Los nuevos iconos de la confianza

Logotipo de la marca Apple

En el mundo globalizado,  nuevo paradigma de la conexión entre semejantes y el conocimiento compartido para despistar sobre el libre movimiento de capitales, que es lo que importa, los nuevos generadores de confianza son marcas asociadas a las nuevas tecnologías y la innovación. Sonidos cool, que nos parecen un síntoma de modernidad, una señal de que este mundo avanza desde su rancia terquedad en la deriva hacia el egoismo y las miradas al ombligo propio. Lo dice un estudio de Zogby International cuyas conclusiones también aseguran que los medios de comunicación tradicionales, también tradicionalmente depositarios de la confianza de millones para guiarlos en su opinión diaria, han sido desbancados por Google, Apple o Microsoft, e incluso Facebook y Twitter. Está ocurriendo en el hogar del líder del mundo libre, patria unida gobernada por Barack Obama, en la que sus habitantes comienzan a confiar más en lo que les cuenta su vecino en la red social de turno que en el columnista habitual.

Por supuesto, no todo es de color de rosa para los negocios nativos de Internet. La privacidad es una de las mayores preocupaciones para los ciudadanos de Estados Unidos (al menos de los 2.100 que componen la muestra). Casos como la acumulación de datos sobre las redes wifi que los coches de Google Street View iban recopilando a su paso por las calles de todo el mundo, no han contribuido precisamente a tranquilizar al personal.

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El escueto 8% entre los adultos  (baja al 6% entre los más jóvenes), que declaran tener confianza en los medios de comunicación, ya no puede calificarse de toque de atención serio. Es una llamada al orden en toda regla. La prensa ha - hemos - incurrido en demasiados errores durante los últimos tiempos. La alineación sistemática con unos u otros resortes del poder, está haciendo que los ciudadanos comiencen a ver a los medios como una prolongación de las opciones políticias a las que votan, pero de las que desconfían.  La dependencia casi vital entre política y periodismo ha terminado por desdibujar una línea roja que ahora, más que recta, parece una carretera de montaña.

Con la llegada de la web 2.0, los emisores de información se multiplicaron por millones y la elección sobre de quién recibirla se complicó de la noche a la mañana. Pero la sociedad aprende rápido. Confiamos en lo que tenemos más cerca, en la recomendación de un amigo que nunca nos ha buscado por interés, en el criterio de un familiar que conocemos a fondo por su naturaleza investigadora e inconformista. El ascenso de Facebook y Twitter o Apple, Google y Microsoft, no es un milagro de eso que llaman branding. Es la demostración empírica de que la comunicación tradicional, las inversiones millonarias en publicidad o la carga diaria contra las redacciones de los medios para ver una noticia de la marca en las páginas del diario ya no son la fórmula mágica para el éxito. Ahora, el boca a boca o el consejo desinteresado de los cercanos, son el elemento diferenciador, y las redes sociales el catalizador perfecto para una nueva forma de atraer al cliente. Sin prisas. Quizás por ello, y con perdón por el autobombo, una de las mayores fuentes de tráfico en cuartopoder sean las redes sociales. En definitiva, un nuevo espacio para estar más alerta y saber que, de la noche a la mañana, nuestros propios errores pueden llevarnos al ostracismo, y no habrá campaña publicitaria que lo remedie.