ION ANTOLÍN LLORENTE | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 18:31

Un grupo de aficionados sostiene una pancarta alusiva a la situación económica del club, durante el último partido disputado en la Nueva Balastera. / clubdefutbolpalencia.es

Me van a permitir que hoy hable de fútbol, y que lo haga haciendo patria en la causa del club de mi tierra, el C.F Palencia. Que los clubes con pocos recursos pasen apuros no es noticia, y cuando lo ha sido simplemente fue posible gracias a acciones espectaculares o estrámboticas de los afectados. Jugadores asolados por impagos, o unas aficiones tan cansadas como comprometidas con sus colores. Yo nunca he sido forofo, salvo en la visita que mi Palencia hizo a Mieres hace unos años para pelear por un ascenso que finalmente no logramos. En eso tenemos una especie de vinculo espiritual con el Atlético de Madrid. Para ser del Palencia hay que estar hecho de una pasta especial. Quién resistiría, sin verdadera pasión, años y años en la tercera división, viendo como el equipo de una capital de provincia que supera los 80.000 habitantes se enfrentaba, con todos los respetos, a los conjuntos de municipios que daban cobijo a poco más de 1.000 almas. Y perdiendo en muchas ocasiones, lo que le da a la escena un tinte dramático difícil de encontrar, si se añade que esto ocurría en un antiguo estadio vetusto y romántico, donde la temperatura se empeñaba en no pasar de los cero grados y la niebla tapaba con caridad partidos desastrosos. Pues en esas circunstancias encontrabas a un par de centenaras de valientes, que tapados con una manta, guantes, gorro y unas pipas que costaba llevarse a la boca, rezábamos lo que sabíamos para que llegase el descanso y el momento del carajillo. No se corte con las gotitas para el corazón, maestro, que ahí fuera está cayendo una glaciación. Cualquier otro pensaría que uno recuerda esto con escalofríos, y es cierto. Pero no es una sensación mala. Es la añoranza de una época pasada, pero que nos podíamos permitir gracias a que nuestro Palencia mantenía su bandera paseándola por campos muy inferiores a su categoría.

Hoy, con un nuevo estadio que es el orgullo de la época del hormigón que pasó nuestro país, las cosas quizás sean menos románticas, pero el Palencia sigue dando buenos y malos ratos. Quizás deba ser así para mantener la filosofía, aunque todos tenemos en la retina esa foto que vemos en algunos bares de la capital, de un equipo de los ochenta que a punto estuvo de subir a primera división. No siempre fue así, y en esa esperanza hemos pasado frío y celebrado los ascensos a Segunda B como si de mundiales se tratase. Todo eso puede parar el próximo 18 de diciembre, cuando los jugadores del Palencia, que llevan sin cobrar muchas mensualidades y no pueden aguantar más, han advertido que jugarán su último partido si la situación no se remedia.

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El requiem se oye a lo lejos, y no es la primera vez. Pero en esta ocasión la música aumenta su presencia peligrosamente. En un intento por cambiar la tendencia que lleva a la desaparición, los gestores del club han iniciado una ronda de contactos para que importantes estrellas del panorama futbolístico nacional aporten algunos objetos personales para que puedan ser subastados en una cena que sirva para recaudar fondos y poder pagar a los profesionales que cada domingo se dejan la piel en el campo. Es una inicitiva destinada a pelear contra el tiempo, en la esperanza de que tras las fiestas navideñas las administraciones públicas y otras entidades vuelvan a confiar en el club y aporten fondos para mantenerlo en los campos de fútbol. De momento, a esa subasta también puede accederse a través de Internet. Las últimas tecnologías al servicio de una historia que desde el blanco y negro al color, desde la radio hasta la red de redes, ha sido y es la pasión de miles de palentinos. Una camiseta firmada por Messi (estoy pujando, y la quiero), otra de Falcao, unas botas de Pep Guardiola y algún objeto que envíe Cristiano Ronaldo, entre otros, están entre los subastados.

Siempre he sido un firme defensor del deporte base, pero también he defendido la inversión publicitaria de una ciudad, una provincia, en un equipo puntero del deporte más seguido del mundo. Pocos desembolsos, por cuantiosos que parezcan para las arcas públicas, redundan en mayor beneficio para la tierra en forma de reconocimiento de la marca Palencia a través de un equipo de fútbol que compita en cualquiera de las dos primeras categorías. Por no hablar del desplazamiento cada domingo de miles de aficionados del rival, que mientras aprovechan para hacer turismo gastan unos importantes euros tan necesarios para la economía local. La desaparición del C.F Palencia no es sólo una tragedia deportiva. Alguien debería comenzar a preguntarse por qué muchas provincias no terminan de despegar y siguen siendo las eternas (nosotros decimos “bella”) desconocidas. Para poder atajar los problemas hacen falta dos cosas: primero un buen diagnóstico y, en segundo lugar, asumirlo y comenzar a ponerle remedio. Si se deja caer al Palencia, sólo será un escalón más de un peligroso descenso que se ve en la industria, las comunicaciones, el desempleo… Las estrellas del fútbol nacional ya han puesto de su parte. Ahora nos toca a nosotros.

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