ION ANTOLÍN LLORENTE | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 18:31

El alien Space Jockey, de la primera entrega de Alien. / prometeuspelicula.es

Prometeo robó el fuego de los dioses para regalárselo a la humanidad, de la que se sentía protector. Con esa acción se ganó  la ira de Zeus, y jugar a ser deidad no quedó impune. Ridley Scott prendió la mecha de la nueva ciencia ficción en el cine con una sola película: Alien. Una cinta de terror claustrofóbico en la inmensidad del universo que encumbró a Sigourney Weaver y cambió la forma de afrontar este tipo de historias. Con el paso de los años Alien y su octavo pasajero han entrado en la leyenda, y el último trabajo de Scott, Prometheus, aprovecha ese tirón para presentarse ante el público como una precuela de esos sucesos, ocurridos a bordo del cargero espacial Nostromo después de que la computadora central desviase su ruta para atender a una señal de radio desconocida, tal y como marcaba el protocolo fijado.

El hilo conductor que une las dos películas, separadas por más de treinta años, es el gigantesco extraterrestre que los tripulantes de la Nostromo encuentran al abordar una nave alienígena siniestrada en una hinóspita luna perdida en el espacio. Bautizado por los seguidores de la saga como Space Jockey, el alien sentado en una especie de cañón fue una incognita que quedó sin respuesta, y que el director utiliza para marcar un tímido nexo de unión entre las dos cintas. Tímido, porque Prometheus es mucho más que una primera parte. Scott ha conseguido crear un nuevo universo, alejado de Alien, en el que esta película supone sólo un comienzo. Porque las respuestas que los protagonistas se lanzan a buscar a muchos años luz de la Tierra sólo les conducen a nuevos laberintos y preguntas, con sorprendentes soluciones a cuestiones menos vitales. Los habituales ¿Quiénes somos? o ¿de dónde venimos? Son la inquietud de un grupo de jóvenes científicos que sustituyen a los rudos mecánicos y técnicos de la Nostromo.

Charlize Theron, en una escena de Prometheus, interpretando a Mederith Vickers. / prometeuspelicula.es

Tras una primera secuencia sobre la creación de la vida, en la que Scott parece querer dejar su tesis para la posteridad y así unirla a la de otros grandes del género, la motivación de los científicos para iniciar el viaje es bastante básica. Ocurre en otros momentos de la película. Quizás recursos demasiado sencillos y mil veces vistos en el cine para un proyecto tan ambicioso. Si han visto Alien vs Predator, se darán cuenta de las similitudes en ese inicio de la película. Defrauda, porque parece que estemos ante un nueva entrega que reproduce lugares comunes. Se compensan con la fuerza de los personajes femeninos, ya que tanto la ganadora del Óscar Charlize Theron (The Italian Job, Monster…), como Noomi Rapace (Los hombres que no amaban a las mujeres), realizan a la perfección su papel de misteriosa controladora de la misión y creyente arqueóloga que se erige en protagonista, respectivamente. Incluso esos coqueteos con la maternidad que vimos en Alien también tienen sitio en Prometheus. Pero si perdonamos esos pequeños recursos simples para entrelazar la historia, y algunas tramas que aportan bien poco al contexto general, Prometheus abre un camino tan enorme hacia la respuesta a esas preguntas que la sensación al salir del cine es la de haber visto un piloto. Sí. Porque este trabajo no es una sinfonía inacabada. Son los primeros acordes de algo tan grande que si el director es capaz de trabajar aislado de la grandilocuencia de los efectos especiales que derrocha y de las cuestiones accesorias, centrándose en lo capital, podemos estar ante una saga casi tan importante como la propia Alien. La insolencia de Prometeo se palpa tras toda la narrativa de Scott, empeñado en ofrecernos una pregunta mayor tras cada respiro con una cuestión de poca importancia. Desvelado el secreto de Space Jockey, esa concesión para los millones de fans es la puerta de entrada a un nuevo mundo, un viaje de momento sin destino hacia las verdaderas preguntas.

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Los que vayan al cine a respirar algo de la cargada atmosfera de Alien saldrán defraudados. Prometheus es otra cosa. Tras las dos horas de película, sólo se trata de un comienzo del estado de gestación. Lo que crece en la mente del director es algo mucho más profundo, cuya resolución aboca al profesional a uno de esos retos en los que solo el paso de los años dirá si estamos ante otra obra maestra o un nuevo intento en vano por descubrir qué se puede hacer con el fuego de los dioses. ¿Por qué nos odian? Quédense con esta pregunta, una más, y la más importante por no ser recurrente como las existenciales. El viaje hacia las preguntas de Ridley Scott acaba de comenzar, y la primera entrega ya nos avisa: Puede que no nos gusten las respuestas…

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  • enante

    La verdad es que yo me quedo con la parte negativa del artículo (“recursos demasiado sencillos y mil veces vistos en el cine para un proyecto tan ambicioso”). Me aburrió la película y a punto estuve de irme antes del final. Ahora bien, ya se sabe que esto del cine es muy personal.

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