Un día para la historia

  • "Día inolvidable para la democracia de un país que lucha por la reconciliación"
  • "Día infame para dos partidos políticos que ni pueden ni quieren quitarse de sus espaldas la caspa fascista"

Fue un día para la historia. Para la historia de la democracia y para la historia de la indignidad. Me refiero a la jornada de la pasada semana en que el Congreso de los Diputados aprobó la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos. El genocida saldrá del monumento, las miles de víctimas enterradas allí podrán descansar en paz y los españoles habrán dado un gran paso en el camino de la verdad y la justicia. Día inolvidable, por tanto, para la democracia de un país que lucha por la reconciliación. Día infame para dos partidos políticos que ni pueden ni quieren quitarse de sus espaldas la caspa fascista.

El decreto ley, iniciativa del Gobierno, salió adelante pese a la abstención del Partido Popular y de Ciudadanos, dos grupos políticos que algún día deberán pagar por tan miserable postura. “Es una cortina de humo para tapar las vergüenzas y la incompetencia del Gobierno”, llegaron a decir en Ciudadanos, el partido que compite con los populares por el voto de la ultraderecha. La refundación de la Alianza Popular de Manuel Fraga, comandada en estos momentos por un hombre que se ha burlado de “los de izquierdas” por ser “tan pesados con la guerra del abuelo”, ofrecen excusas igual de peregrinas por haberse negado a aprobar la exhumación del tirano: “Hay cosas más importantes que solucionar en este momento en España”.

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¿Puede ser políticamente rentable, en una democracia consolidada como la española, ponerse de perfil con el franquismo? Dos son las respuestas. Primera, que quizá nuestra democracia no sea tan sólida ni tan madura como nos gustaría que fuese. Y segunda, que posiblemente la abstención de PP/Ciudadanos no se trate solo de razones puramente electorales. Quizá también existan condicionantes ideológicos.

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Cuidado: La línea entre la derecha y la ultraderecha es tan fina como la que separa la ultraderecha del fascismo. En cualquier caso, la historia debería ser implacable con unos partidos políticos que, en septiembre de 2018, se niegan a decir en voz alta obviedades democráticas como que Francisco Franco era un sanguinario dictador, que el Valle de los Caídos es un monumento fascista o que los miles de víctimas del golpe de estado no merecen estar enterradas junto a su verdugo.