El rifle de América

AR-15
El rifle AR-15, arma con el que el estudiante Nikolas Cruz obró la matanza en el instituto de Florida. / Chris Wilkening (Flickr)

El AR-15 se ha convertido en una leyenda norteamericana. Como la Harley Davidson Electra-Glide, la Fender Stratocaster, el MacBook, el Ford Mustang… Solo cuesta 500 dólares, unos 400 euros, y se puede comprar cómodamente en Internet. Te lo ponen en casa. No es extraño, por tanto, que ya lo estén disfrutando alrededor de ocho millones de norteamericanos.

Dicen que el AR-15 tiene un diseño sexy, con curvas y rectas que forman recovecos inverosímiles. Construido de manera robusta, en metal negro o con detalles crema, se ha convertido en una pieza popular y de culto tan puramente norteamericana como los autos pichicateados, coquetos aerodinámicos rocanroles color caramelo de ron, que fascinaban a Tom Wolfe. El AR-15 es barato, funcional, versátil, polivalente, fiable, manejable, no necesita licencia especial o entrenamiento específico, y resulta tan preciso como letal: puede alcanzar un blanco a 600 metros, y disparar 30 balas de gran calibre en menos de un minuto. Difícil no dejarse seducir por un rifle tan completo.

Difícil no utilizar semejante preciosidad cuando tienes en la cabeza cometer una masacre.

Con un AR-15 un tirador acabó en 2012 con la vida de 20 niños en un colegio de primaria en Connecticut. Con un AR-15 mataron a 14 personas en 2015 en California, a 59 en 2017 en Las Vegas, a 27 ese mismo año en Texas. Con un AR-15 Nikolas Cruz acabó el pasado miércoles con la vida de 17 personas en el instituto Parkland, en Florida. Dentro de no demasiado tiempo volverá usted a tener noticias de una matanza cometida con un AR-15.

Le llaman ‘el rifle de América’, y se ha convertido en el arma favorita de los francotiradores. ¿Quieres provocar una sangría? Por solo 500 dólares puedes darte el capricho y tener el instrumento ideal para llevar a cabo tu proyecto. La máquina de matar del pueblo, la democratización del tiroteo, la Meca del crimen masivo.

Cada día muere en Estados Unidos un promedio de 93 personas por disparos de armas de fuego, y otras 222 quedan heridas por tiros. Alrededor de 40.000 muertos al año. Unas estadísticas estremecedoras que no consiguen detener el crecimiento de la próspera industria armamentística, la verdadera culpable de que no se ponga límite a las armas, de que acaben en manos civiles fusiles de asalto. Quizá sea demasiado tarde: la combinación más terrorífica posible, armas que generan dinero, no se limita ya a los grandes conflictos bélicos internacionales. Tienen la guerra en las calles. Es el mercado, es rentable.

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