ION ANTOLÍN LLORENTE | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 18:31

La periodista Sara Carbonero, durante el partido Portugal-España, en Donetsk (Ucrania). / Yuri Kochetkov (Efe)

Si vivimos en un país cainita por naturaleza, la profesión periodística en sin duda una de las que hace gala de esta condición con más naturalidad y constancia. El fútbol puede poner a casi veinte millones de personas delante de un televisor, pero el deporte nacional es la envidia. Es una lástima que no sea olímpico, porque nos aseguraríamos para la eternidad las medallas que se repartiesen. La última demostración de esto es el linchamiento público al que se somete a diario a Sara Carbonero, periodista y miembro de la redacción de deportes de Telecinco-Mediaset.

Las opiniones sobre la aptitud profesional de alguien para un determinado puesto de trabajo no dejan de ser eso, opiniones, que como mínimo entran dentro de lo subjetivo. En todo caso, hechas las consideraciones que uno crea oportunas desde el respeto, y si se es compañero de profesión todavía más, cualquiera está en su derecho de reflejar en Twitter, su artículo o tertulia lo que le venga en gana. Sara Carbonero ha dado algunos motivos para que se puedan producir comentarios sobre su trabajo, pero no han sido menos que los que se pueden encontrar a diario en esas mismas retransmisiones deportivas en las que ella colabora, la alta política, otros ámbitos del periodismo de tertulia… Entonces ¿Por qué se abre de nuevo un debate nacional sobre esta mujer? Su último delito, al calor de la victoria de la selección española sobre la de Portugal, fue no recordar que Andrés Iniesta había tirado un penalti en la tanda que nos llevó a la final de la Eurocopa  ¿Tremendo fallo? Pues sí. Es una metedura de pata bastante evidente, aunque tras la parada de Iker Casillas, el penalti a lo Panenka de Sergio Ramos, el fallo de Portugal y el último y agónico gol de Cesc Fábregas, pocos se acordasen de que Iniesta también había metido el suyo. En fin, cosas que pasan, pero no desapercibidas.

Existe una especie de mal rollo con Sara Carbonero. Con los insultos a la inteligencia que vemos cada día en televisión, parece ser que muchos han decidido que para mejorar la caja tonta lo único que podemos hacer es eliminar por la vía de la inquisición a esta chica, y que se dedique a otra cosa porque así lo ha decidido el aquelarre en el que se convierte Twitter en algunas ocasiones. Como desde hace tiempo es esta red social la que configura las portadas de muchos medios de comunicación, la polémica se convierte en cuestión de estado en pocas horas. Pero hay una actitud bastante cobarde en muchos de los que arremeten contra Carbonero por su supuesta falta de valía para el puesto. Es el alma cainita, que nos lleva a zurrar al compañero mientras guardamos la ropa laboral, o aspiramos al puesto que deje vacante la señalada. No escucho a nadie hablar de los responsables de su contratación, por ejemplo, y es que ahí ya entra el instinto de supervivencia, que prevalece sobre el hábito patrio del despelleje.

Creo que en todo esto hay un componente machista que me resulta tan asqueroso como evidente. En segundo lugar, el debate sobre si sólo las guapas salen en televisión se ha convertido en que toda aquella mujer con un físico atractivo que aparece en pantalla no tiene derecho a ello, y si lo hace es por motivos oscuros tras su ascenso. Y además debe ser tonta. Por guapa, o por rubia. Desde el gremio de los periodistas muchos abren fuego, sin que ningún colectivo profesional ampare a la reportera, parapetados tras la corriente que nace en Twitter y presupone que la opinión pública también está a favor del linchamiento.

Cualquier profesional merece respeto, incluso en el fallo. Se ha traspasado una línea que hoy muchos jalean, y mañana pueden estar sufriendo. El trending topic no puede ser una excusa para la mofa descarnada, fría y distante a través del smartphone, sumándose a la lluvia de palos que recibe una persona que sufrirá lo indecible al sentirse objeto, no ya de la crítica, sino de la hoguera. He sentido vergüenza ajena de muchas de las cosas que he leído, pero no me pasó cuando ella cometió el error, del que salió con bastante soltura. Ayer alguien hablaba de los miles de periodistas que están en paro, y que podrían ocupar el puesto de Sara Carbonero. Si alguien quiere hacer una reflexión conmigo, quizás podamos ver en la actitud de muchos el motivo por el que los periodistas son uno de los colectivos de trabajadores que más despidos ha sufrido durante los últimos años. Si cuando un compañero recibe este linchamiento lo que hacen algunos es sumarse a la masa y encender su propia antorcha, no es de extrañar el estado del periodismo en nuestro país.

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