POLÍTICA / Sobre la confidencia que le hizo al autor un presidente venezolano antes de que Hugo Chávez llegara al poder

Sentirse como un percebe ante la deriva política

ALFREDO CONDE | Publicado:

La confidencia que le hizo al autor un político venezolano antes de que Hugo Chávez llegara al poder le hizo sentirse como un percebe
El que fuera presidente de Venezuela, Hugo Chávez, celebrando desde el balcón del Palacio de Miraflores su victoria electoral. / Efe

Conocí (brevemente) a Lynn Margulis cuyo primer marido fue Carl Sagan, el astrofísico, divulgador de conocimientos de la disciplina en la que profesaba. Lo hizo así en aquella impagable serie de televisión titulada Cosmos basada en un libro de su autoría e idéntico título. Cuando supe que iba a coincidir con ella, eso fue lo primero que me vino a la cabeza. Cuando la tuve delante Lynn Margulis me recordó, no sé por qué, acaso porque se parecían o quizá porque a mi así me lo pareció, a esa actriz extraordinaria que es tan poco amiga de la política de Donald Trump,  responde al nombre de  Meryl Streep  y este escribidor de ustedes, al igual que tanta y tanta otra gente, admira sobremanera. Dicho esto, puedo continuar: un poco más tarde Lynn Margulis comenzó a hablar, ya con un auditorio atento delante de ella.


Cosmos, capítulo 1, En la orilla del Océano Cosmico. / Hipatia (Vimeo)

Habló. Lo hizo en un castellano más que aceptable, de los tapetes microbianos, de las bacterias como origen de la vida que conocemos; después se  extendió en consideraciones sobre la hipótesis Gaia formulada por Lovelock; ya saben, la hipótesis que afirma que la Tierra, esta pequeña, esta diminuta nave errante a bordo de la que navegamos por el cosmos, ignorantes de a dónde coño vamos o de dónde centellas venimos, es en realidad un organismo vivo en el que los humanos habitamos… no se sabe aún por cuánto tiempo, aunque se sospecha que más bien poco.

Pues bien, me acordé de Lynn Margulis el otro día. Había estado comiendo percebes en Celeiro, un puerto del norte del Lugo en el que las fincas lindan, precisamente al norte, con Inglaterra, mar por medio, según se recoge en las actas notariales en las que se registran las que contornean las fincas y las casas que barre el viento cuando se entabla y sopla con fuerza capaz de doblegar los eucaliptos que, en mala hora, Fray Rosendo Salvado trajo de Australia a mediados del siglo XIX para que hoy, en Galicia, tengamos más que todos los que tienen en aquella lejana isla continente. Una coña. Dios lo tenga donde le convenga, a Fray Rosendo.

«De ahí que me acordase de Lynn Margulis, de su teoría y de una vez que me sentí, exactamente, como un percebe. Ahora se lo cuento. Pero antes demos una vuelta»

Había estado comiendo percebes, un lujo, y puedo asegurar y aseguro que estaban exquisitos. Me explicaron que era debido a que procedían del oeste de Celeiro y no del este. Los orientales crecen sobre rocas pizarrosas, mientras que los occidentales, considerados a partir del restaurante Nito, retengan el nombre por si acaso, lo hacen sobre rocas calizas; de ahí la diferencia de sabor y de textura, de ahí la calidad del percebe galaico. De ahí que me acordase de Lynn Margulis, de su teoría y de una vez que me sentí, exactamente, como un percebe. Ahora se lo cuento. Pero antes demos una vuelta.

Desde que comencé estos quincenales encuentros con ustedes me apliqué en un anecdotario de estos en los que a lo largo de una vida, que ya no se puede calificar de corta, fui tropezando con personajes o situaciones curiosas, o con ambos a la vez. Dudaba mucho de si debía o no seguir con ellas, porque hay para dar y tomar, y, de hecho, en la entrega anterior me desvié de la ruta emprendida. Dudaba mucho de si debía contarles, o no, un almuerzo celebrado en el palacio presidencial de Miraflores en la capital venezolana en una de las no pocas oportunidades en la que los libros me llevaron a ella; no precisamente en esa, pero sí en consecuencia de ellas.

La situación actual española me recuerda mucho a la venezolana de entonces, la anterior al chavismo, cuando en Caracas se hablaba de la necesidad de cambio “del paradigma” pero no de cómo se podría salir de la situación que se pretendía una vez entrado el país en ella; es decir,  en el chavismo. En eso andan, todavía. Y ya ven cómo.

