Fidel Castro y Manuel Fraga en Cuba, lo que parecía y lo que en realidad fue

Fidel Castro y Manuel Fraga
Fidel Castro y Manuel Fraga, jugando al dominó, en Láncara, en 1992. / Efe

El ser humano no es más que un milagro químico que sueña y la vida que se le concede una sucesión de malentendidos; por ejemplo, entendemos que esto o aquello debe ser así, juraríamos que no debiera ser de otra manera, y, al final, resulta que irremediablemente es de otra cualquiera e inesperada. Lo ilustraré de algún modo, aun a riesgo de dejar en evidencia la escasa confianza que le concedo al ser humano.

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Acostumbramos a pensar que en las altas esferas del poder las conversaciones han de girar, de manera inevitable, en torno a las necesidades más perentorias de los gobernados desde ellas. Craso error. De eso, por lo que yo he visto, es de lo que menos se habla. Al contrario de los docentes entregados, de los médicos que entienden su oficio de sanadores como un sacerdocio o de otra gente así de disparatada, los políticos suelen hablar de lo que les preocupa: si Cristiano Ronaldo ha sonreído y se queda en el Madrid, si el coche de Fernando Alonso no furrula adecuadamente o de lo hermosa y buena que todavía está Ana Belén.

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En el primer viaje que el extinto Manuel Fraga realizó a Cuba, a la isla en la que había vivido hasta o desde los siete años, no lo recuerdo bien, el igualmente caducado Fidel Castro lo estaba esperando al pie de la escalerilla del avión. El vuelo había retrasado su salida durante siete horas por culpa de una avería técnica, o eso se afirmó en su momento, y era de todo punto evidente que, El Comandante, haría acto de presencia para contrarrestar de algún modo la supuesta o real intervención de “la gusanera” intentando boicotear la estancia de Fraga en la isla caribeña.

El caso es que, en vez de llegar a tiempo para la cena, la expedición llegó casi para el desayuno. Sin embargo ello no impidió que, si bien a las tres de la madrugada, la cena se celebrase. Fue una cena espléndida, la verdad. Las mesas ofrecían de todo y cada uno de los asistentes se servían personalmente todo lo que les apetecía. Fraga y Fidel conversaban de pie al lado de una de ellas muy bien abastecida, por cierto. Empezaron hablando con normalidad hasta que a fuerza de interrumpirse el uno al otro, disputándose el uso de la palabra, el tono y el volumen de sus voces fue subiendo en intensidad y en alboroto.

Las suyas eran dos personalidades fuertes, diríase que muy, pero que muy fuertes, de modo que la conversación empezó a ofrecer rasgos que se dirían preocupantes. O así se lo pareció al “Gallego” Fernández, vicepresidente del Consejo de Estado, si bien recuerdo, que se acercó al firmante y le preguntó medio asustado y con una preocupación evidente.

— “Oye, compañero: ,¿cómo tú crees que acabará esto?”

— “Si antes de cinco minutos no se dan un abrazo, puede acabar muy mal”.

Apenas pronunciada tan poco esperanzadora sentencia, se pudo ver como Manuel Fraga Iribarne, natural del Vilalba, Lugo, hijo de emigrante en Cuba, dando un puñetazo sobre la mesa y al tiempo de hacer saltar algunas de las fuentes –había una de berberechos que estaban exquisitos– le respondió con toda rotundidad a Fidel Castro, nacido en Holguín, provincia de Oriente, e hijo de emigrante lugués en Cuba, lo que sigue:

— “¡Pues uno de Vilalba, en las fiestas de San Froilán, en Lugo se murió en la ración setenta y dos de pulpo!”. Eso fue lo que dijo como compendio y resumen de todo lo hasta allí hablado.

— “En ese caso no tengo nada más que añadir”, le respondió el líder cubano.

Luego siguieron comiendo tan tranquilos, riéndose ambos a carcajadas y desafiándose a mutuamente a una partida de dominó.

De entre la concurrencia fueron muy pocos los que entendieron que aquello había sido normal, tal y como se dio a entender al principio que sucedería pues así es como suele suceder olvidándonos de que la condición humana es la que es y no la que desearíamos que fuese.

Otro día, en caso de que venga a cuento, se recordará aquí la última conversación que ambos dignatarios mantuvieron, esta vez en Compostela, a propósito esta vez no de los pulpitos caribeños y de los pulpos gallegos, sino de la vida que ambos disfrutan o padecen.

La vida es como es, no de otra forma.

Reportaje de RTVE sobre la visita de Manuel Fraga a Cuba en 1991. / 1gato1000 (YouTube)