Los productos orgánicos ni son más sanos ni tan ecológicos

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En la última década las hectáreas dedicadas a la agricultura ecológica se han casi cuatriplicado. Europa, con España a la cabeza, y Oceanía superan los 10 millones de hectáreas. / FiBL, IFOAM, organic-world.net

No son buenos días  para los que defienden los alimentos ecológicos. En apenas 24 horas se han publicado dos amplias revisiones de lo que sabe la ciencia hasta el momento sobre los productos orgánicos y sus conclusiones no son positivas. Mientras un estudio niega que sean más saludables que los obtenidos usando fertilizantes o plaguicidas químicos, el otro mantiene que las granjas orgánicas pueden llegar a ser aún más perjudiciales para el medio ambiente.

Investigadores de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) han revisado los resultados y conclusiones de 237 investigaciones sobre los productos también denominados biológicos. 17 de ellos habían estudiado a poblaciones con dieta orgánica o convencional, pero la mayoría de las investigaciones comparaban los niveles de nutrientes o la presencia de bacterias, hongos y pesticidas en varios productos (frutas, hortalizas, carnes, leche, pollo o huevos) cultivados de forma ecológica y convencional.

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“No hay mucha diferencia entre los alimentos orgánicos y los convencionales, si eres un adulto y basas tu decisión sólo pensando en tu salud", escribe en una nota Dena Bravata, coautora del estudio, publicado en la presente edición de Annals of Internal Medicine. Así, no han encontrado que las hortalizas y frutas ecológicas tengan una mayor proporción de vitaminas. Tampoco vieron que la leche biológica contuviera más proteínas o ácidos grasos. Algunos estudios sí destacan que las verduras cultivadas sin química tienen mayores niveles de fósforo. Pero, como aclaran los investigadores, son pocas las personas que presentan deficiencias de este nutriente.

En cuanto a la contaminación por plaguicidas, aunque los investigadores han estimado que la producción ecológica de frutas y verduras tiene un 30% menos de posibilidades de verse contaminada por pesticidas, no "están 100% libres" de ellos. Y, en todo caso, los niveles hallados en todos los productos, tanto convencionales como biológicos están dentro de los límites permitidos. Sin embargo, dos estudios con niños alimentados con dieta orgánica o convencional mostraron que los segundos tenían rastro de plaguicidas en su orina aunque por debajo del umbral de seguridad alimentaria.

“Algunos creen que los alimentos orgánicos son siempre más saludables y nutritivos", escribe la profesora de la Escuela de Medicina de Stanford y coautora del estudio, Crystal Smith-Spangler. “Estamos un poco sorprendidos de que no sea así", añade. Para ella, lo importante es que se coman frutas y verduras, "sin importar como han sido cultivadas".

Pero los investigadores no pretenden desacreditar a la agricultura y ganaderías llamadas ecológicas, sólo ofrecer al consumidor lo que dice la ciencia sobre estas técnicas de producción. Además, como ellos dicen, hay otras razones por las que consumir orgánico además de la salud y mencionan algunas de ellas: el sabor, el bienestar de los animales o su supuesto menor impacto sobre el medio ambiente.

Sin embargo, desde Europa, también han desmontado esa última suposición. El abandono de los fertilizantes químicos, de los plaguicidas o la estabulación de los animales (elementos clave de lo orgánico) no es tan ecológico como podría pensarse. Científicos de la Universidad de Oxford también se han tomado el trabajo de recopilar y analizar hasta 72 estudios comparando granjas y cultivos ecológicos con los convencionales.

Su estudio, que será publicado en la revista especializada Journal of Environmental Management, pone un depende a aquel argumento. "Los resultados muestran que las técnicas de la agricultura orgánica tienen en general impactos positivos en el medio ambiente por unidad de área, pero no necesariamente por unidad de producto", dicen en sus conclusiones. El menor rendimiento de sus cosechas, por ejemplo, obliga a dedicar hasta un 84% más de área de cultivo por lo que por unidad producida su impacto medioambiental es mayor.

Así, las emisiones de amoníaco, óxidos de nitrógeno o la lixiviación (disolución en el agua) del nitrógeno son mayores en la agricultura y ganadería ecológicas que en la convencional. De la misma forma, aunque necesitan menor cantidad de energía, requieren más tierras y tienen un mayor riesgo de acidificación del suelo y eutrofización de las aguas (exceso de nutrientes) por unidad producida. Pero los impactos sobre el medio pueden ser muchos. Así, las instalaciones ecológicas tienen en general más biodiversidad: un aumento del 30% en número de especies y un 50% más en abundancia de especímenes.

Así que no hay una agricultura mejor que otra aunque sí técnicas más adecuadas que otras. El resto, como la irracionalidad económica de pagar más por el mismo producto por llevar la etiqueta de verde, responde más a ideologías y formas de ver el mundo que han sabido ser explotados por una industria, la ecológica, que sólo en Estados Unidos se ha multiplicado por ocho en los últimos 15 años.

En realidad, el auténtico regreso a lo natural, al equilibrio con nuestro medio se resume en la conclusión principal del último de los estudios: "Para reducir el impacto medioambiental de la agricultura en Europa, los esfuerzos de investigación y las políticas deberían centrarse en el desarrollo de sistemas agrícolas que produzcan altos rendimientos con bajos impactos ambientales negativos recurriendo a técnicas de ambos sistemas, el orgánico y el convencional". Tan evidente como difícil de conseguir.

* El autor vive y escribe desde El Ejido (Almería), centro de una de las agriculturas más tecnificadas del mundo. Hace cinco años, se inició un proceso de sustitución de los plaguicidas químicos por agentes naturales (insectos) para combatir las plagas.

3 Comments
  1. Y más says

    En «Inside Job» -ese potente documental de Charles Ferguson- ya se demostró cómo «prestigiosos» catedráticos de importantes universidades americanas se vendieron a suculentos sobornos de los Lehman Brothers y cía. Estos estudios no me convencen de modo que seguiré cometiendo el disparate económico de gastar más dinero en mis verduras; como vegetariano, paso de comer animales, de modo que una preocupación menos. Pregunta paranoica: ¿habrá pagado Monsanto estos estudios? ¿Estará presionando la industria envenenoalimentaria USA para que crezcan como hongos estudios que pongan en duda el cultivo racional y respetuoso de la tierra? ¿Por qué El País se apunta a la campaña de desprestigio de una de nuestras mejores exportaciones, la agroecología? Etc…

  2. Mar Cam San says

    Si estos estudios los ha pagado alguien con con unas intenciones muy interesadas en desprestigiar el buen hacer de muchos agricultores y ganaderos ,,que si son profesionales y saben muy bien el porque de su cambio hacia un sistema de produccion mas respetuoso con el medio ambiente y sobre todo , con ellos mismos,, aconsejo desde mi modesta opinion, que la proxima vez, encarguen algo mas serio y profesional, pues a todas luces se ve que este es muy deficiente…

  3. celine says

    Me encantan las lechugas pero no las puedo comer porque me producen unos gases terribles. Me producían, quiero decir; hasta que empecé a comprarlas eco y a cultivarlas yo misma. Igual me pasa con los garbanzos y las alubias. Algo tendrá que ver el asunto con el método de cultivo de esas cosas, digo yo.

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