FOTOCHOP XII

Covid-19

  • Cuando ‘el mal’ no viaja en patera sino en los mocos del CEO de tu empresa, el asunto se complica  
  • Parece que algunos malditos virus se niegan a entender que hay ricos y pobres, negros y blancos, heteros y homos, españoles y catalanes 

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Transcendamos por un momento la milonga de si estamos bien o mal informados, justificada o injustificadamente alarmados, de si nos lavamos las manos correctamente o si nos las lavamos fatal, de si esto es una gripe, más que una gripe o menos que una gripe; de si tiene sentido que los ciudadanos se líen a hostias a las puertas de las farmacias por un puñado de mascarillas. Tomemos un tequila reposado, o dos, y sentémonos un ratito en el rincón de pensar.

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Cuando el sida alcanzó la categoría de pandemia algunos aprovecharon para convertirlo en plaga bíblica, algo así como una venganza de Dios Nuestro Señor contra “los maricas y los yonquis”, por resumir. Fueron necesarios ingentes esfuerzos económicos y pedagógicos para sostener el pulso a los charlatanes de la fe, a los herederos del Santo Oficio, y ni tan siquiera la victoria social fue definitiva. La enfermedad prendió como la pólvora en todo el planeta, países ricos incluidos cuando ‘la peste’ se lleva por delante a Rock Hudson, el novio de América, es que algo chungo está pasando, lo que desató el interés de la comunidad científica y de la industria farmacéutica por buscar un remedio; un remedio que en un hemisferio se podía pagar y en el otro no.

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A pesar de que en estos caprichosos y desmemoriados tiempos la mejor forma de solucionar un problema es hacerlo desaparecer de la parrilla televisiva, a finales de 2018, aunque nadie nos lo contara, casi 38 millones de individuos vivían con el VIH en todo el mundo y, de ellos, solo un 78 por ciento (digo lo de “solo” pensando fundamentalmente en el 22 por ciento restante) tenía acceso al tratamiento. Según datos de la ONU, 770.000 personas fallecieron a causa de enfermedades relacionadas con el sida al cierre de ese ejercicio. 

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Y como en esto de la tozudez todos somos un poco maños hayamos nacido en Belchite o en Carrión de los Condes lo volvimos a hacer. El virus del Ébola fue descubierto en 1976, pero como era “cosa de negros” Occidente no le hizo caso hasta que se coló en sus hospitales. En España, en el verano de 2014 se retornó a dos religiosos que habían contraído la enfermedad en Liberia y Sierra Leona. Teresa Romero, auxiliar de enfermería del Carlos III, donde estaba ingresado uno de ellos, resultó contagiada y, días después, sacrificaron a su perro. Aquí, como siempre, montamos el debate mediático sobre asuntos de la trascendencia de si era el Estado o las órdenes religiosas quienes debían afrontar los gastos de la repatriación o de si fue una decisión acertada cargarse al pobre animal… Lamentablemente, es de eso de lo único que nos acordamos seis años más tarde. 

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Pues bien, después de aquello, la segunda epidemia de ébola más letal de la historia, que se declaró el 1 de agosto de 2018, infectó a 3.398 personas y mató a 2.235, según cifras del Ministerio de Sanidad de la República Democrática del Congo recogidas por la Organización Mundial de la Salud a 5 de enero de 2020. De los muertos contabilizados, el 28 por ciento eran niños… Y nosotros sin enterarnos.

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Y ya que estamos en el rincón de pensar y tenemos la botella de tequila justo aquí al lado, podríamos aprovechar para reflexionar un poco más. Un informe de Ayuda en Acción alerta de que en el África subsahariana las enfermedades respiratorias de vías bajas son responsables de más de 1,1 millones de decesos cada año. También en África, la diarrea provoca la muerte de cientos de miles de niños debido a la pérdida de sales, electrólitos y nutrientes. De igual modo, son los niños subsaharianos los más afectados entre el medio millón de muertes que causa la malaria cada doce meses. La meningitis y la tuberculosis suman en el continente africano más de medio millón de defunciones anuales… “Y no te olvides de Haití” (Forges dixit).

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Cuando ‘el mal’ no viaja en patera sino en los mocos del CEO de tu empresa, que acaba de regresar de una reunión muy importante en la oficina central de Singapur, el asunto se complica. Entonces no hay Ortega Smith capaz de hacerle frente con un AK-42 en lo alto del peñón de Gibraltar. Cuando los malos no son los negros, o los sirios, o los moros, o los rumanos; cuando las concertinas no sirven; cuando no vale de nada cargar con pelotas de goma contra un grupo de desesperados que se acercan nadando hasta la costa; cuando no podemos señalar a un enemigo, sea del color, la ideología o la condición sexual que sea, el debate se clarifica y los discursos racistas y xenófobos se diluyen entre las manos de los rancios como cagaditas de gorrión. Parece que algunos malditos virus se niegan a entender que hay ricos y pobres, negros y blancos, heteros y homos, españoles y catalanes. ¡Pobre Cayetana!

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Y ahora hablemos del coronavirus, de las mascarillas o de la fea costumbre de escupir en la acera… ¿Demagogia? Joder con la demagogia.

2 Comments
  1. Florentino says

    … Pascual, entre el amasijo de la sociedad vemos la mota de la noticia, pero obviamos hacer una reflexión en una solución. Aquí las farmacéuticas, los G 20, G / 7 están en el marketing y posibilidades de enriquecerse a un más; nos usan como placebo y probadores gratuitos de sus fórmulas magistrales, que terminan por inocularnos las contraindicaciones…¡ sin responsabilidades !. Todo se paga dentro del juramento «Hipocrático» y sus silencios administrativos. Poco se confía en el creador de tantos animales, venimos sin prospecto al mundo traidor; pero sabemos que nos esperan las probetas de ensayo y el calendario de vacunas…¡ que ya no las podremos dejar núnca !. La obligatoriedad, ese miedo inoculado por científicos al servicio de otros intereses (empresas), que también te ofrecen el contraveneno… ¡ A otro precio mayor, pero teniendo que soportar las contraindicaciones !.
    Los virus no son racistas, ciertos políticos han mamado los ideales contaminados de la sangre de inocentes; estos sí lo son, aunque intentan disimularlo usando «cobayas» apropiadas en cautividad para muestreo, rastreo de tantos males y embarazos no deseados; ahora se usa el «predictor», antes, unas ranas hembras que con la orina inyectada… Predecía, con exactitud la nueva vida en desarrollo… y ¡ la muerte del batracio !. Como se comiesen las ranas…
    Pascual, nos tenemos que liberar, e independizarnos de ponzoñas, virus, bacterias y régimenes de calado especulativos en la salud social diária… ¡ Algo trama EE UU mucho me temo !.

  2. Juanfri says

    Ningún periodista pregunta por medidas para las abarrotadas SALAS DE ESPERA de ONCOLOGIA cuyos pacientes y familiares reúnen casi todas las condiciones de riesgo.

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