HUGO MARTÍNEZ ABARCA | Publicado: - Actualizado: 13/5/2017 00:24

1.- Don Vito Corleone contra la mafia

Si Vito Corleone viviera en Madrid en 2017 habría un reguero de propagandistas explicándonos la obviedad de que don Vito es un luchador contra la mafia y tendrían pruebas. Su sangrienta pelea (intermitente, pero tampoco nos pongamos finos) con los Tattaglia, los intentos de esta familia mafiosa de asesinar a don Vito o las grabaciones en las que aparecería Vito Corleone oponiéndose por motivos prácticos a asumir el tráfico de drogas como nuevo motor económico de las familias no dejarían lugar a dudas. Corleone tenía tolerancia cero con la mafia y ya está. Quienes se empeñaran en identificar a Vito Corleone como uno de los más importantes miembros de la mafia y explicaran sus ataques puntuales a otros mafiosos como la lógica de la guerra entre familias pertenecientes a la misma lógica criminal aparecerían como conspiranoicos u oportunistas.

2.- Los Granados-Tattaglia contra los González-Corleone

Salvando las distancias (decía Kiko Veneno que “la mafia española es mucho más eficaz que la italiana: no necesita matar”) algo parecido estamos viviendo en Madrid desde que apareció la Operación Lezo. En modo análogo a lo que sucedía en el Chicago de los años 30, Esperanza Aguirre construyó su PP-Madrid organizando familias enfrentadas que respondían y se fiaban sólo de ella. Así, su poder era absoluto al fragmentar y enfrentar por abajo. Brillaban especialmente Francisco Granados e Ignacio González, cada uno de los cuales construyó una estructura corrupta que financiaba al partido y a sí mismos. Los Tattaglia y los Corleone eran dos familias mafiosas que componían la estructura mafiosa del Chicago de El Padrino. Los de Granados y los de González eran dos estructuras criminales que a veces cooperaban y a veces se enfrentaban a muerte (dosieres, espionajes…) pero que componían el PP-Madrid.

Incluso cada familia tenía sus “periodistas” que escribieran al dictado. El Canal de Isabel II de Ignacio González regó de millones a La Razón y Marhuenda se convirtió en algo más que el propagandista oficial de Ignacio González. Desde la otra familia nos sorprendió Francisco Granados cuando, compareciendo desde la cárcel de Estremera en la Asamblea de Madrid, dio una lista de periodistas a los que estaba agradecido (página 120 del Diario de Sesiones): entre ellos, cómo no, Eduardo Inda. Parecería que, en esta guerra entre familias, Marhuenda era el de Ignacio González e Inda el de Granados. Y unos cuantos al servicio de ambos por miedo, por dinero o por las dos cosas.

3.- Cristina Cifuentes, controlando el PP-Madrid con el aparato de Granados

Se ha recordado ya bastante la trayectoria política de Cifuentes, en los puestos de mando del PP-Madrid desde el tamayazo, diputada del PP-Madrid desde 1991 y afiliada a la Alianza Popular de Manuel Fraga y los siete magníficos desde 1980. Pero poco se ha analizado sobre cómo ha construido su poder interno en el PP de Madrid hasta arrasar a los Tattaglia.

Si fuera real que Cifuentes se ha caído del caballo y hubiera visto la luz de la tolerancia cero contra la corrupción, lo último que habría hecho es colocar en puestos tan relevantes a personajes que vienen de los epicentros de la corrupción organizada por el PP-Madrid. No sería muy razonable colocar al último tesorero de la época de Esperanza Aguirre e Ignacio González (el Bárcenas del PP-Madrid) como responsable de organización del PP-Madrid además de nombrarle consejero de Políticas Sociales del gobierno autonómico. Y mucho menos colocar como coordinador del PP-Madrid y consejero de Medio Ambiente a quien el cerebro de la trama Púnica (la estructura corrupta de Granados) acusó de “mangonear los contratos públicos” cuando estaba al frente del plan Prisma (con el que la Comunidad de Madrid financia proyectos de ayuntamientos).

Pero si lo que pretendiera Cifuentes no fuera limpiar el partido sino controlarlo y usar para ello la estructura construida por Granados (liquidando para ello a los Tattaglia-González) estaría muy bien pensado.

Por explicarlo fácilmente: ese plan Prisma que dirigía Taboada bajo órdenes de Granados y Salvador Victoria permitía decidir a qué alcalde se le daba dinero de la Comunidad y a cuál no. Ello permitía a un gobierno sin escrúpulos granjearse una red clientelar que también servía para vertebrar una red dentro del PP-Madrid. Si Cifuentes quisiera usar esa red para su poder interno no sólo no apartaría a Taboada, sino que lo pondría al frente de la Consejería de Medio Ambiente (que con Cifuentes es la que sigue repartiendo los millones del Prisma) y del aparato del PP-Madrid (coordinador del partido) para que aprovechara la estructura construida bajo Granados y la pusiera ahora al servicio de Cifuentes.

Así, lo que estaría combatiendo Cifuentes no es la corrupción en el PP-Madrid sino a la familia del PP que le molestaba para controlar el partido. Que esta familia estuviera corrupta hasta las trancas es sólo una consecuencia evidente de ser una “familia del PP-Madrid” (para todo x, si x es una familia del PP-Madrid, x está corrupta hasta las trancas). Pero lo que ha hecho Cifuentes, lejos de combatir la corrupción, es poner a su servicio el aparato interno de Granados y destrozar a la familia que le molestaba. Incluso Inda, el propagandista de Granados, pasaría a ser el propagandista de Cifuentes y azote de sus enemigos internos y externos… como de hecho sucede.

4.- ¿La Michael Corleone del PP-Madrid?

Todo ello no sitúa necesariamente a Cristina Cifuentes como cómplice directa de los delitos cometidos personalmente por Granados pero sí como una pieza más del engranaje de la organización: en este punto (y siendo muy generosos) el paralelismo sería con Michael Corleone, que convivió con cierta distancia con la actividad mafiosa de la familia  e incluso entendió que viviría con más seguridad sin mezclarse con ella hasta que se puso al frente y fue el más sanguinario de los padrinos.

Convertir a Cifuentes en una luchadora contra la corrupción del PP de Madrid no resiste el menor análisis. Es sólo fruto de un ejercicio de propaganda con muchas complicidades y muchos intereses políticos y empresariales. Pero igual que esbozamos una sonrisa al pensar cómo presentarían a don Vito o a Michael Corleone como un luchador contra la mafia hoy resulta un tanto patético el intento de blanquear al PP-Madrid en la figura de Cristina Cifuentes para que continúe la obra de sus antecesores.

(*) Hugo Martínez Abarca es diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid y autor del blog Quien mucho abarca.

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