Hergé en Catalonia

Tintín en Catalonia
Mural urbano en Sabadell de Tintín. / Joan Carles Torres (Flickr)

Recién iniciado el nuevo año, recapitulemos sobre la crisis catalana para intentar entender una situación tan esotérica que el gran Hergé pudo haber publicado perfectamente un Tintín en Catalonia. Como es sabido, el dibujante belga ideó dos países europeos imaginarios llamados Syldavia ―una monarquía democrática― y Borduria ―una autocracia prosoviética―, pero la alienada Cataluña secesionista de 2018 recuerda a La isla negra, la historieta de Hergé de 1937 sobre un enclave escocés aislado del mundo donde se oculta una red de falsificadores. ¿Una exageración? Ni mucho menos. Veamos cómo está el asunto catalán al terminar la segunda semana de este año nuevo. Los secesionistas catalanes han acordado volver a designar al huido Carles Puigdemont como líder regional, con la particularidad de que tendría que gobernar por Skype, ya que en el momento en que pisara suelo español sería detenido por rebelión, sedición y malversación. El cómic Tintín en Catalonia debería explicar, por tanto, que el líder español Puigdemont se ha refugiado en Bélgica ―precisamente donde nació Hergé en 1907― inmediatamente después de proclamar la independencia ilegal de la región nororiental española.

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«En los comicios locales de una nación europea se presentan líderes imputados para gobernar una región de un país al que no quieren pertenecer»

Tras ese golpe territorial el gobierno del país europeo al que pertenece Catalonia ―España― convoca unas elecciones locales. Pese a presentarse un partido contrario al secesionismo que gana numéricamente, la suma de los votos obtenidos por los partidos rebeldes consigue la mayoría de los escaños. Hergé tendría que explicar a su público ―endulzando la trama política con sus contundentes ilustraciones de ligne claire― que el partido JxC del rebelde Puigdemont escondido en Bélgica es el vencedor de facto de esos singulares comicios locales de una nación europea llamada España, en los que se presentan líderes imputados a fin de gobernar una región de un país al que no quieren pertenecer. Dado el despropósito argumental, a estas alturas del relato el público tintinero se habría entregado a lo que Samuel Coleridge llamaba ‘la suspensión de la incredulidad’, que define la anulación voluntaria del sentido crítico, ignorando las incoherencias o inverosimilitudes de la trama de una obra, a fin de disfrutar plenamente de la entelequia. Si El cetro de Ottokar ―sobre la expansión nazi y la anexión de Austria en 1938― tenía una trama política compleja, este Tintín en Catalonia exigiría al lector duplicar el esfuerzo intelectual para hallarlo creíble.

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«Hergé nos mostraría a Junqueras en una cárcel española mientras reza piadosamente y come merluza, cordero, pavo y profiteroles con nata»

Pero sigamos con la ‘Catalonia hergiana’. En esa zona española donde los rebeldes separatistas se identifican con bufandas y lazos amarillos, aparecería un personaje femenino llamado Marta Rovira, líder de un partido secesionista local llamado ERC, que decidiría apoyar la candidatura del sublevado y huido Puigdemont como presidente in absentia de la región. Recordemos que Hergé publicó Objetivo: la Luna (1950) y Aterrizaje en la Luna (1952) casi dos décadas antes del primer viaje a la luna de 1969, mostrando en estos dos tintines de ciencia-ficción una serie de avances tecnológicos tan novedosos para la época como la televisión en color o la energía nuclear. Por tanto, un presidente fugado que dirige una región de un país europeo por vía telemática desde otro país europeo sería algo que el artista belga podía haber abordado sin problemas, haciendo las delicias de sus lectores más avanzados. “¡Qué cosas se le ocurren a este hombre!”, exclamarían admirados ante la imaginación del genio belga. Teniendo en cuenta que en Aterrizaje en la Luna el coronel bordurio Boris Jorgen pretendía sabotear la expedición espacial, el sabotaje de Europa por parte de los rebeldes catalonios resultaría una trama plausible. Pero Hergé solía complicar el argumento central de sus historietas con personajes estrafalarios que le aportaran visualidad, así que habría podido incluir a Oriol Junqueras ―jefe del partido ERC―, como otro candidato a la presidencia de Catalonia. Las coloristas viñetas de Hergé nos mostrarían a Junqueras en una cárcel española, esperando a ser juzgado por sus correspondientes cargos de sedición y rebelión, mientras reza piadosamente y come merluza, cordero, pavo y profiteroles con nata.

En esta trepidante aventura de Tintín habría una escena en la cámara legislativa de la región de Catalonia, donde se dirimiría si el candidato Puigdemont puede ser investido presidente por videoconferencia, pues la normativa parlamentaria exige la presencia física para presentar el programa político. Al acabar de leer Tintín en Catalonia, el lector suspiraría aliviado de saber que semejante disparate no puede suceder en Europa, cuna de la civilización occidental. En la contracubierta vería anunciado el título de la siguiente entrega de Hergé: Tintín en Tabarnia.