Como para no volver

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Cristina de Borbón durante una de las sesiones del juicio por el caso Nóos. / Ballesteros (Efe)

La infanta Cristina de Borbón ha dicho en voz alta, en un alarde de sinceridad y lucidez, lo que muchos solo nos atrevemos a soñar: que en cuanto pueda se larga de España para no volver. Será que no se siente española. Como Fernando Trueba, pensarán muchos, pero cambiando la sala de cine por la sala de la Audiencia de Palma. Con un pie en prisión, pero sin necesidad de subvención. Cristina pasa de España, pero pasar pasar no pasa nada, porque su hermano y su padre son reyes de España. Que se dice pronto.

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La confesión resulta tan franca y espontánea que humaniza al ilustre personaje. ¿Sangre azul? ¿Corona real, palacio teatral, impunidad colateral? ¿Malversación, falsedad documental, fraude a la administración, blanqueo? Para nada: es una de las nuestras. Cuando Cristina dice “qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar este país”, está resumiendo el hastío de los ciudadanos por la situación de su lugar de residencia. No hay politólogo, columnista o analista de la actualidad capaz de condensar con tan apabullante sencillez, en una sola frase, la desolación que invade a un pueblo maltratado por la corrupción desbocada, por la política ineficaz, por una democracia de baja calidad. ¡Bravo!

Trueba no se siente español, y por eso debemos considerarle un traidor. Y boicotear su trabajo, pese a que es cultura, genera empleo y da de comer a decenas de familias. Cristina se quiere marchar de España, tras saquearla de diferentes forma y maneras, pero debemos mirar para otro lado porque es una infanta y sale en el Hola! Boicot a su marido, como mucho, que ya no sale ni en el Marca.

Cristina es, si lo pensamos detenidamente, una víctima del marketing, de un fallo en la comunicación, de esa espontaneidad que le pedimos a la Casa Real. Hija de campechano, Cristina no ha sabido vender al populacho que su frase, “qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar este país”, no es consecuencia del acoso a que la somete la justicia por hacerse la tonta (a título lucrativo) mientras su marido se apropiaba, junto a su socio Diego Torres, de 6,2 millones de euros de las Administraciones públicas de Baleares, Valencia y Madrid. No. Sus ganas de abandonar España para siempre no pueden considerarse una fuga, cuidado. Lo que pasa es que Cristina no soporta criar a sus hijos en un país en el que los juzgados reciben 426 denuncias por violencia de género cada día. Cristina no aguanta salir a las calles de un país en el que cada ciudadano tendrá que poner 50 euros para rescatar las autopistas de peaje quebradas. Cristina se desespera con la miseria infantil, las desigualdades sociales, la pobreza energética, la fuga de talentos jóvenes, el fracaso escolar, la saturación de la sanidad pública... Cristina no tolera que su Iñaki cargue con el mochuelo, y se pase en chirona los 19 años y medio que solicita el fiscal Anticorrupción Pedro Horrach mientras que ella quizá solo tenga que pagar una multa. De ninguna manera. Un país así es insoportable. Tanto como para irse y no volver a pisarlo, ¿verdad?

2 Comments
  1. Julio Gómez says

    España es uno de los países que en los últimos años ha visto cómo salían a la luz más casos de corrupción por parte de sus dirigentes. De ahí que no sólo se haya producido un cambio en la mente de la ciudadanía respecto a los políticos o que la nación haya sufrido una grave crisis económica. Pero lo que habría que preguntarse es si la corrupción es culpabilidad de los que ocupan un cargo público (como dijo Lincoln: “Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.») o de la mayoría de ciudadanos del país (como dijo Horatio: «Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá.»). https://planckito.blogspot.com.es/2016/05/espana-y-la-corrupcion-realidades-y.html

  2. francia1789 says

    Pues, visto lo visto, no se yo si el tribunal que está elaborando la sentencia del caso no debería decretar la prisión preventiva para esta señora; no vaya a ser que ponga pies en polvorosa …

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