Quien les escribe es gallego y esa y no otra es su forma de ser español

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De izquierda a derecha, bandera de la Comunidad Autónoma de Galicia, bandera de España y bandera de la Unión Europea. / Elentir (Flickr)

Se refiere Madame de Staël, lo hace en sus ‘Consideraciones sobre la Revolución Francesa’, a “las viejas supersticiones del cardenal de Fleury, las querellas ridículas del Parlamento y el arzobispo de París sobre los billets de confesssion, los convulsionnaires, los jansenistas, los jesuitas, detalles pueriles que podían conducir al derramamiento de sangre”.

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Este país habitado por gentes cultas y, cosa curiosa, con un agudo sentido de la libertad que, de forma también harto curiosa, no reconocen en los ánimos ajenos

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Disimúlenme los lectores este mi recurso de introducción de tan larga cita -y aun a otras que puedan seguir a ésta- empujado que soy por la incomprensión y el hartazgo de tantas semanas seguidas hablando, leyendo y sintiendo siempre alrededor de lo mismo: de ese pobre y avasallado país que, entre Felipe V y Felipe VI no lleva hecho otra cosa más que atravesar penurias, sufrir falta de libertades múltiples y convertirse, sin embargo, en un lugar moderno y próspero, habitado por gentes cultas y, cosa curiosa, con un agudo sentido de la libertad que, de forma también harto curiosa, no reconocen en los ánimos ajenos, cosas propias de charnegos y gentes asimilables a concepto tan poco clasista, tan lleno de arrogancia como de displicencia, tan indicativo de un estado mental que por prudencia mejor es que no sea calificado y se quede ahí, levitando, que es condición que solo los elegidos disfrutan casi siempre por designación divina. Son únicamente los dioses quienes otorgan los estatus de pueblos elegidos señalando con su dedo aquellos de su elección.

Circunstancia, ésta última de las citadas, que me lleva a reconsiderar este segundo párrafo que queda transcripto por si es que, en éste y actual momento, tales síntomas -la levitación, la arrogancia, la displicencia e incluso el desparpajo- se están manifestando en no pocas gentes convencidas del disfrute de poderes paranormales que afectan a amplios sectores de una población algo necrófila y amiga de reunirse en torno a las memorias de antaño convencidas de que así han de ser objeto de curaciones milagrosas y de iluminaciones breves e intensas que les arrojen luz sobre esta o aquella otra cuestión de las muchas que a todos nos afectan y que ellos consideran solo propias.

Los malo del asunto es que estos nuevos convulsionnaires, mientras su profunda y manifiesta fe en ellos mismos se expresa mediante convulsiones y tembleques extraños, tan extraños que concluir en una especie de petit mort en la que más de uno corra un inminente riesgo de derretirse, permanecen ajenos a la que han estado organizando.

Es casi seguro que no sea posible encontrar un antecedente histórico que haya generado tal retroceso en la reivindicación y en el aggiornamento

Es casi seguro que no sea posible encontrar un antecedente histórico que haya generado tal retroceso en la reivindicación y en el aggiornamento, en la puesta al día y en la actualización, en una actualización acorde con los tiempos, de las culturas que, con las de expresión castellana en sus distintas variantes, enriquecen el patrimonio de una España cuya unidad puede e incluso debe ser entendida al margen del viejo precepto contenido en la leyenda “una, grande y libre” ya que incluso esa pretendida grandeza y esa deseable libertad pueden sustraerse al yugo de la “unidad ideológica de la nación” por echar mano de una expresión utilizada por el doctor Vallejo Nájera en los lejanos tiempos de la posguerra civil española.

No es malo que se haya producido una mayor cohesión de la ciudadanía española en su conjunto, pero no sería bueno que esa cohesión llevase aparejado el detrimento de esas otras culturas, de esos otros modos de abarcar y comprender la vida expresándose en otras lenguas, hábitos y costumbres. Dicho de otro modo: quien les escribe es gallego y esa y no otra es su forma de ser español.

Ser gallego por nación, español por Historia y europeo por vocación es una manera, tan digna y respetable como cualquier otra, de ser español y todo lo que está sucediendo últimamente puede y es casi seguro que pueda conllevar la confirmación de lo que Santiago Vila afirmó no hace demasiadas fechas: que quisieron instalarse en la pre independencia y que lo que consiguieron fue regresar a la pre autonomía… y potenciar el nacionalismo español que no por español es mejor que otros.

Mientras la soberanía entendida al modo decimonónico es obsoleta, el nacionalismo expresado al modo seguido en el siglo XX resulta peligroso

Ha sido ese intento el que generó y sigue generando esa cohesión de la que se hablaba. Tal cohesión implicará en el futuro y muy posiblemente el hecho de que el camino abierto hace cuarenta años, admirado y respetado que fue en todo el mundo civilizado, se estreche de una manera que no se ofrece muy deseable pues no es que, llegado el caso, implicase tan solo desandar lo andado sino incluso el que volviésemos, una vez más, a las andadas. Quienes así lo han propiciado no debieron haber tenido en cuenta el hecho de que no viven solos en el mundo y que mientras la soberanía entendida al modo decimonónico es obsoleta, el nacionalismo expresado al modo seguido en el siglo XX resulta peligroso según la Historia nos enseña y conviene recordar. Solo la unión y la solidaridad nos harán fuertes a todos al tiempo que más libres y cercanos a la grandeza que solo la Historia reconoce. Y nos librarán de las viejas supersticiones
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