Nota sobre Trump y el neoliberalismo

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Jorge Alemán *

Hay una confusión que a mi juicio insiste en la valoración del fenómeno Trump: creer que se ha producido el "fin del neoliberalismo progresista". En esta fórmula hay un problema que luego da lugar a malentendidos. Una cosa es que la amalgama de progres, políticos hipócritas y tecnologías y grupos financieros pertenecientes al espacio demócrata se haya revelado en su impostura frente a un verdadero proyecto popular de signo emancipatorio y, otra, es que Trump sea el fin del neoliberalismo. Precisamente el neoliberalismo no es otra cosa que lo que nombra al capitalismo cuando su maquinaria de guerra necesita prescindir de las apariencias democráticas. En este aspecto, Trump es la encarnación de un viejo fantasma ideológico americano: la amenaza de un Otro extranjero que socava la identidad de la América blanca. La generosidad de América, que como lo dijo en su discurso de asunción, se empobreció para enriquecer a otros. La victimización que la presenta como una nación humillada que ahora se tiene que vengar, etcétera.

Trump no sólo no es el fin del neoliberalismo, sino su continuación neofascista. Y en absoluto es populista, salvo que se confunda a esa experiencia política con una demagogia de reality. El neoliberalismo pone en crisis a los sistemas políticos y a sus representantes, pero no a sus estructuras. Trump ingresa en el espacio donde la incompatibilidad entre democracia y capitalismo de guerra se ha hecho manifiesta y patente.

De  dicha incompatibilidad surge el nuevo neofascismo neoliberal y no el fin del neoliberalismo que tantos intelectuales y políticos pregonan, desconociendo la potencia ilimitada del neoliberalismo y su capacidad de reproducción con nuevas máscaras.

Síntoma y fantasma

Trump no es un síntoma disruptivo que viene a revelar la verdad encubierta por la hipocresía demócrata asesina. Su carácter espectacular e histriónico, junto a su declaracionismo, parecen mostrarlo de ese modo, y entonces se afirma que es un síntoma de la crisis neoliberal del Capitalismo, un retorno a fuentes keynesianas , un golpe contra la globalización, el desmontaje, incluso, del aparato de guerra del complejo militar industrial, etcétera.

Un síntoma en definitiva es un agujero en el saber, portador de una verdad a descifrar como un jeroglífico. Pero ateniéndome a la lógica lacaniana, subrayo lógica para que no se me endilgue que deseo psicoanalizar la política o politizar el psicoanálisis, la categoría que se ajusta a Trump es la del fantasma. Una dimensión transindividual, que no tiene nada de disruptiva ni es portadora de verdad alguna. Más bien es la fijación a un "modo de gozar", donde convergen distintas inercias sociales y políticas, que desde hace mucho tiempo desean llevar ese fantasma al cénit de lo social. 
No hay ninguna crisis del capitalismo, ni del neoliberalismo, ni de la globalización, que ya no es industrial, sino tecnológica y financiera. Lo que ya se empieza a consumar definitivamente es la incompatibilidad entre la democracia y el capitalismo, y es precisamente el fantasma, como dispositivo identitario, imaginario de completud, retorno al origen sin falla y victimización frente a un Otro agresor, el que intenta resolver esa falla. Con ese dispositivo, Trump intenta hacerse cargo de dicha incompatibilidad. Si le funciona, el mundo tendrá rápidamente noticias de esto.

(*) Jorge Alemán es psicoanalista y escritor. Su última obra publicada es Horizontes neoliberales en la subjetividad (Grama Ediciones, 2016).
1 Comment
  1. javier says

    Bueno el neoliberalismo progresista , parece una confusión , se refiere al neoliberalismo económico americano que defiende los derechos civiles , pero no sociales ,en realidad ya era una carcasa , no hay unos sin otros, como ya demostro Chris Hedges lo que se produjo ya mucho antes , fue la muerte de la «clase» liberal

    http://cort.as/sgiQ

    .Es la guerra de clases ,- como dijo aquel millonario americano

    «Hay una guerra de clases, y la estamos ganando los ricos»(Warren Buffett)…

    – y el racismo no solo el xenofóbico , desplaza los conflictos capital trabajo al enfrentamiento de los trabajadores entre sí, autóctonos y emigrantes, blancos y negros , cristianos y musulmanes , es lo que se denomina, la guerra de los ( entre) pobres, Una salida a la crisis global imperial por la derecha . Y al revés de lo que dice Nancy Fraser no se ve como un «interregno» .
    El neoliberlsismo siempree fue autoritario y ademas socialdarwinista tipo espenceriano , la democracia liberal para el es un estorbo.. y el libre mercado siempre fue una falacia , un Estado garante de la propiedad privada, de la represión de las resistencias sociales, y de la permanente acumulación y concentración de capital.

    No importa de la sociedad de la que se trate, la historia del capitalismo, en general, y del neoliberalismo, en particular; es la historia de los aparatos de Estado y sus sistemas jurídicos como los garantes de la reproducción de la riqueza.

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