COP25

Clima y farsa (II): La iniciativa, para los que contaminan

  • "No hay la menor posibilidad de enderezar la marcha del planeta sin poner cerco al capitalismo productivista"

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En la crisis climática a que asistimos, el dato rotundo y fatal es que hemos llegado demasiado lejos; tanto, que la enmienda ya es prácticamente imposible, y lo corroboran, con su inutilidad demostrada año a año, las conferencias del clima, así como el envenenamiento inmisericorde de la Tierra (ya que no sólo es el desbocamiento del clima el problema, como parece asumir el sentir general). De hecho, lo que más debiera preocupar, también en la comunidad internacional, no es el volumen de las emisiones de CO2 o los países que se niegan a reducirlo, sino la “huella ecológica”, ese indicador oportuno que incluye las emisiones de carbónico y que establece claramente la responsabilidad global de cada individuo y país.

Pero la esencia del relato por el clima parece ocultar, o tocar lo menos posible, el origen del problema, el climático y el ambiental en general… incidiendo en las “soluciones”, como si estas fueran posibles sin ir a las raíces del asunto. Una consecuencia de este enfoque tramposo, abundantemente propalado en esta Cumbre, es la “economía circular”, paradigma de moda, hallazgo ladino de nuevas actividades y artero frente de oposición a la propuesta ecologista, también histórica, de la economía ecológica, que supone la descalificación total de la economía clásica, liberal y depredadora, exigiendo la adaptación de la actividad económica a los ciclos, recursos y flujos de la naturaleza.… Son, precisamente, los mecanismos de economía liberal, que ahora ponen su acento en esa novedosa “economía circular”, los que garantizan que nada cambie, ya que no persiguen en absoluto cambiar, en el origen, los procesos físico-químicos de la producción industrial o la agricultura moderna, por ejemplo.

La mentira está en consignas como “vertido cero” o “emisiones cero”, ya que consisten en centrar las actuaciones (las inversiones) en “sofocar” la contaminación o el proceso dañino después de producirlos: un enfoque esencialmente empresarial, político y también científico-técnico, si asumimos que tanto la ciencia como la tecnología se alinean, en grandísima medida, a retardar o impedir las soluciones auténticas, eludiendo tratar las causas. Otras especies de diversión y desvío son las que hacen creer que con generadores eólicos y coches eléctricos el asunto de las emisiones está resuelto, y en consecuencia el del CO2 y, por tanto, el del cambio climático (o que, como mínimo, entramos en vía de solución). Pero no hay nada de eso, porque el problema es el propio consumo de energía, sea fósil o renovable, y lo mismo dígase del automóvil, ya que es el propio vehículo lo que perturba ambientalmente, sea cual sea su combustible.

El objetivo subyacente, con todo, es eludir en la medida de lo posible, el análisis y la interpretación, radicales, del problema, evitando así que las responsabilidades se revelen en su importancia y trascendencia, es decir, señalando a los culpables que, en el plano de lo directo, son principalmente las empresas. Lejos de eso, empresas y empresarios que, después de llevarnos al desastre climático enriqueciéndose como contrapartida sistémica del daño causado a la naturaleza, ahora se revisten de salvadores, de líderes, de instrumentos providenciales para salvarla. Más todavía (aunque esto se lo callan), seguramente están convencidos de que ésta, la crisis climática, es la oportunidad más directa y realista de salvarse a sí mismos y al sistema en el que prosperan y desde el que nos destruyen (social y ecológicamente), llevando al capitalismo global a una nueva etapa de prosperidad y supervivencia (cuando muchos cantaban su final).

Desde el punto de vista empresarial-capitalista, el gran negocio está en que las medidas que se tomen impliquen inversión y, en consecuencia, aumento de la actividad, y nunca admitirán que el objetivo elemental para afrontar el problema del clima y la destrucción del planeta es, precisamente, lo contrario: ralentizar el crecimiento económico y demográfico, con el propósito de reducirlo y adaptarlo a las capacidades del planeta (que no han aumentado sensiblemente por mor de la ciencia o la tecnología, una vez comprobado que los problemas ambientales directos son, esencialmente, de índole científico-tecnológica).

