GOBIERNO DE COALICIÓN

La maquinaria del bloque de la investidura todavía no está engrasada

  • Primer desencuentro: Sánchez decide que tendrá cuatro vicepresidencias
  • La tensión entre PSOE y ERC será constante

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El 20 de diciembre de 1993, la infanta Pilar de Borbón, fallecida esta semana a sus 83 años, inauguraba el carrillón del edifico Plus Ultra. Frente al Congreso de los Diputados, al otro lado de la Plaza de las Cortes, en la balconada del primer piso, cinco figuras móviles diseñadas por el dibujante Antonio Mingote (sus aportaciones decorativas a las calles de Madrid se pueden contemplar en otros lugares, como en la calle de la Sal junto a la Plaza Mayor) desarrollan un pequeño espectáculo cuatro veces al día. Hasta 500 melodías alberga el ordenador que da la orden a 18 campanillas que hacen sonar la música que bailan los cinco personajes: un torero, una manola, el pintor Francisco de Goya, la duquesa de Alba y su perro y el rey Carlos III, apodado como “el mejor alcalde de Madrid”.

La maquinaria diseñada por la Real Fundición de Campanas de Eijsbouts (Países Bajos) pesa cerca de tres toneladas y compone un complejo mecanismo por el que los movimientos de los personajes y las canciones concuerdan a los ojos de los espectadores, que, desde la plaza, observan el espectáculo. Un poco más allá, a las espaldas de los espectadores, los leones de bronce que custodian el Congreso. Durante el 4, 5 y 7 de enero, durante el debate de investidura de Pedro Sánchez, la plaza al completo se convertía en un inmenso plató desde el que retransmitían a todas horas televisiones de aquí e internacionales.

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La investidura de Sánchez dibujó una suerte de división política española que profundiza en la correlación de fuerzas que facilitó la moción de censura a Mariano Rajoy, llevando al socialista a Moncloa, hace 19 meses. Ajustadísima, obliga al futuro Gobierno a maniobrar si no quiere quedarse en la estacada más pronto que tarde. Una suerte de dos Españas políticas, confrontadas por el apego al nacionalismo español de las derechas y ultraderechas de PP, Vox y Ciudadanos, por un lado, por el reconocimiento de la diversidad nacional del Estado, por el otro lado. Una amalgama de fuerzas políticas que ora votando a favor (PSOE, Unidas Podemos, PNV, Más País-Equo, Nueva Canarias, BNG y Teruel Existe), ora mediante la abstención (ERC y EH Bildu) han borrado del cargo de Sánchez el complemento “en funciones”.

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“Que el bloque de la moción de censura se convierta en bloque histórico dirigente”, dibujaba Pablo Iglesias en una conferencia en diciembre en el Congreso de los Diputados. Un “bloque histórico” que está llamado a liderarlo el PSOE, que tiene complicado volver a dar un bandazo en su política territorial mientras que derechas y ultraderechas sigan manteniendo una estrategia tan beligerante. Un “bloque histórico” en el que será imprescindible Unidas Podemos, pero en el que tanto PNV como ERC, que aspira a ser fuerza hegemónica catalana, son, también, necesarios para que siga adelante.

Y ante tal disparidad de intereses políticos que han de confluir y ante la dificultad de los retos que se han impuesto, entre ellos el buscar una solución dialogada al conflicto político catalán, la legislatura será determinante y su avance, complicado. Las distintas figuras de este carrillón han de bailar en consonancia con una música que no chirríe demasiado. Los personajes difícilmente habrán quedado previamente para ensayar los pasos del baile. La maquinaria ha de acompasar los movimientos con los sonidos, y evitar que caiga al vacío alguno de los personajes ante el riesgo de herir a algún transeúnte.

PSOE-Unidas Podemos

En este sentido, PSOE y Unidas Podemos firmaban esta semana un acuerdo de funcionamiento parlamentario en el que ambos grupos parlamentarios se comprometen a actuar “bajo los principios de lealtad, cooperación, corresponsabilidad y estabilidad”. Para ello, se conforma una Mesa Permanente y una Comisión de Seguimiento Parlamentario, por la cual ambas fuerzas apoyarán en Congreso, Senado y Parlamento Europeo la acción de gobierno, actuando “con unidad de criterio y de sentido de voto”, en relación a los acuerdos programáticos alcanzados. En aquellas cuestiones que excedan a los acuerdos firmados, los grupos parlamentarios tendrán libertad de voto, pero se comprometen a coordinarse en cómo comunicar las divergencias.

El malestar, sin embargo, en las filas de Unidas Podemos llegaba ayer, cuando Moncloa anunciaba que finalmente el Gobierno contará con cuatro vicepresidencias (Carmen Calvo, Iglesias, Nadia Calviño y Teresa Ribera, como novedad), algo de lo que los confederales no habían sido informados previamente, tan solo se habían negociado tres. El mismo martes, una vez finalizado el debate de investidura, Iglesias tomaba la delantera mediática y daba dos entrevistas, mientras que desde el PSOE anunciaban que el nombramiento de los ministros se retrasaría hasta la próxima semana. Finalmente, será el domingo, si no hay un nuevo giro de guion en la Moncloa, cuando el presidente anuncie la composición de su Gobierno. Así, el lunes 13 de enero los ministros tomarán posesión y el primer Consejo de Ministros se celebrará en martes, el 14.

