ALEJANDRO INURRIETA | Publicado: - Actualizado: 17/5/2017 10:54

Alejandro_InurrietaLa sentencia conocida ayer de la Corte de Luxemburgo en relación a las cláusulas suelo, aquellas prácticas puestas en marcha por la banca española para abusar de la falta de cultura financiera de los consumidores y así apropiarse de la bajada de tipos de interés, condena a los bancos españoles a pagar con efecto retroactivo. Este varapalo jurídico, que contradice tanto al Abogado General de la UE, como a nuestro Tribunal Supremo supone el triunfo del poder del consumidor cuando se coopera entre sí y no desfallece.

Esta sentencia se une a las sucesivas sentencias que, de facto, supone la rúbrica a toda una legislación hipotecaria que se ha demostrado lesiva para el hipotecado, creada explícitamente para apropiarse indebidamente de parte del excedente del consumidor y que además utilizaba prácticas coercitivas para conseguir que los ingenuos consumidores firmasen este tipo de cláusulas, sin apenas resistencia. Con ello, y sin transparencia, la banca ha conseguido pingues beneficios, con el beneplácito político y financiero, y la aquiescencia del supervisor, muy preocupado en que los salarios no subiesen en exceso.

En línea con la falta de transparencia y estadísticas fiables del sector, nadie sabe con certeza qué cantidad deberá compensar la totalidad de la banca a los consumidores, algunos de los cuales incluso habrán fallecido o se habrán marchado del país, por lo que el impacto económico global es casi imposible de cuantificar. Las aproximaciones, por inferencia, método habitual de estimación de muchas variables en el sector hipotecario, apuntan a un coste adicional al ya imputado tras la sentencia anterior que limitaba las devoluciones a mayo de 2013 para acá, de algo superior a los 4.000 millones de euros. Esta fuente de renta adicional para el consumidor puede ser una buena noticia en estas fechas, aunque los afectados tendrán que volver a litigar y denunciar de nuevo para recuperar todo lo cobrado o la diferencia si es que ya se ha cobrado una parte.

Para la banca, el impacto será notable, aunque no se notará en resultados porque la mayoría ya lo tenía provisionado, pero sí vuelve a ser un golpe en la reputación de un sector que se ha comportado como una autentica mafia coordinada para estafar a los sectores más vulnerables de la sociedad: mayores, inmigrantes, jóvenes sin formación… pero también a parte de la clase media supuestamente ilustrada. La tan manida confianza en tu director/a de banco que nunca pensaste que te iba a engañar, te ha colocado preferentes, acciones de Bankia, hipotecas con cláusulas suelo, warrants, bonos de países como Argentina cuando estaba a punto del corralito… sin que nadie les haya afeado su conducta públicamente.

Con todas las evidencias de estas prácticas declaradas ilegales, todavía no se ha juzgado de forma conjunta a todos los estamentos que han permitido esta apropiación de fondos de la parte más débil de la sociedad. Cuando las Cajas, pero también la banca privada como BBVA o La Caixa, pero también Popular o Sabadell, llenos de grandes expertos, asesores y servicios jurídicos muy solventes, han permitido y alentado estas prácticas, ya que sabían que jugaban con ventaja. El supervisor era un aliado fiel de todas las prácticas declaradas ilegales, y el Gobierno y los medios estaban vendidos a su suerte, ya que financiaban la deuda pública y sostenían los grandes grupos de comunicación, cuya inyección en vena de fondos (y publicidad) les ha permitido sobrevivir de forma milagrosa en un mundo en el que prácticamente ya nadie compra un diario en papel.

Esta sentencia puede cerrar un ciclo que es el que ha elevado la burbuja inmobiliaria y financiera  a categoría de política de Estado y que ha estado también sostenida por una justicia española perezosa y pusilánime que ha preferido defender la cuenta de resultados de la banca, como se demostró con las últimas sentencias que desestimaban la retroactividad de la devolución de lo estafado, que preservar la justicia más lógica, como ha hecho la Corte de Luxemburgo, aislada de las presiones del lobby bancario.

La época dorada de la banca, que abría oficinas al mismo tiempo y en el mismo lugar de las obras que se iban planeando, de los prestamos fáciles, de las titulizaciones que ahora provocan que nadie sepa de quien es el préstamo de los millones de desahuciados, y de los ingresos extra por el trasvase de rentas espurias de los consumidores víctimas de los sucesivos timos para iniciados, como las preferentes, y muchos otros derivados financieras, parece que llega a su fin. La llegada de la revolución digital les ha pillado a muchos bancos actualizando libretas y cobrando comisiones simplemente por depositar dinero, en un alarde de trampa permanente para justificar que ya no hay negocio. Los consumidores, poco a poco, han dado la espalda a un entramado que ha provocado grandes dosis de sufrimiento y ha esquilmado a muchas familias parte de sus ilusiones, sin que nadie, hasta ahora, les haya reconfortado por tanta maledicencia organizada.

Los sucesivos gobiernos han dado la espalda a los afectados, tanto el PSOE, como el PP, porque su tesorería también depende de que la banca tenga remanente para lubricar las paupérrimas cuentas de estos grandes partidos, Un ejemplo ha sido la nula colaboración del Banco de España y la CNMV en la defensa de los grandes estafados financieros, como han sido los preferentistas, desahuciados con una ley hipotecaria que debe ser declarada ilegal en su totalidad, los afectados por Forum y Afinsa, y ahora por las cláusulas suelo.

En resumen, la banca ha perdido una batalla más ante la opinión pública. Lo de menos es si ahora baja en bolsa o tiene que provisionar más. Los bancos más pequeños y medianos, como el Popular, pueden sufrir algo más, pero saben que nunca les dejarán caer, que son inmunes a la apropiación indebida y a las malas praxis, por lo que tratarán de endosar los costes adicionales a los sufridos consumidores que todavía soportan estoicamente cobros de 9 euros por transferencia de 2000 euros, y similares. Estos episodios deben hacer reflexionar a todos los consumidores en la línea de internalizar que el gran poder que atesoramos es la unión y la cooperación ante la estafa. Campañas masivas de retiradas de fondos, parecen simbólicas, pero se ha comprobado que la reputación es tan importante como el diseño de los cajeros.

Como colofón, cabe felicitar a estos héroes anónimos que han sido los desencadenantes de estas sentencias después de gastarse sus fondos en abogados y procuradores y que ahora millones de free riders se aprovecharán y cobrarán un dinero con el que no contaban. Y como moraleja, nunca más confiar en los directores de oficina de su banco, cuya formación es aún más deficiente que la suya y solo se aprenden de memoria una serie de productos financieros, en su mayoría tóxico, y que tendrán que colocar para cobrar su bonus y para preservar su puesto No seamos tan solidarios con la pobre banca.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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