Donald Voldemort

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Pepe Viyuela *

Pepe Viyuela.Los payasos nos equivocarnos mucho, de hecho en eso consiste nuestro trabajo, pero resulta que a veces, por pura serendipia, acertamos en nuestras predicciones. Acaba de llegar al circo un nuevo mago. Empezó como taquillero y vendedor de palomitas, pero en poco tiempo ha pasado a convertirse en una de las estrellas del espectáculo. Todo un carrerón. Se llama Donald y es tan patoso como el pato. Entre nosotros los payasos le llamamos el nuevo Voldemort y es tan malo que sus trucos se ven venir, se le adivinan las intenciones. Es tan torpe que asusta. Tanto, que uno llega a pensar que quizá, precisamente su torpeza es una pose, algo estudiado que esconde cosas peores. Entre nuestros temores está el de que un día el circo mundial acabe la función con una fiesta de fuegos artificiales atómicos con hongo y todo.

Donald es un tahúr al que se le ven todos los trucos, un mago al que se le nota el gavilán en el bolsillo (no usa palomas), y los ases en la manga (sobre todo tres de ellos: el de bastos, el de espadas y el de oros). Y para colmo es capaz de negar que te hace trampa, hasta el punto de sacar un colt de su solapa y pegarte cuatro tiros si le acusas de fullero. Parece realmente un tipo peligroso.

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Se le ven los conejos (en ese caso comadrejas) en la chistera. Comadrejas que son sus propios pensamientos pasando directamente de su cerebro de reptil al Twitter/chistera con la que es capaz de hacer desaparecer criterios que sostenían equilibrios entre potencias, así como hacer aparecer en el horizonte los más negros nubarrones de cara a la convivencia, el cambio climático, los derechos humanos, la igualdad entre géneros… Es tan imprudente que hasta se deja abrazar por el oso ruso con una temeridad que lleva a dudar sobre cuál es más oso de los dos. Ahora están bailando juntos, pero en cualquier momento pueden llegar a matarse.

A Donald Voldemort se le adivina el veneno en el anillo, la daga oculta en la cintura, el cinismo en la sonrisa y la maldad en cada gesto; es el perfecto ejemplo de malo de película que se sabe que es malo desde el primer minuto; un producto previsible que podría no solo defraudar al personal, sino llegar a cargarse la película entera.

En el caso de Donald sabemos que es el villano incluso antes de entrar al cine. Desde el momento en el que vemos su nombre en el cartel, su cara y su tupé ondeando al viento, sabemos también que raptará a la chica, robará todas las cabezas de ganado, se adueñará del ferrocarril, le birlará sus tierras a los indios y se quedará tan tranquilo tomándose una fanta acodado en la barra del salón (es abstemio, por eso el as de copas no lo usa).

Y si antes de entrar al cine ya conocemos la calaña del sujeto, no me quiero imaginar lo que nos espera en esta película de fantasmas armados en la que se está convirtiendo la realidad política; la cantidad de alimañas y velociraptors que saldrán de sus manos regordetas y coloradotas, de lo que será capaz ese dedo índice acusador y retráctil con el que da o quita la palabra y con el que podría pulsar cualquier botón.

Comenzaba diciendo que los payasos nos equivocamos. Ojalá vuelva a equivocarme cuando digo que sospecho que se avecina una de las épocas más oscuras y lamentables de nuestro circo. Como payaso, suelo acertar con el momento en el que me van a dar el tartazo o cuándo van a pegarme la siguiente bofetada, pero esta vez sospecho que lo que viene no es un tartazo, sino algo que no va a tener ninguna gracia.

El payaso de las bofetadas tiene miedo de que el tartazo universal llegue esta vez en forma de botón.

(*) Pepe Viyuela es actor.

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