La relación entre Sánchez e Iglesias ha llenado páginas de tinta durante los últimos años. Nada hace presagiar que no lo siga haciendo en el futuro desde el seno del Gobierno. Sánchez lanza el mensaje, con este: la conformación del Gobierno es tarea del presidente, y el presidente es él. Un “aquí mando yo” que deja entrever una cierta inseguridad por parte del socialista ante la posibilidad de que el líder morado pueda robarle cierto protagonismo mediático. Las disputas en el seno de los gobiernos de coalición existen, lo vemos en muchas comunidades autónomas, lo vemos, especialmente, en el caso del Govern de la Generalitat. En el nuevo ejecutivo, la relación Sánchez-Iglesias muta, va un paso más allá. La acción de gobierno, sin embargo, tiene marcada la senda específicamente en el acuerdo rubricado por ambos dirigentes.

La tensión con ERC

Las negociaciones entre PSOE y ERC coparon gran parte del interés político de las pasadas semanas. Más allá de que los socialistas se aseguraran las necesarias abstenciones de los republicanos para conseguir sacar adelante la investidura, la mesa de negociación pactada entre socialistas y republicanos implica una nueva fórmula de afrontar el conflicto catalán. Frente a la judicialización del proceso independentista de los últimos años, se abre una vía política que nadie sabe hasta dónde podrá llegar.

“Si no hay mesa de negociación, no habrá legislatura”. Las palabras de Gabriel Rufián desde la tribuna de oradores pudieron sonar duras. “Me importa un comino la gobernabilidad de España”. Las de Montse Bassa, más todavía, que llegó a llamar a los socialistas “verdugos”. Sin embargo, a pesar de las presiones que de buena parte del independentismo recibe, la apuesta de ERC por el diálogo es clara. Eso no se pueden confundir con que la tensión entre PSOE y ERC no siga estando patente y, sobre todo, su escenificación.

Ayer, su coordinador nacional, Pere Aragonès, plasmaba de nuevo la confianza en el diálogo en una comparecencia tras conocer la noticia de que el Tribunal Supremo no permitirá ejercer a Oriol Junqueras como eurodiputado. Constatado que “la cúpula judicial” española está “capturada por la derecha conservadora, nacionalista y euroescéptica, la ultraderecha del Estado”, “más que nunca hay que abrir una vía política para resolver el conflicto”, vino a decir. El conflicto catalán, como conflicto, conlleva un relato y escenificación conflictivos. El Gobierno de PSOE y Unidas Podemos tendrá que lidiar con ello.

Comunicación fluida con el PNV

El acuerdo de investidura firmado entre PSOE y PNV, por el que Sánchez contó con los seis votos favorables del grupo presidido por Aitor Esteban, les compromete a “mantener una comunicación fluida y constante con EAJ-PNV, dando a conocer con antelación suficiente los proyectos e iniciativas que el Gobierno desee impulsar, comprometiéndose, además, a llegar a un acuerdo satisfactorio en caso de discrepancia”. El PNV fiscalizará la acción de gobierno de la que tendrá que ser informado con anterioridad.

El dispar bloque alternativo a las derechas y ultraderechas que sustenta el Gobierno de coalición presidido por Sánchez, para subsistir, tendrá que engrasar una maquinaria muy compleja. Distintas figuras de un carrillón que poco tienen que ver entre sí salen a bailar al son de la misma música. Una marcha militar que llega desde las derechas, ultraderechas y medios afines a estas amenaza con empantanar la actuación. Una maquinaria que ha de ser engrasada. Canciones variadas que pueden desentonar. El espectáculo está a punto de comenzar.

2 Comments
  1. Iñaki I. says

    No solo el neonato gobierno tendrá que lidiar con los numerosos escenarios apuntados en el artículo, tendrá que plantar soluciones tangibles a la multitud de problemas históricos que padece una sociedad desigual, vapuleada y maltratada por encima de sus posibilidades, más allá de narrativas/relatos… En definitiva, hacer política, tendrá que hacer política un tipo tan líquido como Pdr Schz.
    PD: Mi escepticismo está a la altura del de Manolo Monereo 😉

  2. Florentino says

    … Sato, mucha música variada con personajes de la corte madrileña… ¡ Pero el carrillón made in Países bajos !. Los madrileños y los que se acerquen a la corte, verán los muñecos, melodías y tanto peso en metales… ¡ No es made in Spain !. Eso sí sirve para entretener la curiosidad de viandantes de la Villa y Corte. El año 1.993, es lo de menos, no tiene antigüedad, pero que fuese una infanta la que inaugurase la copia de tal guiñol horario… ¿ por quién fué elegida ?. Sato, en este País tenemos las mismas cantinelas desde hace muchísimos años atrás, tanto de músicas, como de letras (de pago también), por los mismos de siempre. Las urnas alejadas de aquellos que desean ejercer su soberanía popular, real del Pueblo, liso y llano.
    El problema por bailar, sardanas, aurreskus, o fados y jotas; no existe, hay un popurri ultra orquestado, y un poder judicial marcando un ritmo plagiado de otros escenarios poco edificantes. Los gritos, no dejan oir la música, e imponen una minoría el pasodoble, la corona como montera, y esa plaza pública para que la ocupen los golpistas forrados de ignorancia… Y ¡ ese apoyo mediático-fáctico de medios privados de incidencias públicas !.
    Este País Sato, no necesita más partituras, se carece de la base del solfeo; ¡ esta, es Universal ! un idioma con sonidos tan variados y sabiendo las claves…
    Es lo que falta en estos momentos, no se puede uno agarrarse a la más fea y la pieza más larga. Los gustos también importan, el momento oportuno, con la persona adecuada; aunque una buena escoba barrería el cuadrilátero del circo mediático, y los caballos de arrastre se lleven la misoginia ultra, su brazo romano. Trompetas, clarines reales, las estridencias en el foro y esas marchas militares… ¡ De tan malos recuerdos en la soberanía popular !.

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