Una reflexión sobre las Marchas de la Diginidad

  • "Trabajar juntas es disponer de todas esas ventajas y fortalezas bajo una premisa de unidad, para levantarnos contra el enemigo común"
  • "Las Marchas de la Dignidad están llamadas a jugar un papel de primer orden"

Magdalena Martínez Bode y Ginés Fernández González, co-portavoces del Frente Cívico Somos Mayoría de la Región de Murcia.

Las Marchas de la Dignidad surgen de la necesidad de trabajar unidas ante los problemas que afectan a la mayoría social. Se trata de un colectivo de colectivos, por lo que no es posible juzgarlas como una organización al uso; más que como a una organización habría que entenderlas como un espacio de trabajo, donde cada colectivo participante comparte objetivos con los demás.

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La lucha social es una actitud histórica humana ante los ataques de quienes detentan el poder. Cuando la injusticia aparece, crece la desigualdad o se hace uso de la represión, la población afectada tiende a unirse para hacer causa común y forzar un cambio en determinados contextos: cultural, político, económico o social.

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Nuestro país tiene una dilatada trayectoria de lucha social fruto de los diferentes conflictos que afectan a las clases populares; por lo general, estos se originan en base al deterioro o privación de determinados derechos como pueda ser el derecho al trabajo, a la sanidad, a la educación… Y son relativos a las condiciones sociales y económicas necesarias para llevar una vida digna; también son aquellos que protegen las libertades individuales y garantizan la participación en la vida política y civil, sin discriminación y en condiciones de igualdad.

Las acciones de lucha social organizada y las diferentes manifestaciones emprendidas por diferentes sectores sociales a lo largo del tiempo han sido la mejor herramienta contra los abusos y un camino seguro para mejorar las condiciones de vida de la gente. El periodista Antonio Maestre cuenta cómo se promulgó la ley del descanso dominical en 1904 gracias a un órgano llamado la Comisión de la Reforma Social; éste se dedicaba a mejorar las condiciones sociales de los obreros y había sido creado diez años antes, durante los cuales el impulso de las huelgas y la presión constante del movimiento obrero hicieron posible que hoy descansemos los domingos. Otro ejemplo fue la Huelga de la Canadiense en 1919, que consiguió la jornada laboral de ocho horas.

A finales de los años 80 se inició el Movimiento Insumiso que consiguió a través de la desobediencia civil no violenta, la supresión del servicio militar obligatorio plasmada en el Real Decreto 247/2001. De manera más reciente, el movimiento por el derecho a la vivienda -fundamentalmente organizado en la PAH y STOP Desahucios- se alzó contra la burbuja inmobiliaria consiguiendo la paralización de miles de desahucios y la obtención de daciones en pago, alquileres sociales o realojos para otras tantas familias españolas. El pasado mes de septiembre, el Congreso de los Diputados admitía a trámite la ley de vivienda de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

Los ejemplos son innumerables, demuestran que los derechos y la mejora de las condiciones en nuestras vidas se han conseguido siempre en franca oposición al poder y de manera organizada, nunca fueron otorgados amablemente, por lo que parece demostrado que “la unión hace la fuerza”, sin embargo también debemos poner atención en otra conocida expresión: “divide y vencerás”. Los latinos la llamaron “Dīvide et īmpera” y alude a una estrategia que mantiene el poder evitando la unión de los grupos más pequeños.

Cuando trabajamos de manera aislada, evitamos la acumulación de fuerzas. Frenamos el uso de la fuerza total de la mayoría y, en democracia, es una condición fundamental. Una fuerza extraordinaria que puede cambiar leyes y gobiernos, siempre que se estructure bajo el acuerdo común. Y el enemigo mantiene su poder aplicando sufrimiento a la población.

Estas reflexiones dieron lugar, en los años 2012 y 2013 a un nuevo entendimiento de la lucha social, que daría lugar a su vez, a la creación de las Marchas de la Dignidad y su programa de mínimos, conocido como “Pan, Trabajo, Techo y Dignidad”. Bajo esta lógica se propuso dar una respuesta colectiva y masiva a los problemas que afectan a la mayoría social, entendiendo que la mayoría de ellos tienen un origen común o son susceptibles de compartir la misma solución.

Cada vez que surge un nuevo conflicto social, hay que abordar el trabajo organizativo; un proceso necesario pero que agota recursos y personas pero… ¿No es cierto que estamos ya organizadas, que cada colectivo tiene su gente y recursos? ¿Que cada organización es experta y conocedora en su ámbito concreto? Trabajar juntas es disponer de todas esas ventajas y fortalezas bajo una premisa de unidad, para levantarnos contra el enemigo común.

Cuando sufrimos durísimos recortes en Sanidad o en Educación, no debemos interpretar que son problemas separados, se trata de un grave error de juicio que garantiza la dispersión de nuestras fuerzas. Asistimos al desmantelamiento de los servicios públicos porque los poderes financieros utilizan mecanismos de extorsión para el sometimiento del poder político al poder económico, es un claro error interpretar que tenemos sólo un problema de acceso a la vivienda, a los estudios, a la sanidad o cualesquiera sean las formas finales que adopten estas políticas y el modo en que nos afectan a cada una; las dificultades que sufre la mayoría social tienen un origen común. Por tanto, es de lógica unir las fuerzas de quienes nos vemos afectadas de manera colectiva.

Las Marchas de la Dignidad deben ser entendidas como un espacio de trabajo, donde es posible luchar de manera conjunta para resolver los problemas comunes, que apuesta abiertamente por el mantenimiento de las identidades de cada participante, para poner en valor el conjunto de conocimientos y experiencias que cada colectivo desarrolla en su ámbito concreto. Son conocidas por emprender masivas movilizaciones asociadas al territorio geográfico, llenando Madrid con personas venidas de todos los lugares. Sin embargo, la referencia es más de lo que parece, se denominaron “marchas” porque su naturaleza es la de los movimientos sociales, el de las gentes despiertas y luchadoras que históricamente han conseguido un futuro mejor para los que llegamos después.

Hoy las condiciones políticas son distintas a las que había cuando nacieron las Marchas de la Dignidad, por un lado se constata un afloramiento descarado del fascismo, y por el otro un cambio del partido en el gobierno que coincide, a su vez, en lo esencial con las políticas económicas impuestas por Europa y con quienes aplicaban, hasta hace poco, recortes y sufrimientos. Un cambio que, como mucho, tiene relevancia en aspectos sociales y democráticos, pero que no cumple con las exigencias de mínimos de la Marchas.

Es por ello que decimos: “Gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”. Para lograr esa defensa, la unidad es una condición necesaria; nadie es imprescindible y todas somos necesarias. Al respecto conviene recordar que en la política, entendiendo a los movimientos sociales como parte de ella: los gases tienden a expandirse y ocupar el mayor espacio posible, del mismo modo, los espacios políticos se ocupan. Tampoco debemos olvidar que, en la lucha, la correlación de fuerzas es un factor importante.

Nos queda mucho por mover, queda mucho por cambiar y las Marchas de la Dignidad están llamadas a jugar un papel de primer orden.