ION ANTOLÍN LLORENTE | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 18:31

El seleccionador español Vicente del Bosque. / Juan Carlos Cárdenas (Efe)

Hemos pasado de pobres a ricos, es evidente que ciñéndonos sólo a lo que atañe al deporte rey, demasiado rápido. Ya lo dijo el verdadero sabio, Vicente del Bosque, en una rueda de prensa tan poco amable como amarga para el seleccionador. Los comentaristas deportivos aplauden con furor a los miles de aficionados españoles que se han desplazado hasta Polonia para dar su apoyo a la Roja, y muchos de ellos justifican este desplazamiento masivo en los éxitos deportivos pretéritos. Parece que la estrella en la camiseta ha logrado el movimiento de masas para gritar a favor de los nuestros. Nada más lejos de la realidad.

Este que firma estuvo en los campos de Portugal durante su Eurocopa (2004), en los del Mundial de Alemania (2006), y en Austria (2008), cuando todavía éramos una selección huérfana de títulos en color y la única estrella que llevábamos junto a la camiseta era la cerveza de Galicia. Aquellos días, miles y miles de compatriotas, y me atrevo a decir que incluso más numerosos que en la actualidad, poblaban las calles de esos países y sus estadios con una fe ciega en unos jugadores que no habían ganado nada como combinado nacional, si descartamos los Juegos Olímpicos de Barcelona, considerados en el fútbol un asunto menor. Nadie precisaba de títulos a sus espaldas para dejarse la garganta y los ahorros durante diez o quince días fuera de nuestro país. Mirábamos con envidia a los franceses, cuando antes de jugar el partido en Hannover, nuestra tumba en aquel mundial alemán, se señalaban al corazón para mostrarnos su estrella ganada en un campeonato celebrado en su propia casa. Para mí, siempre será media estrella, aunque eso no lo pongan en los guiñoles gabachos.

Así que no. No acude la gente a Polonia animada por la Eurocopa y el Mundial que conquistamos. Todos recuerdan que pasamos malos momentos en Sudáfrica, con Suiza y Paraguay, por ejemplo, y no todo fue un camino de rosas regado con el tiki-taka. Pero ahora, borrachos de triunfo y sobrados de prepotencia, muchos creen que debemos pasar por encima a selecciones con un historial que ya nos gustaría poseer. O que rivales que han logrado su clasificación para este torneo son un trámite a solventar con no menos de tres goles. ¿Hemos perdido realmente la perspectiva? Ya no recordamos nuestra maldición de cuartos, que para otras muchas selecciones es la maldición de octavos, de la fase previa, de no clasificarse nunca… La exigencia ciega ha mandado a paseo cualquier objetividad informativa, y somos tan egocéntricos que nos pasamos los días hablando del empate con Croacia sin preocuparnos de a qué jugaban y como lo hacían. Del Bosque no. Sabía que el partido tenía trampa y no se cansó de repetirlo. Aquí ya teníamos claro que ganaríamos de corrido, como debe ser, y la única duda era si empatando a dos goles podíamos echar a Italia. Terminado el festival onírico con las paradas de Iker Casillas, nos dimos cuenta de que delante teníamos a once tíos grandes y bien plantados en el terreno de juego, que iban a vender caro su pellejo y además pretendían cobrarse el nuestro. Como todo despertar repentino, la mayoría volvió a la realidad de mala baba, y buscó rápidamente culpables. Una solución rápida, y sobre todo poco autocrítica.

Quizás España deba perder esta Eurocopa, y hacerlo de forma contundente, para que volvamos a aprender de humildad. Para saber perder como lo hacíamos antes, porque es en ese instante cuando las victorias saben a gloria. Así nuestros jugadores se abrazarán en el campo cuando pasan a cuartos de final, y no pensarán que todavía les queda mucho para lograr la aprobación de quienes aspiran a crear la opinión pública. En este caso, más opinión publicada que pública. Desde la humildad conquistamos todo. Subidos en nuestra particular atalaya de superioridad, perdemos nuestra esencia,  y no me refiero al juego de toque. Ahora nos espera Francia, seguro que para los ilustres otro rival de poca entidad, al que la objetividad futbolística nos obliga a humillar en el campo. Si miramos el historial de enfrentamientos, lo lógico sería lo contrario, pero, qué leches, ahora la historia somos nosotros.

Artículos Relacionados

  • Pingback: Bitacoras.com()

  • autrueba

    hay que tener memoria en labalastera tanbien jugaba el catilla su presidente era el sr gutierrez y un socio de referncia el cantabro el montaña

- Publicidad -
icono cuartopoder  Lo más reciente
 
- Publicidad -
- Publicidad -

- Publicidad -
Volver Arriba

Send this to a friend