OPINIÓN / No quiero ni políticos ni periodistas que hablen como Camps y como el autor de 'Un buen tío'

Dos tíos chungos

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Francisco Camps y Arcadi Espada
El ex presidente valenciano Francisco Camps y el periodista Arcadi Espada. / Efe

Creía que nada me podría dar tanto asco como escuchar al ex presidente valenciano Francisco Camps llamar “amiguito del alma” a Álvaro Pérez, El Bigotes, ex jefe de Orange Market y supuesto cabecilla de la trama Gürtel. Se querían “un huevo” y, babeantes, se profesaban lealtad eterna. Repugnante, ¿verdad? Pues el pasado martes, durante el juicio de Gürtel, Camps me volvió a repugnar cuando aseguró que no sabía nada de la financiación en negro del PP de Valencia. “Ni sabía cómo se financiaba (el PP), ni sé cómo se financia ahora. Es un tema al que no le he dedicado ni un solo segundo de mi vida, porque no era mi responsabilidad”, aseguró sin ruborizarse el que fuera presidente del PP de Valencia entre 2002 y 2011.

¿Asqueroso? Pues no se pierda la conversación entre Camps y el diputado de Ciudadanos Toni Cantó en plena Comisión de Investigación: el expresidente valenciano aseguró que el actor le dijo que “había sido el mejor presidente de la historia de la Comunitat Valenciana… Lo que me pareció por su parte una actuación de gran dignidad”. Aturdido por las palabras de Camps, Cantó se justificó de mala manera: “Los dos estábamos en un momento muy doloroso”.

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Parecía que Camps no me podía producir más aversión, decía. Pero entonces llegó un periodista y escribió un libro sobre su vida titulado Un buen tío. Y lo presentó en televisión, “Cómo el populismo y la posverdad liquidan a los hombres”, en un ejercicio inolvidable de prepotencia y desprecio. El periodista como ser superior, intelectual y moralmente, tratando de humillar al presentador y a otros periodistas con un discurso construido desde la soberbia más nauseabunda.

¿Ha robado Camps? ¿Desconocía que el PP valenciano se financiaba en negro? A estas alturas son cuestiones que no me preocupan. Desconozco si algún día sabré la verdad. De lo que sin embargo estoy seguro es de que no quiero ni políticos ni periodistas que hablen como Camps y como el autor de Un buen tío. Que se expresen con esa arrogancia, que hagan de la pedantería y la impertinencia una característica de la que sentirse orgullosos, que disfruten representando el papel de miserables. Políticos y periodistas “amiguitos del alma”, seres superiores flotando por encima del mediocre populacho. Dos tíos chungos.

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