La ciencia olvida a la mayor parte de las enfermedades tropicales

En el mapa se ve la clara concentración de estas enfermedades en las zonas intertropicales. / unitingtocombatntds.org

Helmintiasis transmitida por el suelo, oncocercosis, esquistosomiasis, filariasis linfática… Si no es médico es poco probable que conozca alguna de estas enfermedades. Y sin embargo no son tan extrañas como las propiamente llamadas enfermedades raras. Si éstas son denominadas así debido a su baja incidencia. Aquellas y otra decena más afectan a entre 1.000 y 2.000 millones de personas en el mundo. Son las Enfermedades Tropicales Desantendidas (ETD). Lo de desatendidas es una traducción políticamente correcta de la palabra inglesa neglected, que también significa abandonadas. La primera en abandonar a esos millones de personas a su suerte es la ciencia occidental.

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Un informe publicado por Thomson Reuters desvela el estado actual de la investigación básica sobre las ETD. Su serie de Informes de Investigación Global, de la que ya hemos hablado aquí para destacar la emergencia de China como potencia investigadora, usa una enorme base de datos con más de un millón de artículos e investigaciones publicados en 11.500 revistas científicas para descubrir tendencias en la ciencia.

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En este último informe sobre las ETD se puede ver que desde 1992 se han publicado 73.212 investigaciones sobre al menos una de las enfermedades tropicales que la OMS considera desatendidas. Para hacerse una idea, esa cifra no alcanza a las más de 85.000 que se centran en el cáncer cada año. En 2011, por ejemplo, se publicaron unos 6.000 papers sobre alguna ETD frente a los 15.000 relacionados sólo con las enfermedades coronarias. Otro dato: el VIH afecta a unos 40 millones de personas en el mundo y cada año se publican 16.000 trabajos sobre él. Con una cifra de afectados similar, apenas 1.100 estudios se dedican a la oncocercosis o ceguera de los ríos. En conjunto, la ciencia básica dedicada a investigar sobre estas afecciones típicas de las zonas tropicales no llega al 0,5% de la investigación científica mundial.

Se podría alegar que el medio millón de muertes provocadas por las ETD cada año es muy inferior a los más de siete millones que provoca el cáncer. Pero, teniendo en cuenta el llamado índice DALY (del inglés Disability Adjusted Life Years) que, para la OMS, mide los años de vida saludables perdidos por muerte prematura o discapacidad y que combina morbidez y mortandad, las ETD son tan catastróficas como el trío VIH, malaria y tuberculosis. Su impacto tanto en niños como en adultos es una de las causas y a la vez consecuencias de la pobreza extrema de las zonas tropicales. A las adutlos los incapacita para trabajar de forma continuada, a los niños les hipoteca su futuro castigando tanto su desarrollo físico como mental.

Thomson Reuters no lo dice en su informe, pero una de las posibles razones del olvido de esta enfermedades es que son de pobres, se dan muy lejos de las fronteras del mundo desarrollado. Aunque también el cáncer y el SIDA castigan con fuerza en los países tropicales, de hecho el 70% de los casos de cáncer se producen en el Tercer Mundo, todavía hay un tercio de afectados entre los ricos y esto las hace más interesantes para los científicos, laboratorios y farmacéuticas del Primer Mundo. Pero este argumento se ve debilitado por el hecho de que otras enfermedades tropicales como la malaria o el cólera sí tienen la atención de la ciencia occidental.

Sin embargo, el estudio de Thomson Reuters muestra que el interés por las ETD se ha doblado desde 1992. Aunque buena parte de esa mejora se debe a un cambio en la catalogación de estas enfermedades, el dato es positivo. Pero, un análisis geográfico de las investigaciones descubre que buena parte del aumento del interés de la ciencia por estas afecciones de los países pobres no se debe a un aumento de la conciencia en los países ricos sino al despertar de los pobres.

Estados Unidos es la primera potencia científica, al menos por número de investigaciones publicadas en revistas especializadas. triplicando como mínimo la producción científica de sus más inmediatos perseguidores, como el Reino Unido, Alemania o Francia. Pero, en lo que a ETD se refiere, los estadounidenses siguen siendo los primeros pero Brasil se ha encaramado a la segunda posición e India aparece en cuarto lugar, dejando a los británicos en medio pero superando a franceses y alemanes.

La relevancia de la investigación británica puede deberse, dicen los autores del informe, al pasado imperial del Reino Unido y sus lazos históricos con muchos de los países más afectados por las ETD. Pero el caso de Brasil, India (también China, Irán, Argentina o México han crecido de forma espectacular su producción científica en este campo) puede interpretarse como un intento por llenar un vacío que la ciencia occidental no ha sabido o querido llenar.

La emergencia relativa de países como Brasil o India parece seguir la norma no escrita de investigar primero para los nuestros. La enfermedad de Chagas o la leishmaniasis están asolando las zonas urbanas de aluvión de ambos países. Pero Brasil e India no explican por sí solos el aumento de la investigación en las las ETD. El informe menciona los esfuerzos de la ONU o grandes fundaciones como la de Bill Gates para explicarlo. El 30 de enero de este año se proclamó la Declaración de Londres sobre las Enfermedades Tropicales Desatendidas. En aquel acto estuvieron los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido, los Emiratos Árabes Unidos, el Banco Mundial, la Fundación Bill y Melinda Gates y 13 de las principales industrias farmacéuticas. Su objetivo declarado es ambicioso: acabar con el olvido de las ETD y con la mayoría de ellas para 2020.

Pero hay una explicación alternativa al renovado interés por las ETD. La globalización, los fenómenos migratorios y, en especial, el cambio climático está redifiniendo las fronteras de acción de las ETD. Aunque 99% de los casos se dan hoy en los países tropicales y más pobres, el calentamiento global amenaza con llevarlas cada vez más al norte. Un estudio de la Universidad de Texas publicado la semana pasada muestra un modelo sobre la expansión del dengue (México es ahora su frontera norte) relacionando el aumento de las temperaturas con la expansión del mosquito vector de la enfermedad. De seguir la tendencia actual, podrían producirse epidemias de dengue en las ciudades del sur de Estados Unidos en primavera y otoño. Pero llegaría tan al norte como Chicago en los meses de verano.