Del país de bagatela

Miguel_Sánchez_OstizSi fuera cosa de hoy, pero viene tan de lejos, el hartazgo es tan mayúsculo, queda tan poco que decir que no se haya dicho, y a diario. La vida nacional está condicionada por las noticias relacionadas con la corrupción, que indignan a una ciudadanía que se siente estafada y a otra que se siente agredida en sus «legítimos derechos» de hacer de lo público privado, y defiende con aplomo esa democracia en la que un selecto cogollito gobierna y se hace rico en nombre de la gran mayoría pagana, al parecer eterna, de la farra. Condicionada de tal modo que todos los demás asuntos que dañan a la ciudadanía pasan a un segundo plano por muy graves que sean.

Es un enigma cómo este régimen político y este sistema social pueden seguir sosteniéndose en lo que para muchos es un gran abismo, mientras que para otros está visto que es un terreno sólido en el que no corren peligro alguno, como no lo corrieron en el franquismo de donde vienen y crecieron, ni en la Transición, urdida sobre todo en su propio beneficio. El único temor que les cabe es el de ser arrojados a los leones cuando las cosas suben de tono y no se pueden manejar del todo las trastiendas... pero, eso sí, con ciertas garantías. Quienes manejan los hilos de esta colosal trama cuidan de que no se desmanden los «tiradores de la manta», que por alguna misteriosa razón no acaban nunca de hacerlo ni en todo ni en parte. El «tirador de la manta» otro personaje ineludible de este trágico guiñol de cucos en acción: los luises son fuertes es su divisa. Esto no sucedería de no tener el partido en el Gobierno unos apoyos firmes en la magistratura, la prensa, las instituciones, las finanzas, la policía, paralela o no, y los uniformados, tanto a la luz pública como en sus trastiendas. Es una maquinaria política, sí, pero social también, y económica, no un salpicón de casos aislados.

El juez encargado del caso Lezo pide otro destino porque declara no poder hacer bien su trabajo; ha habido filtraciones de la investigación, de origen togado, a favor de los imputados; el fiscal anticorrupción se ha comportado de manera poco decorosa intentando obstaculizar una medida judicial –siendo siempre mucho más lo que ignoramos que lo que sabemos–; el presidente de Gobierno hace como que el asunto no va con él y está muy preocupado por Venezuela, cuando la realidad es que está citado como testigo en un caso que, como todos los demás, apunta directamente a su cabeza; la tropa pepera que ha obstaculizado todo lo que ha podido el proceso de la Gürtel, hace como siempre, negar todas las evidencias; la prensa intoxicadora de Marhuenda alcanzada de lleno por el embate judicial, flota con el aplauso de sus lectores y la inestimable ayuda de quien parecía, solo parecía, una de sus víctimas, la Cifuentes; Zaplana, exministro y gran guapetón del PP, está señalado como investigado; Aguirre se ve obligada a dimitir con coreografía de farsa; la delegada del Gobierno en Madrid es acusada de fraude y delito societario junto al hermano de Ignacio González; Villar Mir, otro intocable, al que hasta ahora no le alcanzaban las denuncias, se ve también imputado junto a su yerno López Madrid, un profesional de las turbiedades; a Rato, que sigue en la calle, le acusan de más delitos, a... es inacabable el rosario de despropósitos. Es imposible dar cuenta de todos. Jamás estuvieron imputados tal cantidad de cargos públicos o de medradores del politiqueo. No hay día que por un rincón u otro no asome la verdad: el PP se sostiene en una organización o trama de clara tendencia criminal, de otro modo no se entiende lo que sucede. Y esto, con ser una verdad trágica para un país, empieza a ser tópico y lugar común, y así tratado, con una mezcla de ira y derrotismo, y la sospecha firme de que es peor de lo que parece. No se advierte por ningún lado la gota que colme el vaso y es que probablemente no hay vaso, sino urnas y estas dicen lo que dicen, por muy incomprensible que sea el resultado. Los bustos parlantes habituales callan y apenas nadie habla del daño causado al bien público, esa bagatela risible, cosa de populistas.

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A lo largo de estos últimos años ha habido no solo cargos electos, sino juristas, periodistas, comunicadores, buscarruidos y gente del mundo universitario que, por sistema, han desacreditado y hecho mofa, rentable por supuesto, de todas las denuncias de corrupción. Todo el que ha podido ha metido palos en las ruedas del carro de la denuncia de la corrupción, obstaculizando su difusión mediática o su consecución judicial. Es decir, que no son solo los hoy encarcelados o imputados los responsables de este estado de cosas, sino todos aquellos que les han dado su apoyo incondicional, ya sea por devoción o de manera venal, considerando que este estado de cosas que tiñe de negro la vida nacional no son más que bagatelas y pacotillas, cosa de cuatro gatos, y que denunciarlo en cambio son ganas de fastidiar, populismos, pujos de ganar en la calle lo que no se puede ganar en las urnas de manera democrática, abusos contra la presunción de inocencia y el bien hacer de los patrióticos profesionales del pelotazo, la mayor empresa nacional. Y mañana más.

(*) Miguel Sánchez-Ostiz es escritor y autor del blog Vivir de buena gana