Es país para embusteros

Jesús_Cuadrado¿Quién es Fernando Martínez Maíllo? Para quienes no le conozcan, ahí va una muestra de su carácter. En abril de 2013 recibía como presidente de la Diputación provincial de Zamora a un grupo de preferentistas atracados como tantos por Caja España-Duero. Estuvo contundente: “La Caja ha tenido una actitud poco honesta con estos ciudadanos”, declaró a los medios ante un impresionado José Luis Redondo, presidente de la asociación de damnificados. Un detalle: Maillo era miembro del Consejo de Administración de esa entidad y en consecuencia responsable directo de la aprobación y puesta en circulación de esos productos tóxicos con los que envenenaron a más de mil quinientos zamoranos. Este es el delfín de Mariano Rajoy, el más destacado entre la nueva hornada de dirigentes de la derecha española.

La filósofa Hanna Arendt, en su ensayo sobre la mentira como herramienta política, retrata con tinta fina la habilidad de los políticos deshonestos para manipular en su propio beneficio las percepciones de la gente. Para estos tipos “no importan los hechos, importa crear una opinión”, sea sobre un corrupto en Murcia, sobre los Presupuestos o sobre la amenaza de elecciones anticipadas. El mal no está en que pongan en circulación cada día narraciones políticas al servicio de su causa, lo grave es que manipulan los hechos. Arendt relata una anécdota que ilustra bien el tema. Cuando a Georges Clemanceau, jefe de gobierno de la Tercera República francesa, le preguntaron sobre qué dirán los historiadores ante la cuestión de la culpa en el estallido la Primera Guerra Mundial, contestó: “No lo sé, pero estoy seguro de que no dirán que Bélgica invadió Alemania”. Maíllo y sus colegas, si es necesario, dirán que Bélgica invadió Alemania.

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Estos días, chapoteando en el Canal de Isabel II, el equipo de fabricación de narrativas trabaja a destajo en el caso de Ignacio González. Me ha sorprendido el grado de agilidad, la antelación milagrosa, con la que han puesto en circulación un relato para la ocasión: Esperanza Aguirre sacrificada como cortafuegos (veremos si se deja), Cristina Cifuentes elevada a los altares y el pobre Rajoy (obligado a declarar en los tribunales sobre corrupción) consagrado como santo inocente. De paso, un poco de leña al juez Eloy Velasco en calidad de “frívolo”. A partir de ahí, póngase inmediatamente en circulación, empezando por los tertulianos “cuota PP”. Tienen un buen desafío los guionistas: dos jefes, Rajoy y Aguirre rodeados de corruptos, y deben condenar a una y santificar al otro. Al toro, artistas. ¿Y los hechos? Bélgica invadió Alemania. Sí, es un país para embusteros.

Hace unos días, en la presentación del Informe Económico de la OCDE, dieron una nueva lección sobre manipulación de datos. El estudio no puede ocultar los datos demoledores del estado crítico de la economía española. La pobreza sigue creciendo en España, especialmente la pobreza infantil, con cifras que casi duplican la media europea. La desigualdad de los ingresos sigue en aumento y llega ya a niveles escandalosos, según la propia OCDE.

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¿Qué hace el Gobierno? Leo en el Informe: “Las transferencias ayudan a reducir la pobreza, pero son bajas y benefician generalmente a la población más acomodada”. De hecho, aportan datos hirientes, como que las ayudas en efectivo a las familias son, en porcentaje de PIB, menos de la mitad que la media de la OCDE. Frente a los hechos, los cuentos. En esa orquesta de posverdad y hechos alternativos, Luis de Guindos, el que fuera número dos con Rodrigo Rato en aquel ministerio de “tocameroque”, es el que mejor entona la canción más consolidada, la de “somos los campeones del crecimiento del PIB”. Le sale gratis la ocultación de un hecho tan visible como un rascacielos, que el crecimiento acumulado en los cinco años de Rajoy, 2012-2016, es manifiestamente inferior que el de la media de la Unión Europea, casi la mitad según EUROSTAT.

El relato más obsesivo creado por el PP afirma que su reforma laboral de 2012 ha sido un gran logro. Los hechos, y la caja de la Seguridad Social, dicen otra cosa. La propia OCDE sitúa a España al frente de Europa en empleo temporal, con un porcentaje que casi dobla la media, y con la peor marca europea en la transformación de empleos temporales en indefinidos. ¿Cómo se convierte el desastre de una legislación laboral, que hace de España el “precariado” de Europa, en un éxito indiscutible? Con mucha labia, con narrativa. La que se necesita para ocultar que “el gasto en programas activos de empleo por desempleado” es siete veces inferior al de la media de la OCDE, según el Informe.

Precariedad laboral y pobreza laboral son, si atendemos a los datos, las señas de identidad del gobierno de Mariano Rajoy. Hace unas semanas varias entidades sociales que trabajan en la inserción laboral, con la colaboración académica de Fedea, poco sospechosos de “izquierdismo”, presentaban un estudio titulado “Juntos por el empleo de los más vulnerables”. Con datos de la EPA del cuarto trimestre de 2016, estos son los resultados: las personas activas, en paro o en situación de precariedad laboral, que pueden ser calificadas de “vulnerables potenciales” superan los diez millones y la pobreza laboral está creciendo en España de forma escandalosa.

Cualquier manipulación sirve para ocultar el mayor embuste de todos, el de hacernos creer que España disfruta de una “economía robusta”. Sería “robusta” si no fuera porque la productividad de esa economía decae, signo inequívoco de debilidad. Sí, si no fuera porque el país sale malparado en todos los indicadores internacionales de innovación de la economía, en los que miden las destrezas para competir en buenas condiciones o en los que reflejan la capacidad para aprovechar la digitalización de la actividad económica. “Robusta”, dicen, pero de los cinco grupos en los que se dividen los países de la UE, según su grado de cumplimiento con los objetivos de la cumbre de París contra el cambio climático, España está en el último.

En el país de Rajoy, lo que depende del Gobierno va de pena y lo que nos favorece, como la política monetaria y el bajo precio del petróleo, depende de otros. Por eso necesitan ocultar hechos con toneladas de narrativa, convencernos de que Bélgica invadió Alemania. ¿Y al otro lado? Entretenidos con las “Tesis de Abril”, Lenin en colorines, una cosa entre mencheviques y bolchevique en versión tuitera. ¡Santo cielo!

(*) Jesús Cuadrado. Catedrático de Geografía de Enseñanza Secundaria. Militante y exdiputado del PSOE.

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