Google se ha convertido en juez y parte del negocio de internet

 

El presidente de Google, Eric Schmidt, durante su comparecencia de ayer miércoles, en Washington (EEUU), ante una comisión del Senado de EEUU que investiga si el gigante de Internet dificulta la libre competencia. / Michael Reynolds (Efe)

El interés por lo que iba a decir Eric Schmidt, presidente de Google, en un subcomité del Senado de EEUU que investiga sus posibles prácticas monopolísticas fue tal que la página senatorial se vino abajo. Eran muchos los que querían ver una audiencia cuyo título, “El poder de Google: ¿sirviendo a los consumidores o amenazando a la competencia?”, lo dice todo. Por un lado, Schmidt iba a defender que el eslogan de su compañía, Don’t be evil ( No seas malvado) seguía estando vigente. Tras él, debían intervenir representantes de varias páginas web que acusan al buscador de que ya no juega limpio, alterando sus resultados en beneficio de sus propios servicios. Aunque el canal de vídeo oficial  no funcionó, apenas dos horas después de que acabara la sesión, la transcripción de las intervenciones ya había sido colgada en internet por los funcionarios del subcomité judicial para el antimonopolio, la política de competencia y derechos de los consumidores del Senado de EEUU.

De su lectura se observa que los políticos de EEUU están preocupados por la deriva de Google. La compañía se ha hecho tan grande que no puede dar un paso sin pisar a alguien.  “Google se ha hecho cada vez más dominante y poderoso y parece que su misión ha cambiado en los últimos cinco años”, dijo en la presentación de la audiencia el presidente del subcomité, el senador demócrata Herb Kohl. El buscador hace tiempo que dejó de ser un simple motor de búsquedas. En su afán declarado por poner toda la información al alcance de los usuarios, ha ido comprando o lanzando servicios que competían con otros ya existentes como Yelp, una especie de páginas amarillas pero con opiniones de los usuarios; Expedia, un buscador vuelos, o Nextag, un comparador de precios. Las tres han conseguido con sus denuncias llevar a Google ante los senadores.

La salida de su tiesto “ha transformado a Google de un simple motor de búsqueda en un gran conglomerado de Internet y estas adquisiciones plantean una cuestión fundamental: ¿es posible para Google ser un motor de búsqueda imparcial y, al mismo tiempo, el dueño de una amplia cartera de productos y servicios web?, se preguntaba Kohl. Más allá del conflicto de intereses, los senadores querían saber si Google alteraba los resultados en el buscador para favorecer sus propios servicios en detrimento de los de la competencia.

Antes de negar las dudas senatoriales, Schmidt leyó una declaración distribuida antes de la audiencia. En ella, y sin mencionarla, recuerda como Microsoft derivó hacia prácticas monopolísticas para mantener su dominio y el Gobierno tuvo que intervenir. El presidente de Google sostuvo que ni los tiempos de ahora son los mismos ni su empresa es aquella. Según él, Google se desenvuelve en un escenario de agresiva competencia en el que los usuarios “están a un golpe de clic” de otro buscador. También recordó que Google generó, sólo en el año pasado, actividad económica para otras empresas por valor de 64.000 millones de dólares.

Pero fue en el turno de preguntas y respuestas donde Schmidt tuvo que fajarse. Cuando el senador republicano Michael Lee le preguntó directamente si Google cocinaba sus resultados, el replicó: “Senador, le puedo asegurar, que no hemos cocinado nada”. Pero fue el demócrata Al Franquen el que destacó el verdadero problema: “Soy ciertamente escéptico respecto de las grandes compañías que controlan a la vez tanto la información como los canales de distribución para esa información”.

Lo peligroso para la libertad de elección de los usuarios no es que Google, por su buen hacer, controle, según ComScore, el 64,8% del mercado de las búsquedas en EEUU (en Europa la cifra sube a más del 90%). Tampoco lo es que se lleve las tres cuartas partes del negocio de la publicidad en los buscadores. Ni siquiera que domine el 95% de las búsquedas en el pujante sector de los móviles. El problema es que Google es juez y parte y pide que se confíe en su bondad.

Para los que intervinieron después del presidente de Google, el buscador es una sombra de lo que fue. “Google ha sido un socio principal y excepcional compañero durante muchos años, pero estoy aquí para decir lo que debo decir sobre el Google de hoy”, aseguró Jeff Katz, presidente de Nextag, una compañía desconocida en España pero que usan 30 millones de estadounidenses para encontrar la mejor oferta. “Sin embargo, Google abandonó aquellos principios básicos cuando comenzaron a interferir con el crecimiento de los beneficios. En la actualidad, Google no juega limpio. Google amaña sus resultados, sesgando a favor de Google Shopping y contra los competidores como nosotros”, añadió.

Este subcomité no tiene capacidad decisoria pero al menos ha permitido llamar la atención sobre el poder de Google. Deberán ser el Departamento de Justicia y la Comisión Federal de Comercio de EEUU (ambas tienen abiertas investigaciones al buscador) y la Comisión Europea (que abrió la suya en noviembre pasado) los que decidan si Google está abusando de su posición ganada por el favor de los usuarios para mantenerla aún a pesar de ellos.

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