Nostalgia del gran periodismo

Los papeles del Pentágono
Escena de ‘Los archivos del Pentágono’, la película dirigida por Steven Pielberg. / Youtube

“La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobiernos”. La frase resuena como si un meteorito se hubiese estrellado contra la pantalla. El cine tiembla al ritmo de la rotativa, que arranca tras muchas dudas. La sala huele a humo de puro, a tubo de escape de furgoneta de reparto, a tinta y a papel, al miedo que surge al enfrentarse al poder. Los espectadores quizá piensen que han visto una película antigua, una historia sobre un mundo superado, en blanco y negro: la prensa en Estados Unidos durante la época de Kissinger, los 70 y la resaca de Vietnam, un periódico familiar llamado The Washington Post, la hipocresía y la connivencia, la mentira y la censura. La última de Spielberg es todo eso… y mucho más.

‘Los archivos del Pentágono’ es una película de absoluta actualidad, puesto que habla de cómo el poder quiere controlar la información, y de cómo algunos medios no tienen problema en trabajar para los gobiernos, en lugar de para los gobernados. Una película valiente y necesaria en tiempos de Trump: la libertad para informar corre peligro en los USA. Una película que, no lo dude, podría adaptarse en su esencia a la realidad del periodismo español, un periodismo en buena medida desaparecido en combate.

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Hablan en ‘Los archivos del Pentágono’ de los medios de comunicación convertidos en empresas poderosas, en máquinas de hacer dinero. Periódicos que quieren convertirse en grandes grupos de comunicación, con televisiones, radios, editoriales… Es decir, periódicos con beneficios, influencia, poder. Periodistas que trabajan codo a codo con políticos, olvidando la esencia de su trabajo, de su razón de ser: servir a los gobernados, no a los gobiernos.

El cine de Spielberg está construido sobre la nostalgia, entre otras muchas cosas. Sobre un pasado que no se repite jamás. Una huida del presente. Muchos periodistas disfrutamos de esa mirada que propone el hombre que rodó “La lista de Schindler” y, para recuperar un pasado idealizado, realizamos un esfuerzo vacío. Utilizamos más de la cuenta un retrovisor que espanta la triste realidad y refleja la hermosa nostalgia, esa época maravillosa de redacciones rebosantes, teletipos renqueantes, rotativas y primeras ediciones en el VIPs a medianoche. Olvide los EREs salvajes, los periódicos subvencionados por el Gobierno con dinero público, la crisis del sentido crítico, las emisoras de radio ultraderechistas financiadas por la Iglesia… y disfrute con dos horas de periodismo a la vieja usanza.