Sangrienta telebasura

telebasura
Jose Enrique Abuin, el asesino confeso de Diana Quer, trasladado por efectivo de la UCO. / Lavandeira jr (Efe)

Los tertulianos televisivos de sucesos se vitoreaban estos días unos a otros con gran entusiasmo: la detención del presunto asesino de Diana Quer les hacía entrar en el 2018 por la puerta grande. Uno dio la exclusiva de la noticia, otro de la detención, el tercero recogía declaraciones de la mujer del supuesto agresor, un cuarto ofrecía detalles desconocidos de un presumible abuso sexual, el quinto… “¡Felicidades Fulano, por tu excelente trabajo”, le decía el tercero al primero. “Mientras algunos estaban lavando los gambones para noche vieja, mengano fue el primero en dar la primicia. Periodismo 24 horas siete días a la semana”, escribía en Twitter el cuarto al segundo con una redacción claramente mejorable. No había periodista necrológico que no aportase su granito de arena, más bien su gotita de sangre, en una información condenada a ocupar las portadas de los grandes medios durante días.

Publicidad

Ha sido así desde que la televisión es telebasura. No olvidemos que el término posiblemente nació los últimos días de enero de 1993, cuando Nieves Herrero retransmitió en directo desde Alcásser la noticia del descubrimiento de los cuerpos de las niñas Miriam García, Desirée Hernández y Antonia Gómez dos meses después de su desaparición. El programa se llamaba “De tú a tú”, contó con la presencia de familiares de las víctimas y ofreció momentos de una miseria moral difícil de olvidar: “Abrace a su hija, abrace a su hija”, pedía Herrero a la madre de una de las niñas agarrada de manera dramática a la fotografía de su pequeña.

Publicidad

Con el tiempo, Herrero reconoció su error y dijo que ojala nos sirviera a todos para aprender qué no se debía hacer en televisión. Un deseo absurdo. El morbo es uno de los motores de la audiencia, y ninguna cadena está dispuesta a perder una buena ocasión, un buen crimen con agresión sexual, por poner un ejemplo, para ganar unos puntos de share. Es decir, dinero.

El caso Diana Quer no ha sido una excepción. Los necrófagos, disfrazados de periodistas, han hablado de cómo la víctima “superó la anorexia”, de “las fiestas con hombres” de la madre de la chica, e incluso han entrevistado a amigas de la joven: “estaba de fiesta y se lió con un chico que no conocía”. Testimonios lamentables, hay muchos más, que resumen el estado del periodismo televisivo. Un auténtico asco. La resurrección, siguiendo el rastro del dolor y la muerte, de una sangrienta telebasura que nunca se ha ido.