Pero la pauta a seguir, sin embargo, está en el decrecimiento, en la marcha atrás, en el regreso a niveles de consumo del pasado… Todo lo cual suena a pura subversión, tanto para los “políticos del clima” –descreídos, insensibles, falsarios– como para las empresas “concienciadas” –dispuestas a poner en juego su inmenso y creciente poder–, que ya han decidido, a su manera y según sus intereses, promover un “nuevo crecimiento” que consiga la cuadratura del círculo: mantener los niveles de producción y consumo de forma limpia y sostenible, continuando la marcha del desarrollo y del progreso…

El enemigo principal del clima y la naturaleza es ese capitalismo necrófilo que, en el fondo y en su estrategia, se siente mucho más interesado por el aumento de los desastres que por evitarlos, aunque en cualquier caso considera que el protagonismo será el de las obras civiles y las inversiones tecnológicas, en una medida gigantesca y desconocida, que determinarán su reproducción y supervivencia.

Un signo bien claro de que nada positivo y profundo se mueve es la insistencia en estas conferencias en el “mercado de emisiones” (que en Madrid incuso ha sufrido bloqueo), un instrumento de economía convencional que somete al mercadeo el arreglo del clima, sobre la base, en definitiva, de que “el que paga, puede contaminar”, mofa y escarnio de ese otro lema (más digno, aunque nunca se ha llegado a aplicar como principio generalizado) de que “el que contamina, paga”.

No hay la menor posibilidad de enderezar la marcha del planeta sin poner cerco al capitalismo productivista, feroz e inhumano, para impedir que –como sucede y parece que sucederá– sea este mismo el que marque la pauta e incluso abra caminos para la “salvación del clima”, relegando, o incluso ninguneando, con innegable éxito, a las instituciones científicas y mostrándose implacable con las organizaciones realmente ecologistas. Y por encima del rechazo al capitalismo depredador, debe quedar claro que es el crecimiento económico, como religión que nos domina dogmática y vengativamente, lo que marca el proceder de empresas y gobiernos, y continúa envenenando las conciencias desde facultades y manuales.

No es de esperar, desde luego, que ninguna conferencia oficiosa exponga los contenidos y propuestas del ecologismo histórico internacional, dado que éste es fuertemente político, y aúna desde el primer momento (al poco de los hechos de Mayo del 68) la denuncia política del sistema antiecológico dominante con la reivindicación de la Tierra. Sus armas y argumentos pertenecen a la ecología política y a la economía ecológica, así como a un profundo sentimiento de recuperación de las relaciones, hostiles y degradadas, con la naturaleza, sus necesidades y exigencias. Por lo demás, espectáculos con sus toques de integrismo estéril y ridículo –como los que cultiva la sensacional jovencita sueca navegando a vela o moviéndose en coche eléctrico– no hacen más que confirmar el cuidado escenario de una farsa grandiosa, puesta a punto en un ambiente de engaños y disimulos que no es, desde luego, camino de solución.

La serie completa

Clima y farsa (I): El espectáculo debe continuar

Clima y farsa (II): La iniciativa, para los que contaminan

Clima y farsa (III): Solo un ecosocialismo


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1 Comment
  1. Florentino says

    … ¡ La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y alma quieta, ha de tener su mármol y su día, su infalible mañana y su poeta !.
    Pedro, aquí se subvenciona al capitalismo «productivista», cómo la COP 25; cómo se legisla en favor del almacenaje de gas «Castor», que después de crear terremotos les abonan 1.200 millones de euros del erario público. Cómo se rescata esa banca tan sólida y sabrosona con dineros públicos…¡ Gratuitamente faltaría más !. Lo mismo que ponen jueces, magistrados, tribunales desde las esferas de un palco de un campo de fútbol. Y el primo de Rajoy vaticinando, que esto es por los «rojos»… ¡ Que no están bien muertos !. Que hay «Operaciones Chamartines», aprobada con un consenso entre ultras prevaricadores, egolatras de medio pelo y sociolistos escorados cara el sol…
    Habría que empezar, por volver a meter a España dentro del Tribunal Penal Internacional… ¡ De donde el PP la sacó !. Este País es un «Prestige» recién repostado de combustible, que lo tapan alejando de nuestra vista tamaña degeneración ambiental… ¡ Unos hilillos de nada !. Declaran los toros de bien cultural, la religión tiene bula y burla a la soberanía estatal de todos sus ciudadanos. Por esto Pedro desde estas latitudes geográficas, en estos días; pedimos a Olentzero carbonero mitológico vasco… que nos acerque antes del 5 de Enero, un acuerdo entre diferentes, para desmontar el reinado del carbón real impuesto a golpe de fusil, tiros de gracia, fosas y cunetas. Qué en su mármol diga: ¡ El Pueblo es el soberano, abajo la tiranía impuesta desde el amanecer… al mediodía, hasta el anochecer obviando la democrática ecología !.
    Pedro, es el Pueblo el mejor secretario, para revertir la fosa global de porquería política.

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