El nuevo algoritmo de Google no está fino

Se llevan escritas ya miles de páginas sobre el cambio en el algoritmo de búsqueda de Google, el secreto santo grial de los chicos de California. En principio, desde la empresa del buscador intentan con esta modificación penalizar a lo que se conoce como granjas de contenido, que no son otra cosa que sitios web que, o bien aportan mucho contenido de baja calidad sobre diversos temas para posicionarse entre los primeros puestos en las búsquedas, o por el contrario recopilan información de otros lugares enlazando a la fuente y copiando un titular e introducción para también contribuir a optimizar su posicionamiento. Van, según sus propias palabras, a por webs “"que son de bajo valor añadido para los usuarios, que copian contenidos de otros sitios web o sitios que no son muy útiles". El concepto de utilidad, por supuesto, es definido por la empresa.

Con el paso de los años, el afán de rentabilizar cualquier página web al precio que sea ha llevado a muchos a la búsqueda de atajos que, sin grandes inversiones económicas o haciendo éstas en el apartado tecnológico, confundan al buscador de Google y eleven su posición en los resultados. Mejor posición, mayores ingresos publicitarios. Es una regla que se cumple de forma automática. En Estados Unidos, país donde se ha aplicado el nuevo algoritmo por primera vez, los que lo sufren ya son muchos, y no todos se encuentran entre los que serían el objetivo de los ingenieros. Existe una lista, publicada por la empresa de optimización de páginas web en buscadores (SEO) Sixtrix, con los principales damnificados, pero también sitios relevantes han sido penalizados perdiendo posiciones por el mero hecho de que sus contenidos eran copiados a destajo por esas granjas. Cult of Mac, un blog con información sobre Apple, recibió un palo considerable a pesar de no encontrarse entre los señalados. El editor de la publicación, Leander Kahney, declaraba a la revista Wired que habían "trabajado duro para ser originales y tener contenido de buena calidad". "Me parece muy injusto, - continuaba - porque hay un montón de sitios de mierda que merecen ser penalizados”. Tras la publicación de su entrevista en Wired, su blog volvió a recuperar las posiciones perdidas. Era de esperar que el algoritmo tuviese que pasar por una fase de afinación, pero eso no servirá de consuelo a los que se vean afectados economicamente por los fallos que puedan producirse y no vean su caso reflejado en los medios de comunicación. Desde Google, afirman echarle horas para mejorarlo más: "Nuestros ingenieros están trabajando en estos momentos en la construcción de una nueva capa en la parte superior de este algoritmo para que sea aún más exacto de lo que es". Por otro lado, en nuestro país, su implantación se espera con cautela a la espera de observar como afectará a diferentes páginas web, o incluso medios de comunicación, que podrían estar incluidos dentro de esos enlaces tóxicos que penaliza el buscador.

Los sitios más beneficiados por el nuevo algoritmo, según SEOClarity

Si no estás en Google no estás en Internet”, decía también Kahney, y es una afirmación tan cierta como dramática. La empresa del buscador tiene varios frentes abiertos en las instituciones que vigilan la competencia, y ha sido acusada de promocionar sus propios contenidos para colocarlos por encima de los generados por otras empresas que tratan de meterse en sus cada vez más amplias áreas de negocio. Google acumula un poder inmenso, y cuotas de mercado en algunos países que superan el 90% de las búsquedas que se realizan en la Red, como por ejemplo en España. Nadie pone en duda su aspiración de hacer un buen producto que sea beneficioso para los usuarios y duro con los tramposos, pero estaríamos viviendo en un mundo mágico de ilusión y fantasía si no valorásemos también que, con semejante herramienta entre manos, las tentaciones son muchas. En el altar de la libre competencia, venerado por los liberales de toda la vida y los conversos a la religión del dividendo, se producen también situaciones complicadas que merecen ser vigiladas por los diferentes gobiernos. Los que cada día quieren menos presencia del Estado en la sociedad propician un modelo económico que nos lleva por oscuros senderos. Estos conducen a escenarios en los que el control del Estado no existe, pero es sustituido por el de alguna empresa privada. Si a uno ya se le encoge todo pensando en como pueden controlarnos los gobiernos de turno, el hecho de pasar a ser sujetos dependientes de una corporación internacional privada da tanto miedo como el payaso con el cuchillo que se me aparece en sueños. Puestos a elegir, prefiero a los que puedo echar cada cuatro años pasando por el colegio electoral, y que estos sigan muy atentos las evoluciones, no sólo de Google, sino de todos los que comienzan a adquirir posiciones de dominio inquietantes. Las reglas del juego debemos seguir marcándolas los ciudadanos, a través de nuestros representantes democráticamente elegidos, y cambiarlas a mitad de la partida es un derecho que nadie puede arrebatarnos. Google lo hace con su algoritmo, pero el tablero principal todavía nos pertenece.

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