La oxitocina aleja a los hombres emparejados de las mujeres atractivas

Portada de el último número de 'The Journal of Neuroscience'.

Desde el punto de vista del macho, mantener relaciones sexuales con cuantas más mejor parece la estrategia evolutiva más eficaz para la perpetuación de sus genes. Sin embargo muchas especies, en particular entre los mamíferos, apuestan por la monogamia. La renuncia a la promiscuidad permitiría asegurar la supervivencia de las crías. Los humanos creemos que son la cultura y la presión social las que incentivan la creación y mantenimiento de una pareja, sancionando la infidelidad. Sin embargo, la base parece más biológica que cultural: el cerebro libera hormonas que, además de dar placer, a los machos los mantiene alejados de las mujeres atractivas.

La oxitocina, vulgarizada a veces como la hormona del amor, es una especie de proteína generada por el hipotálamo, un área cerebral, antes de ser liberada en el torrente sanguíneo. Las primeras fases de un enamoramiento, durante el sexo, tras el embarazo o cuando la madre da el pecho a su hijo son algunos de los momentos en que sus niveles se disparan. Los padres primerizos tienen una sobredosis de oxitocina. Considerada por los científicos como una sustancia que promueve las relaciones sociales, investigadores de universidades alemanas y chinas querían comprobar si esta cadena de aminoácidos disminuía la distancia social entre sujetos de diferente sexo.

“Como la oxitocina es conocida por aumentar la confianza en la gente, esperábamos que los hombres bajo la influencia de la hormona permitieran a una mujer acercarse aún más, pero pasó justo lo contrario”, explica René Hurlemann, del departamento de psiquiatría de la Universidad de Bonn y coautor del trabajo que acaban de publicar en Journal of Neuroscience. Los investigadores comprobaron que aquellos que tenían pareja mantenían una distancia mayor  respecto de la mujer que los solteros y eso que ambos grupos la consideraron atractiva tras el experimento.

Los científicos reunieron a un grupo de casi 90 hombres heterosexuales, tanto solteros como emparejados. A dos tercios de ellos les administraron oxitocina por vía nasal y al resto un placebo. Previamente habían calculado lo que se conoce como distancia social, aquella en la que nos sentimos cómodos y que, superada la raya, empieza a ponernos nerviosos. 45 minutos después de recibir la dosis, tuvieron que realizar una serie de pruebas en las que una mujer se les acercaba, algunas veces mirándoles a los ojos. En otras ocasiones eran ellos los que tenían que aproximarse, deteniéndose donde querían.

Comprobaron que los hombres a los que se les había administrado oxitocina y que tenían pareja se detenían a una mayor distancia que los que no la tenían. El hecho de que la mujer les mirara o que fueran ellos los que se acercasen no varió los resultados. Este aumento de la distancia de seguridad no se observó en el grupo de control. El juego también se hizo con un experimentador masculino, donde esas diferencias no se dieron. Por último, también se les mostraron fotografías de chicas atractivas en un ordenador. Los emparejados hicieron zoom sobre la imagen más lentamente y volvieron a sentirse más incómodos cuando lo hacían.

La oxitocina funcionaría entonces como una hormona de la fidelidad. De hecho, en otro estudio con una especie de topillos (Microtus ochrogaster), conocidos entre los biólogos como uno de los animales más fieles a su pareja, los científicos comprobaron cómo la inhibición de la oxitocina debilitaba sus lazos. Con este trabajo, se mostraría que esta sustancia cumple la misma función en los humanos.

Desde un punto de vista evolutivo, ¿la oxitocina ganaría a la estrategia de la promiscuidad en el macho? “Nuestros datos así lo indican”, dice Dirk Scheele, coautor del estudio. “En estado natural, la oxitocina es liberada después del sexo o el nacimiento de un hijo y parece más adaptativo que en esta situación los hombres eviten a otras mujeres y ayuden a sacar las crías adelante”, añade. Psiquiatras y psicólogos han puesto muchas esperanzas en las posibilidades terapéuticas que la oxitocina artificial pueda ofrecer en el futuro.