Chávez no surgió por generación espontanea, sino como consecuencia de un caldo de cultivo gestado a los largo del tiempo y de resultas de una situación paciente y concienzudamente elaborada durante ya que no décadas sí al menos a lo largo de lustros. Un país rico, eminentemente rico, corroído por la corrupción de la izquierda y la derecha que habían venido alternándose en el ejercicio, en el disfrute del poder y en el goce del dinero mal adquirido.

«Un gobernante tiene la obligación moral de hacer dinero para volver al poder y defender sus ideas… en beneficio del pueblo, me confesó un presidente venezolano»

Casi prefiero silenciar el nombre del entonces presidente y anfitrión de aquel almuerzo durante el que me sentí, precisamente, como un percebe, al escucharle desarrollar una curiosa teoría según la cual, un gobernante en el poder, está poco menos que en la obligación moral de hacer dinero para que, una vez abandonado el ejercicio de gobierno, con el dinero acumulado durante ese periodo, pueda seguir defendiendo sus ideas haciéndolo de modo que, la lucha así sufragada, pueda devolverlo a él y por consiguiente a su camarilla al poder… de manera que puedan seguir desarrollando sus ideas…en beneficio de la gente.

Fue en ese momento cuando me sentí como un percebe, como un perfecto percebe; entendido sea el término en el justo sentido en el que se entendía cuando yo era un chaval. Sucedió así debido no a que yo haya sido un santo durante toda mi vida, sino a la claridad expositiva del líder carismático que de tal modo y tan meridianamente se explicaba. Como ya advertí omito el nombre. No porque fuese de izquierdas o derechas, porque para eso valieron tanto los seguidores de CAP (Carlos Andrés Pérez) como los del COPEI, sino porque ya no está aquí y no puede desmentirme, ni indicarme que no le entendí bien o que se explicó mal. La otra persona que pudiera acudir en mi socorro tampoco vive ya, así que dejémoslo correr.

Sin embargo, recorramos el camino que nos trajo hasta aquí a la inmensa mayoría de percebes que, atónitos, contemplamos el paisaje absorbiendo bacterias de rocas bituminosas, unos, de graníticas otros, algunos incluso de basálticas de modo que, al igual que en Venezuela, la responsabilidad no sea ni de la izquierda ni de la derecha, sino de todos en conjunto pues tan apercebados estamos adhiriéndonos a las rocas del poder de las que tanto trabajo cuesta desprenderse.

¿Qué rocas? Las de las indemnizaciones en diferido, las de los sobresueldos que no lo eran, los ordenadores rotos o las del desparpajo con el que se nos han explicado tantas cosas crecidas no se sabe ya si al amparo de unos o de otros, aunque sí enormemente productoras de esos percebes que se conocen como de culo de mono. Imagínenselos. Tienen los pedúnculos redondeados y rojos como los de los mandriles, el tronco eréctil o arrugado, la cabeza con más conchas de las necesarias, formando piñas compactas en competencia unas con otras. Los penes son dos por cada uno y tan largos que mientras por un lado dan, por el otro toman.

«Un sin fin de fundaciones revitalizan una memoria que creíamos olvidada y que, sin embargo, sigue prendida en el fondo de todos y cada uno de nosotros»

Se pueden mover rocas y montañas, cambiar el curso de los ríos, cambiar el paisaje que conocimos desde niños, pero lo que no se puede cambiar es la naturaleza humana, esa a la que siempre regresamos. Mientras el embate de las olas –déjenme que lo diga épicamente–  moja y remoja los percebes, estamos regresando a ella. Un sin fin de fundaciones revitalizan una memoria que creíamos olvidada y que sin embargo sigue prendida en el fondo de todos y cada uno de nosotros de modo que, a mar revuelto ganancia de percebeiros, casi insensiblemente, nos está devolviendo a nuestra condición primera: la de un pueblo ilusionado en destruirse.

Están en auge las viejas ideas, reportajes sobre el nazismo, documentales sobre el franquismo, guerra santa por un lado y respuesta equivalente propuesta por más de uno, delectación extrema en la benévola consideración de la corrupción extrema y aquí nunca pasa nada que no se arregle con un par de bofetadas. En resumen, que vaya camino que llevamos.

 

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