Los discursos de Hitler eran una ventana a su mente paranoica

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El informe descubierto formaba parte del trabajo de la División de Guerra Psicológica del Gobierno británico. Dominic Abrams / Churchill Archives, Cambridge

Hoy se considera establecido que Adolf Hitler tenía una mente enferma. Pero ¿lo tenían tan claro en su tiempo? Un documento descubierto ahora parece indicar que, al menos los expertos, sí. Un informe escondido entre la documentación de un antiguo experto en guerra psicológica revela como los británicos usaban los discursos del líder nazi para intentar averiguar lo que pasaba por su mente. Este informe en concreto, recoge como la paranoia fue creciendo dentro del cerebro del caudillo nazi: a los primeros reveses en el frente militar, Hitler respondió contra el supuesto enemigo interior, los judíos.

El informe sobre el estado mental de Hitler ha aparecido entre la documentación del responsable de la Unidad de Análisis de Propaganda Exterior y la División de Guerra Psicológica de la BBC durante la II Guerra Mundial, Mark Abrams, que se convertiría con el tiempo en uno de los principales expertos de estudios de mercado y opinión pública en las décadas siguientes. En el informe también trabajó el académico de la universidad de Cambridge J. T. MacCurdy.

La inteligencia británica usaba todo lo que tenía a su alcance para saber más de Hitler y sus planes. Abrams creía que los discursos atronadores del líder alemán, capaces de infundir emoción a los suyos y miedo a los enemigos, eran una ventana a su mente. Hoy se sabe que el jerarca nazi participaba muy activamente en su elaboración. El experto británico sostenía que bajo las palabras subyacía una información latente que tenía que ser aprovechada.

Sobre esa premisa, elaboraron un informe marcado como secreto sobre uno de los principales discursos de Hitler en la radio alemana pronunciado el 26 de abril 1942. El análisis destaca que algo está cambiando en la forma de pensar del Führer. La experiencia acumulada de anteriores discursos dibujaba a un hombre dominado por varios comportamientos y estados mentales enfermizos. Para MacCurdy uno era el del chamanismo, término tomado de la antropología, y por el que Hitler parecía alimentarse de la descarga emocional de las concentraciones de masas como las de Nüremberg.

Sin embargo, esa tendencia estaba cediendo su protagonismo a lo que MacCurdy llama epilepsia, que refiere tanto a la vena fría y cruel de Hitler como a sus repentinas caídas en el desánimo. La causa del desvanecimiento de la primera tendencia y el aumento de la segunda podría, según el informe, estar bien lejos de la cabeza de Hitler: En la Unión Soviética, la Operación Barbarroja, con la que Alemania quería destrozar el fantasma del comunismo soviético, se había estancado y los rusos empezaban a contraatacar.

Son los primeros reveses militares los que acentuarían un tercer rasgo mental de Hitler. Su paranoia estalla en esa primavera de 1942. El caudillo nazi estaba imbuido de un carácter mesiánico, se creía el elegido para llevar a su pueblo a una nueva tierra prometida. Y en ese esquema mental, el mal lo representaban los judíos. En el informe recogen como el discurso no se limita ya a señalar a los judíos como los enemigos de Alemania, ahora son una "diabólica agencia mundial" y todos estamos en peligro.

Para el historiador Scott Anthony, descubridor del informe, "este documento muestra que la inteligencia británica detectó lo que estaba pasando". Y añade: "MacCurdy supo ver que, ante el fracaso externo, el líder nazi se centraba en un supuesto enemigo interior, es decir, los judíos. Teniendo en cuenta que ahora sabemos que la Solución Final estaba poniéndose en marcha, se trata de una lectura estremecedora". En efecto, solo unos meses antes, en enero, tuvo lugar la Conferencia de Wannsee, donde los jerarcas nazis pusieron en marcha el Holocausto.

1 Comment
  1. Y más says

    Joder con los bipolares.

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