas antes en la puerta del Congreso.

“Ha habido miembros de mi partido que le han dado la espalda, que no se han portado bien con ella”, reconoce Margallo. Pero la mayoría de miembros del PP prefiere buscar culpables en un supuesto acoso judicial y mediático: “Entre todos la hemos condenado a muerte. La presión mediática ha destrozado la vida de una persona honrada”, dice una Celia Villalobos muy ofendida justo antes de esgrimir una curiosa teoría: “Tenemos que llegar a nuevos acuerdos los políticos y los medios de comunicación. Y lo tenemos que hacer con periodistas de tu prestigio y honradez. Tu tienes poder”, exige en Telecinco a Ana Rosa Quintana, la escritora que utiliza negros para escribir sus libros.

Aquellos que le negaron el saludo y le dieron la espalda ahora la convierten en víctima. Y utilizan su muerte para sembrar dudas y abrir un debate alucinante: “Cada uno tendrá sobre su conciencia lo que ha hecho y dicho sobre Barberá”, dice Rafael Catalá, ministro de Justicia.

Así es la política. Nada alto ni nada noble, que decía don Pío.