La próxima campaña electoral será más 2.0 que nunca

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Retrato utilizado como reclamo electoral por el Partido Demócrata de Estados Unidos, en 1888. Fotografía: Cornell University Collection of Political Americana, Cornell University Library

El Partido Popular ha puesto las cartas sobre la mesa, y probablemente sin saberlo haya dado el pistoletazo de salida para las elecciones más interactivas que hayamos conocido en nuestro país. Si la propuesta de los populares para rebajar la inversión económica que los partidos políticos realizan en el circo electoral tiene un eco positivo en el resto de formaciones, nos veremos abocados a un proceso en el que las nuevas tecnologías tomarán un protagonismo nunca visto en España.

A nadie se le escapa que el dinero para las campañas se esfuma , por ejemplo, en el tremendo gasto que supone la contratación de espacios publicitarios en los llamados medios de comunicación tradicionales. El envío de papeletas de votación por correo ordinario, esas que nos llegan al buzón con la carta del líder contándonos las virtudes de su proyecto, tiene un coste tan descomunal como anacrónico comienza a ser el procedimiento. Millones de euros se dejan los partidos en el famoso mailing. Los que pueden, claro está. Junto a la parafernalia de los también tradicionales mítines, la mayor parte del dinero que se gasta en una campaña electoral está destinado a unas acciones que llevan presentes en el proceso desde hace décadas.

Atendiendo a la situación económica que vive el país en particular, Europa en general y el mundo para variar, no parece adecuado hacer una demostración derrochadora en las próximas elecciones. La coyuntura es ideal para aguzar el ingenio, escuchar por ahí a algunos que llevan tiempo hablando sobre el asunto, y comenzar a implantar en nuestro país sistemas para acercarse a los electores que, además de baratos, son bastante más efectivos que la impresión del papel en cantidades que hacen temblar el Amazonas y el espíritu.

El nivel de penetración de Internet en nuestro país comienza a ser lo suficientemente importante como para  plantearse la acción electoral desde otro punto de vista. La herramienta, la Red, debe convertirse de una vez por todas en un elemento decisivo para ganar elecciones, dejando de ser la guinda en el pastel de la estrategia. De su correcta utilización en la comunicación del líder político ya tenemos varios ejemplos en nuestro país, pero está por ver que su integración en la maquinaría de una campaña electoral ofrezca los frutos necesarios en forma de movilización del electorado. Para ello deberá cambiar la forma en que los partidos se asoman a la web 2.0, la manera en la que afrontan la participación de sus simpatizantes y la relevancia que a ésta se le da. Ya hemos escuchado. Ahora llega el momento de remar junto a los que hablan. De darles la posibilidad de formar parte del engranaje, confiando en las posibilidades de una nueva web que puede convertirse en ese empujón definitivo para la victoria.

Lejos quedan los tiempos de los coches con megafonía y las calles alfombradas con papel impreso en la simbología del partido. Los altavoces son ahora las redes sociales, y el puerta a puerta se realiza compartiendo y haciendo click en el botón “Me gusta”. Los partidos políticos afinan en sus reuniones previas qué hacer ante este reto, sabedores de que el recorte en los presupuestos les obligará a depositar en Internet gran parte de sus esperanzas de gobernar.

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